domingo, 19 de septiembre de 2021

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:

-- Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.

Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó:

-- De que discutíais por el camino

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quien era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:

-- Quien quiera ser le primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.

Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:

-- El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

HOMILÍA

¿Para qué sirve ser bueno? Esa es la pregunta que un niño le hizo a su padre. ¿Para qué sirve ser bueno? ¿Si cuando soy bueno siempre se aprovechan de mi? ¿Si los niños que son unos abusones siempre se lo pasan mejor que los que somos buenos? ¿Para qué sirve ser bueno?.

El padre cogió un saco de carbón, y salió con su hijo hasta el jardín. Allí estaba tendida una sábana blanca. Entonces el padre le dijo a su hijo: Lanza el carbón contra la sábana. El niño que no sabía por qué debía hacerlo comenzó a lanzar carbón con miedo. Pero luego fue cogiéndole el gustillo y terminó por lanzar el saco entero.

¿Cómo se ha quedado la sábana? Preguntó el padre. Negra, dijo el hijo. Eso es lo que pasa cundo somos malas personas con los demás, les hacemos daño y ellos sufren. Y entonces lo llevó al cuarto de baño, lo `puso ante el espejo y le preguntó: ¿y tu como has quedado?. Imaginaos como estaba el niño, negro y lleno de carbón.

Así es como quedamos nosotros después de portarnos mal con los demás, ellos sufren, pero nosotros también, ya que las malas obras afean nuestro corazón.

Por eso decía Jesús, “el que quiera ser el primero, sea vuestro servidor”, no para fastidiarnos la vida, sino para todo lo contrario, para que seamos felices.

Las personas más felices que yo he conocido, han sido aquellas que estaban por completo al servicio de los demás, porque no tenían nada, solo a Dios, y con eso les bastaba.

Vamos a pedirle al Señor, que siempre seamos los primeros. Eso será señal de que servimos mucho y de que somos muy felices.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 12 de septiembre de 2021

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino preguntó a sus discípulos:

-- ¿Quién dice la gente soy yo?

Ellos le contestaron:

-- Unos, Juan Bautista: otros, Elías, y otros, uno de los profetas.

Él les preguntó:

-- Y vosotros, ¿quién decís que soy?

Pedro le contestó:

-- Tú eres el Mesías.

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirles:

-- El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días.

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se le llevó aparte y se puso a increparle. Jesús se volvió, y de cara a los discípulos increpó a Pedro:

-- ¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

Después llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo:

-- El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará.

HOMILÍA

Un poderoso sultán viajaba por el desierto seguido de una larga comitiva que transportaba su tesoro favorito de oro y piedras preciosas.

A mitad del camino, un camello de la caravana, agotado por el ardiente reverbero de la arena, se desplomó agonizante y no volvió a levantarse.

El cofre que transportaba rodó por la falda de la duna, reventó y derramó todo su contenido de perlas y piedras preciosas entre la arena.

El sultán no quería aflojar la marcha; tampoco tenía otros cofres de repuesto y los camellos iban con más carga de la que podían soportar. Con un gesto, entre molesto y generoso, invitó a sus pajes y escuderos a recoger las piedras preciosas que pudieran y a quedarse con ellas.

Mientras los jóvenes se lanzaban con avaricia sobre el rico botín y escarbaban afanosamente en la arena, el sultán continuó su viaje por el desierto. Se dio cuenta de que alguien seguía caminando detrás de él. Se volvió y vio que era uno de sus pajes que lo seguía, sudoroso y jadeante.

- ¿Y tú – le preguntó el sultán- no te has parado a recoger nada?.

El joven respondió con dignidad y orgullo

- ¡Yo sigo a mi rey!.

Esa debe ser la consigna de cada cristiano. Desde nuestro bautismo, nosotros seguimos a nuestro rey, a nuestro Señor, y para ello debemos cargar con nuestra cruz, que se manifiesta en renunciar a muchas cosas, a cosas que nos gustan y que sobre todo nos apetecen mucho.

Para ser cristianos debemos renunciar a todo aquello que me apetece, para mirar lo que le apetece al que tengo al lado, debemos renunciar en definitiva a nosotros mismos para fijarnos en el otro, en el hermano y en sus necesidades.

Porque nuestra fe, nuestra lealtad a ese rey, no puede ser solo de palabra, ni demostrarlo solo con muchas oraciones y con golpes de pecho, sino que se tiene que hacer vida. Dice Santiago en la segunda lectura, “muéstrame tu fe si obras, que yo por mis obras te mostrare mi fe”.

Nuestra lealtad a Dios, se debe mostrar con las obras, caminando detrás de nuestro rey, y renunciando a nosotros mismos, por aquellos a los que Dios ama y nosotros debemos amar también.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 5 de septiembre de 2021

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron a un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó le lengua: Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:

-- Effetá (esto es, "ábrete").

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia proclaman ellos. Y en el colmo del asombro decían:

-- Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

HOMILÍA

Cierto día, vi un anuncio en televisión en el que se pedía la cooperación y la ayuda de todos para solucionar el problema de la pobreza en el mundo. En el anuncio aparecía una persona pidiendo en la calle. La gente pasaba y la mayoría no le hacía caso, algunos le echaban unas monedas, y de repente aparece una modelo guapísima andando por la calle, se acerca al mendigo y le planta un beso en la boca. Entonces aparece un cartel que dice: “Nosotros no te pedimos tanto, sólo que te preocupes por ellos”.

Cuando el Señor nos pide que abramos nuestros oídos al mal de este mundo, que prestemos atención a las pobrezas y angustias de los que nos rodean, no nos está pidiendo imposibles, no nos pide algo que nosotros no podemos alcanzar, sino simplemente que no pasemos por nuestra vida haciendo como que los demás no nos necesitan.

Effeta, ábrete, es lo que hoy nos pide el Señor. Presta atención, escucha el clamor de los que te rodean. Para oír el sufrimiento de los demás, sólo hacen falta oídos. Para escucharlo, hace falta un corazón presto a abrirse a aquel que lo necesite.

Que nunca nos falte ese corazón, un corazón que Dios quiere poner en cada uno de nosotros para que lo entreguemos a todos nuestros hermanos.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 29 de agosto de 2021

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 7,1-8,14-15.21-23

En aquel tiempo se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos). (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen si lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús:

-- ¿Por qué comen tus discípulos con mano impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?

Él les contestó:

-- Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.

En otra ocasión llamó Jesús a la gente y les dijo:

-- Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.

Palabra del Señor

HOMILÍA

Un hombre llegó a casa del trabajo, tarde, cansado y malhumorado. A la puerta le esperaba su hijo de 5 años. ¿Papá, puedo hacerte una pregunta?

"Claro que sí, hijo. ¿Qué es?"

"Papá, ¿cuánto ganas a la hora?

"¿Y a ti que te importa? ¿Por qué me lo preguntas?", le respondió enfadado.

"Por curiosidad. ¿Por favor cuánto ganas a la hora?"

"Si quieres saberlo, gano 20 euros a la hora."

"Oh", dijo el niño bajando la cabeza.

Y mirando a su padre a los ojos, le dijo: ¿Papá, puedes prestarme 10 euros?

El padre se puso furioso. "Si la única razón para saber lo que gano es para pedirme dinero y comprarte juguetes y chucherías, entonces vete derecho a la cama. Trabajo mucho y no tengo tiempo para semejantes chiquilladas."

El niño se fue a su habitación y cerró la puerta.

El padre irritado se sentó, se calmó y pensó que, tal vez, había sido demasiado duro con su hijo. Y si realmente necesitaba el dinero.

El padre se levantó y fue a ver a su hijo.

"¿Estás dormido?

"No, papá, estoy despierto".

"He tenido un día malo y tú has pagado mi mal humor. Aquí tienes los 10 euros que me has pedido.

El niño se sentó en la cama con una gran sonrisa. "Muchas gracias, papá." Y sacó de debajo de la almohada unas monedas. El padre se enfureció una vez más. "¿Para qué quieres dinero si ya tienes?", le preguntó el padre.

"Porque no tenía bastante, pero ahora ya lo tengo.", respondió el niño.

Papá, ahora tengo 20 euros. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo?

Por desgracia, a todos nosotros nos ocurre lo mismo que al padre del cuento. Pasamos por la vida dando mayor importancia al dinero, al trabajo, a miles de historias y nos olvidamos de lo más importante: vivir y amar a los que nos rodean.

Como cristianos nos ocurre tres cuartas de lo mismo. Vivimos muchas veces para celebrar sacramentos, para pasar mucho tiempo rezando, y se nos olvida, que todo ello nos debe servir sólo para una cosa: amar más a Dios y a los demás.

Cuantos sacramentos desperdiciados, cuantos bautismos que no valen para nada, porque después a ese niño no se le educa para amar a los demás. Cuantas primeras comuniones sin sentido, o cuantas bodas en lo que todo es importante menos Dios.

Que no nos pase a nosotros lo mismo, que vivamos los sacramentos, que los celebremos con ganas, pero sólo para poder así amar un poquito más a Dios y a los hermanos.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA

domingo, 22 de agosto de 2021

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6,60-69)


En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

HOMILÍA

El hombre caminaba paseando por aquellas pequeñas callecitas de la ciudad provinciana. Tenía tiempo y entonces se detenía algunos instantes en cada vidriera, en cada negocio, en cada plaza. Al dar vuelta una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco.

Intrigado se acercó a la vidriera, y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate. En el interior solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: "TIENDA DE LA VERDAD".

El hombre estaba sorprendido. Pensó era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró. Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:

- "Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?"

- "Sí, señor. ¿Qué tipo de verdad anda buscando, verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?"

Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto era posible: llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.

- "Verdad completa", contestó el hombre sin dudarlo. "Estoy tan cansado de mentiras y falsificaciones", pensó,"no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones".

- "¡Verdad plena!", ratificó.

- "Bien, señor, sígame"

La señorita acompañó al cliente a otro sector y, señalando a un vendedor de rostro muy adusto, le dijo:

- "El señor lo va a atender"

El vendedor se acercó y espero que el hombre hablara.

- "Vengo a comprar la verdad completa"

- "¡Ahá!... perdón, ¿el señor sabe el precio?"

- "No, ¿cuál es?", contestó rutinariamente. En realidad , él sabia que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.

- "Si usted se la lleva", dijo el vendedor, "el precio es que nunca más podrá estar en paz"

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.

- "Gra..gracias, disculpe", balbuceó.

Se dio vuelta y salió del negocio mirando el suelo. Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.

- "Quizás más adelante", pensó.

La Palabras del Señor son Espíritu y Vida, como decía San Pedro, pero también es verdad que son palabras que nunca nos dejan en paz, porque el elegir a Cristo como nuestro maestro, no es simplemente decir “soy cristiano”, sino dejarse llenar por esas palabras y darse por completo a aquellos que nos rodean.

Por eso, nosotros cada día debemos volver a repetir aquellas palabras de “¿Señor, a quien vamos a acudir?”, pero sobre todo debemos demostrarlo dejándonos llenar de Dios y llevándolo allí donde el Señor nos mande hacerlo.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 15 de agosto de 2021

SOLEMINIDAD DE LA ASUNCION DE LA VIRGEN

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 39, 56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

--¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

María dijo:

--Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia --como lo había prometido a nuestros padres-- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

HOMILÍA

Dicen que un día San Pedro andaba de mal humor en el Cielo... Se presento ante el Señor Jesús y le dijo: Maestro, sabes que se van a cumplir dos mil años que me hiciste "portero" del Cielo al darme las llaves del Reino... Desde entonces no ha entrado aquí nada que no esté más limpio que el sol... En esto soy puntilloso!... lo sabes...
-Si, Pedro, lo sé y te estoy muy agradecido por tu celo en el cuidado del Reino de los Cielos...
-Pues me temo, dijo Pedro, que algo está pasando... Desde mi observatorio de la portería vigilo y he observado que en las avenidas celestes hay caras desconocidas. .. ? y lo que es peor, poco limpias!. Hasta los vestidos de algunos bienaventurados dejan que desear...
-Bien Pedro... ? y que sugieres?.
-Una investigación de las murallas, porque.... por la portería no han pasado. Tiene que haber "otra puerta" distinta de la mía, Señor.
Y asi fue, aquella tarde a la hora de la siesta, Jesús y Pedro se dieron una vuelta por las murallas de jaspe de la Gloria...
Por fin, Pedro triunfante, grito: Ahí esta, Señor, ya lo sabia... ?mira!!. Señalaba, tras un rosal florecido, un hueco del que pendía un rosario que llegaba hasta la Tierra. Y dijo el Señor: "Déjalo Pedro, esas... son cosas de mi Madre".

Hoy celebramos la fiesta de la Asunción de María, y es que el Señor quiso tener para siempre a María cerca de él para que se quedara como abogada e intercesora nuestra.

María es la que nos anima a vivir como ella vivió, a entregarnos a los demás como ella lo hizo y a ser en medio de nuestro mundo un referente de vida como ella lo fue.

Y como sabe que nos cuesta trabajo, y que nos es difícil hacerlo, ella intercede ante Dios por nosotros para que podamos participar también con ella de su misma gloria.

Vivamos nuestra vida desde la sencillez y la humildad como María lo hizo, para poder un día estar en la casa del Padre junto con ella y sobre todo para hacer ya de este mundo un trocito del cielo que nos aguarda.

FELIZ FIESTA Y QUE SANTA MARÍA BENDIGA VUESTRO DÍA.

domingo, 8 de agosto de 2021

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 41- 51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo", y decían:

-- ¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?, ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo?

Jesús tomó la palabra y les dijo:

-- No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado." Y yo le resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: este ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

HOMILÍA

Del 70 % de españoles que se definen católicos, sólo el 15% dice acudir semanalmente a la Eucaristía. ¿Dónde está el resto? ¿Por qué no acuden a la misa?. La respuesta puede ser muy variada: “son muy flojos y no quieren venir”, “los curas son muy aburridos”, “los horarios de misas coinciden con el futbol”, etc… Miles de razones, aunque yo me quedaría con la que nos da el Señor en el Evangelio de hoy. Me explico.

Un día, hablando con alguien sobre los incendios, me comentaba que un incendio que ocurrió, fue provocado por unos excursionistas, que al sentirse perdidos, decidieron hacer señales de humo para que los encontrasen. Y vaya si los encontraron. Quemaron medio monte, pero las señales las vieron. Y me comentaba, mi amigo, que cuando te pierdes en el monte, antes que hacer ninguna tontería, lo que debes hacer es quedarte quieto allí donde estás, y esperar a que te encuentren, porque si te mueves mucho, al final nadie puede dar contigo.

Pues fijaros, que yo pienso que todos los que no vienen a la Eucaristía, es porque están perdidos, y han decidido quedarse quietos, esperando que alguien los encuentre. Esperando a alguien que les muestre el camino hacia el Pan de la Vida, “Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado” nos dice el Señor. ¿Y sabes a quien le toca ir a buscarlos?, ¿sabes a quien envía el Padre?. Precisamente a los que ya hemos descubierto que al venir a la Eucaristía a encontrarnos con Jesús y a recibir su cuerpo, recibimos también la vida que no se acaba.

Es tarea nuestra traer a aquellos que no le encuentran sentido a la misa, y la única forma de hacerlo es demostrar que a nosotros si nos sirve recibir al mismo Cristo. Que nuestra comunión es algo más que un rito, y que se nos nota en nuestro día a día que nos hemos encontrado con el Pan de la Vida.

No perdamos la oportunidad de encontrar a todos aquellos que andan perdidos y mostrarles lo que Dios hace por nosotros y puede hacer por ellos.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 1 de agosto de 2021

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 24- 35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que no estaban allí ni Jesús ni sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Lo encontraron al otro lado del lago, y le dijeron:

--Maestro, ¿cuándo has venido aquí?

Jesús les contestó:

--Os aseguro que no me buscáis porque habéis visto milagros, sino porque habéis comido pan hasta hartaros. Procuraos no el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna; el que os da el hijo del hombre, a quien Dios Padre acreditó con su sello

Le preguntaron:

--¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?

Jesús les respondió:

--Lo que Dios quiere que hagáis es que creáis en el que él ha enviado.

Le replicaron:

--¿Qué milagros haces tú para que los veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo».

Jesús les dijo:

--Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo; mi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo

Ellos le dijeron:

--Señor, danos siempre de ese pan.

Jesús les dijo:

--Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.

 

HOMILÍA

Continuamente se estaba quejando de que su mujer no le hacía arroz con leche, que le gustaba mucho. Y que cuando lo hacía y él llegaba a casa quedaba siempre muy poco, porque los niños se lo habían comido todo.

Harta de tantas quejas, la mujer decidió un día hacer cinco litros de arroz con leche y dejárselos sólo para él. Cuando él llegó de noche a su casa y vio aquella cantidad de arroz con leche se puso a llorar. ¿Qué te pasa, hombre? ¿No querías arroz con leche? A lo que el hombre respondió: si quería arroz con leche, pero si esto me lo habéis dejado a mí, que no os habréis comido vosotros.

Da lo mismo lo que nos den, nunca es suficiente. El Señor dio de comer a aquella multitud, la gente seguía buscándolo para que le dieran más. Pero cuando el Señor empezó a decir que él era el pan del cielo y que el comer ese pan tenía algunas exigencias, al final se quedó solo.

Cada domingo, nosotros venimos a la iglesia a encontrarnos con ese pan de vida, no porque nos vaya a dar algo, sino porque lo necesitamos para, en nuestra vida, ser capaces de vivir como él vivió. Porque comulgar no es solo una obligación ni una devoción, sino una necesidad para alimentar nuestra vida cristiana.

Que nunca nos falte el hambre de ese pan, que siempre que comulguemos, seamos capaces de ser nosotros alimento para aquellos que nos rodean.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 25 de julio de 2021

SOLEMNIDAD DEL APÓSTOL SANTIAGO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 20, 20- 28

En aquel tiempo se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. El le preguntó:

-- ¿Qué deseas?

Ella contestó:

-- Ordena que estos dos hijos míos se siente en tu reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Pero Jesús replicó:

-- No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que

yo he de beber?

Contestaron:

-- Lo somos.

El les dijo:

-- Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús reuniéndolos les dijo:

-- Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros; el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.

HOMILIA

Tomás, de ochenta años, estaba cavando en el jardín trasero de su casa. Un vecino que le vio cavar, lleno de curiosidad, le preguntó:

-“¿Qué estás haciendo, Tomás?”

- “Voy a plantar cocoteros”, contestó el octogenario.

- “¿Esperas llegar a comer los cocos que den estos árboles?”, dijo con sorna su vecino.

- “Probablemente no, pero toda mi vida he comido cocos de árboles que no había plantado. Y esto hubiera sido imposible si otras personas no hubieran hecho antes lo que yo estoy haciendo ahora. Sólo estoy pagando la deuda que tengo contraída con ellos.”

Dice un refrán español: “es de bien nacidos el ser agradecidos”. Y precisamente creo que esa tiene que ser la intención en esta festividad del apóstol Santiago. Me explico.

Recordamos hoy a Santiago, que según la tradición llegó hasta España a evangelizar, a transmitir el mensaje de Jesucristo, y a partir de su predicación nació la Iglesia que hoy conocemos en nuestro país. Santiago fue el que sembró, pero está claro que otros muchos, durante estos últimos 2000 años, fueron los que cuidaron esa semilla y fueron los que le dieron vida a esta Iglesia que nació del apóstol Santiago.

Seguramente recordareis a muchas personas, gracias a las cuales hoy nosotros nos llamamos cristianos. Gracias a ellas y a su ejemplo, y a su predicación, no solo de palabra, sino enseñándonos con su forma de vivir que se puede ser cristiano en medio de nuestro mundo, hoy nosotros podemos disfrutar de nuestra fe y vivirla con alegría.

Por eso hoy es día de dar las gracias. Gracias a Santiago que inició la aventura de la Iglesia en España. Gracias a todas las personas que no conocemos pero que a lo largo de la historia de nuestro país han transmitido su fe a las generaciones posteriores, y gracias sobre todo a las personas cercanas a nosotros y que nos han enseñado que merece la pena ser cristiano y sobre todo vivirlo.

Pero además de dar las gracias hoy también debemos hacerle una petición al Señor, ya que depende de nosotros que las generaciones que vienen detrás nuestra puedan seguir disfrutando de esta fe que nosotros gozamos. Así pues debemos ser nosotros los nuevos apóstoles que a través de nuestras palabras y nuestras obras abramos los ojos de la fe a los que vienen detrás nuestra. Que nunca  nos cansemos de anunciar el Evangelio, ya que depende de nosotros que otras personas puedan sentirse tan felices y tan dichosas como nosotros por ser cristianos.

FELIZ DÍA DE SANTIAGO. QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 18 de julio de 2021

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 6, 30- 34

En aquel tiempo los Apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que había hecho y enseñado. Él les dijo:

-- Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.

Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

HOMILÍA

Nos encontramos inmersos en el mes de Julio, mes de vacaciones, de buscar momentos de relax, y escapar del ruidoso mundo en el que nos vemos inmersos a lo largo del año. También el Señor, cuando llegaron los discípulos de predicar, los llevó a un sitio tranquilo para descansar.

Pero al parecer, al Señor le pasa lo mismo que a nosotros. Cuando te vas de vacaciones o buscas un tiempo para relajarte, siempre surgen dificultades y complicaciones, que hacen imposible el descanso. Pero él no se quejó, al contrario “se puso a enseñarles con calma”. Y es que él conocía algo que a nosotros se nos escapa.

Cierto día, un rey decidió pedir a dos pintores famosos un cuadro que reflejara la paz perfecta. Durante muchos días los pintores realizaron sus trabajos, hasta que por fin un día le presentaron los dos cuadros al rey.

El primero era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar  un espumoso torrente de agua. Todo esto parecía lo contrario a la paz perfecta.

Después de un tiempo observando los cuadros, el rey se decidió por la segunda. Todo el mundo se escandalizó, y comenzaron a preguntarle al rey cómo pretendiendo reflejar la paz perfecta había escogido la pintura de la tormenta. Entonces el rey les explicó: “fijaos en la cascada que aparece en el torrente. Justamente al pie de esa cascada hay un arbusto que está naciendo, y entre sus ramas hay un nido. Allí, en medio del rugir de la tormenta, plácidamente sentado aparece un pajarito. Ese es el verdadero sentido de la paz perfecta. Porque paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz."

El único que puede darnos a nosotros esa verdadera paz es el Señor. Ese buen Pastor que nos acoge con calma, que nos enseña con tranquilidad, que nos ama a pesar de nuestras traiciones. Sólo si buscamos a ese Dios, como hizo la gente, y nos quedamos con él, podremos encontrar el descanso y la serenidad para que en medio de nuestra propia tormenta encontremos la paz necesaria para hacer nosotros lo mismo con los demás.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 11 de julio de 2021

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 6, 7- 13

En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no, túnica de repuesto. Y añadió:

-- Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

HOMILÍA

Un hombre dormía en su cabaña cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios.

El Señor le dijo que tenía un trabajo para él y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas. El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas...y esta no se movía. Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano.

Como el hombre empezó a sentirse frustrado, Satanás decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a su mente:
-"Has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido". Le dio al hombre la impresión que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar y que él era un fracaso. Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión.
-Satanás le dijo: "¿Por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible? Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente".

El hombre pensó en poner en práctica esto pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos:
-"Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aún así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? ".

El Señor le respondió con compasión:"Querido amigo, cuando te pedí que me sirvieras y tu aceptaste, te dije que tu tarea era empujar contra la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar. Ahora vienes a mi sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste?. Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras.

A pesar de la adversidad has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era creer en mi. Eso lo has conseguido. Ahora, querido amigo, yo moveré la roca".

La misma tarea que Jesús encomendó a sus apóstoles, es la que hoy nos encomienda a cada uno de nosotros, los cristianos. Nos envía a predicar, a dar a conocer su mensaje y su vida. Y nos envía como a aquellos discípulos, sin nada más que nuestra fe en él. Para predicar sólo nos hace falta confiar en que él será el que mueva las rocas que nosotros empujamos, o los corazones a los que nosotros llegamos de manera imperfecta.

El predicar no es para nosotros, o no debería de ser, una carga, sino algo que nos libera y sobre todo que nos llena de felicidad, porque si somos capaces de predicar con nuestra vida, es que somos capaces de vivir, aunque de manera limitada, el mensaje del Evangelio.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

 

domingo, 4 de julio de 2021

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 6, 1-6

En aquel tiempo fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que le oía se preguntaba asombrada: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí?" Y desconfiaban de él. Jesús les decía:

-- No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.

No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extraño de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

HOMILÍA

No hay nada más contagioso que una gran muchedumbre sintiendo lo mismo, ya sea para alegrarse o para entristecerse. Si un grupo numeroso de personas se ponen de acuerdo para llevar a cabo algo, lo consiguen, o al contrario, si mucha gente se pone de acuerdo para rechazar algo, hasta el más fervoroso defensor comenzará a dudar.

Eso mismo le pasó al Señor en su pueblo. La gente comenzó a criticarlo, no creían en él, pero como siempre el Señor no sigue lo común y razonable, no se dejó vencer por el rechazo de sus paisanos, sino que siguió predicando por otros sitios, porque esa era su misión.

Y este es precisamente el mensaje que hoy nos deja el Evangelio. Vivimos en un mundo en el que el pasotismo y el rechazo a la Iglesia y a la fe es cada vez mayor, pero nosotros no podemos dejarnos llevar por ello, y mucho menos hacernos partícipes de su desánimo. Debemos ser como aquel gran violinista llamado Paganini. Algunos decían que él era muy extraño. Otros, que era sobrenatural. Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente, por eso nadie quería perder la oportunidad de ver su espectáculo.

Una cierta noche, el palco de un auditorio repleto de admiradores estaba preparado para recibirlo. La orquestra entró y fue aplaudida. El maestro fue ovacionado.

Mas cuando la figura de Paganini surgió, triunfante, el público deliró. Paganini coloca su violín
en el hombro y lo que se escucha es indescriptible. Breves y semibreves, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecen tener alas y volar con el toque de sus dedos encantados.

De repente, un sonido extraño interrumpe el solaz de la platea. Una de las cuerdas del violín de Paganini se rompió. El maestro paró. La orquestra paró. El público paró. Pero Paganini no paró. Mirando su partitura, continúa arrancando sonidos deliciosos de un violín con problemas. El maestro y la orquesta, exaltados, vuelven a tocar.

Antes de que el público se serenara, otro sonido perturbador derrumba la atención de los asistentes. Otra cuerda del violín de Paganini se rompe. El maestro paró nuevamente. La orquesta paró nuevamente. Paganini no paró. Como si nada hubiese sucedido, él olvidó las dificultades y avanzó sacando sonidos de lo imposible. El maestro y la orquesta, impresionados volvieron a tocar. Pero el público no podría imaginar lo que estaba por suceder.

Todas las personas, atónitas, exclamaron OHHH! Una tercera cuerda del violín de Paganini se rompe. El maestro se paralizó. La orquesta paró. La respiración del público se detuvo. Pero Paganini como si fuese un contorsionista musical, arranca todos los sonidos de la única cuerda que sobrara de su violín destruido. El público parte del silencio para la euforia, de la inercia para el delirio. Paganini alcanza la gloria.

Y es que no importa como sea El ambiente que nos rodea. Si nosotros confiamos en lo que creemos y sobre todo confiamos en que Dios está siempre con nosotros, podremos ser, aún en los ambientes más difíciles fieles a la misión que Dios nos encomendó, que no es otra que la de anunciar el Evangelio.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

  

domingo, 27 de junio de 2021

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echo a sus pies, rogándole con insistencia:

-- Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.

Jesús se fue con le acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacia doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.

Jesús, notando que había salido una fuerza de él, se volvió enseguida en medio de la gente, preguntando:

-- ¿Quién me ha tocado el manto? 

Los discípulos le contestaron: 

--Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿quién me ha tocado?”

Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echo a los pies y le confesó todo. Él le dijo:

-- Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y con salud.

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

-- Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? 

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: 

-- No temas; basta que tengas fe. 

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban. Entró y les dijo:

-- ¿Qué estrépito y que lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida.

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano, y le dijo:

-- Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).

La niña se puso en pie inmediatamente y echo a andar --tenía doce años--. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

HOMILÍA

Resulta curioso, como los dos milagros que hoy nos cuenta el Evangelio, son frutos de la fe de las personas implicadas, más que obra directa del Señor.

El caso de la mujer con hemorragias, es quizá el más claro de los dos, ya que es el mismo Señor el que le dice: hija, tu fe te ha salvado. Pero con la hija de Jairo sucede lo mismo, Jesús le dice: basta que tengas fe.

Y es que nuestro Dios, es un Dios que nos ama tanto, que quiere que nosotros seamos parte activa en nuestra salvación. Necesita de nosotros, y sobre todo, de nuestra fe.

Por eso hoy es el día para plantearnos cómo anda nuestra fe. Todos creemos, todos sabemos que Dios nos ama, y le rezamos, pero ¿cuidamos nuestra fe?.

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún; así que un leñador se decidió a hacer buen papel.

El primer día se presentó al capataz, quien le dio un hacha y le designó una zona. El hombre entusiasmado salió al bosque a talar. En un solo día cortó dieciocho árboles.

— Te felicito – dijo el capataz — sigue así.

Animado por las palabras del capataz, un leñador se decidió a mejorar su propio record; así que esa noche se acostó bien temprano. Por la mañana se levantó antes que nadie y se fue al bosque. A pesar de todo el empeño, no consiguió cortar más que quince árboles.

— Me debo haber cansado – pensó y decidió acostarse con la puesta del sol.

Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad. Al día siguiente fueron siete, luego cinco y el último día estuvo toda la tarde tratando de cortar su segundo árbol.

Inquieto por lo que pensaría del capataz, un leñador se acercó a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se esforzaba al límite de desfallecer. El capataz le preguntó:

— ¿cuánto hace que no afilas tu hacha?— ¿afilar? No he tenido tiempo de afilarla, he estado muy ocupado cortando árboles.

Pasamos por la vida muchas veces, sin darnos cuenta que para poder vivir en plenitud nuestra vida de cristianos, no basta con querer hacer las cosas bien, hay que cuidar nuestra vida interior. El ser cristianos no es sólo una forma ética de ver la vida, no es sólo querer mucho a los que nos rodean. El ser cristianos parte de nuestra experiencia de Dios, de nuestra fe en él, y será esa fe la que transforme nuestra forma de mirar a los demás.

Por eso hoy el Señor nos recuerda con estos dos milagros, que es fundamental cuidar nuestra fe, “afilar el hacha”, para que con una fe fuerte y apoyada en él, podamos salir al mundo a decirle a los demás que somos cristianos, y la única forma que hay para eso es amándolos como Cristo nos amó.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

 

domingo, 13 de junio de 2021

DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha".

Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra".

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.

HOMILÍA

Dicen que un hombre convirtió, en el espacio de dos años, un territorio pedregoso en un jardín lleno de flores que se hizo famoso en la comarca.

Un día, un santo pasó por el jardín y, para que el jardinero no olvidara quién era el Creador Supremo de su obra, le dijo:

- "Jardinero, este jardín tan hermoso es una verdadera bendición que Dios te ha dado."

El jardinero comprendió el mensaje y le respondió:

- "Tienes razón, si no fuese por el sol y por la lluvia, por la tierra, por el milagro de las semillas y por las estaciones del año, no tendría ningún jardín... pero...

...¡deberías haber visto cómo estaba este lugar hace dos años cuando Dios lo tenía sólo, para sí mismo!"

El mensaje de Jesús nos muestra dos aspectos de nuestra vida cristiana que no podemos olvidar nunca: por un lado el trabajo de Dios en nuestras vidas que es incansable, y que va desarrollándose poco a poco como él quiere. Él sembró la fe en nosotros y él la va haciendo crecer muchas veces sin que nosotros sepamos cómo.

Pero otra parte fundamental, y que no debe olvidarse nunca es nuestro propio trabajo, porque para que la semilla crezca hay que regarla, hay que cuidarla, hay que quitarle las malas hierbas, hay que podarla, hay en definitiva trabajar en ella, hay que cuidar ese regalo que Dios nos ha dado.

Por eso demos gracias a Dios por el regalo tan inmenso que nos ha dado al darnos la fe, pero recordemos que es cosa nuestra trabajarla y cuidarla, y no sólo la nuestra, sino también la de nuestros hermanos.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 6 de junio de 2021

DOMINGO DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DEL SEÑOR

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 14, 12-16.22-26

El primer día de ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

--¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?

Él envió a dos discípulos diciéndoles:

--Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa en que entre, decidle al dueño: “El maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

--Tomad, esto es mi cuerpo.

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio y todos bebieron. Y les dijo:

--Esta es mi sangre, sangre de alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios.

Después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos.

HOMILÍA

Un campesino estaba haciendo un pozo en su campo. Cuando llevaba horas cavando, encontró un cofre enterrado. Lo sacó de allí y al abrirlo, vio lo que nunca había visto en su vida: un fabuloso tesoro, lleno de diamantes, monedas de oro y joyas bellísimas. Pasado el primer momento, el campesino se quedó mirando y al cofre y pensó que todo aquello era un regalo de Dios que él no merecía. Él era un simple campesino que vivía feliz trabajando la tierra. Seguramente habría habido alguna equivocación, por lo que tomó el camino que conducía a la casa donde vivía Dios para devolvérselo. Mientras caminaba, encontró a una mujer llorando al borde del camino. Sus hijos no tenían nada para comer. El campesino tuvo compasión de ella y, pensando que a Dios no le importaría, abrió el cofre y le dio un puñado de diamantes y monedas de oro. Más adelante vio un carro parado en el camino. El caballo que tiraba de él había muerto. El dueño estaba desesperado, porque su caballo era lo único que tenía para trabajar y vivir. El campesino abrió su cofre de nuevo y le dio lo suficiente para comprar un nuevo caballo. Al anochecer llegó a una aldea donde un incendio había arrasado todas las casas. Los habitantes de la aldea dormían en la calle. El campesino pasó la noche con ellos y al día siguiente les dio lo suficiente para que reconstruyeran la aldea. Y así iba recorriendo el camino aquel campesino. Siempre se cruzaba con alguien que tenía algún problema. Fueron tantos que, cuando le faltaba poco para llegar a la casa de Dios, sólo le quedaba un diamante. Era lo único que le había quedado para devolverle a Dios. Aunque poco le duró, porque cayó enfermo de unas fiebres, y una familia lo recogió para cuidarlo. En agradecimiento, les dio el diamante que le quedaba. Cuando llegó a la casa de Dios, éste salió a recibirle. Y antes de que el campesino pudiera explicarle todo lo ocurrido, Dios le dijo: 

- Menos mal que has venido amigo. Fui a tu casa para decirte una cosa, pero no te encontré. Mira, en tu campo hay enterrado un tesoro. Por favor, encuéntralo y repártelo entre todos los que lo necesiten.

Cada domingo, al celebrar la Eucaristía, estamos celebrando el día del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Pero es necesario un día específico para hacernos recordar que lo que vivimos dentro de la Iglesia, hay que compartirlo también por las calles de nuestro pueblo.

El Evangelio de hoy nos cuenta aquella primera Eucaristía, pero termina con estas palabras “después de cantar el salmo, salieron para el Monte de los Olivos”. No es algo fortuito, sino más bien una declaración total de lo que expresamos en la Eucaristía. Jesús después de celebrar ese gran misterio con sus discípulos sabe que lo tiene que hacer realidad, y sale para entregar su vida en la cruz.

Que maravilloso sería, que cada domingo, después de celebrar la Eucaristía, nosotros saliésemos de la iglesia dispuestos a dar nuestra vida por los demás. Pidámoslo en este gran día al Señor, que nunca nos cansemos de compartir con los demás este gran regalo que Dios nos ha hecho.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 30 de mayo de 2021

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 28, 16-20

En aquel tiempo los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

-- Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo

 

HOMILÍA

El explorador había regresado junto a los suyos, que estaban ansiosos por  saberlo todo acerca del Amazonas. Pero ¿cómo podía él expresar con  palabras la sensación que había inundado su corazón cuando contempló  aquellas flores de sobrecogedora belleza y escuchó los sonidos nocturnos de  la selva? ¿Cómo comunicar lo que sintió en su corazón cuando se dio cuenta  del peligro de las fieras o cuando conducía su canoa por las inciertas aguas  del río? Y les dijo: — «Id y descubridlo vosotros mismos. Nada puede  sustituir al riesgo y a la experiencia personales». Pero, para orientarles, les  hizo un mapa del Amazonas. Ellos tomaron el mapa y lo colocaron en el  Ayuntamiento. E hicieron copias de él para cada uno. Y todo el que tenía  una copia se consideraba un experto en el Amazonas, pues ¿no conocía  acaso cada vuelta y cada recodo del río, y cuán ancho y profundo era, y  dónde había rápidos y dónde se hallaban las cascadas?  

El explorador se lamentó toda su vida de haber hecho aquel mapa. Habría  sido preferible no haberlo hecho.

Celebramos hoy el día de la Santísima Trinidad. Todos conocemos a Dios, y sabemos que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, el problema es que este gran misterio no es para conocerlo, sino para vivirlo.

La Iglesia nos presenta esta fiesta, no porque Dios necesite un día especial para Él, sino porque nosotros necesitamos mirar a la Santísima Trinidad, para poder vivir como ellos, para poder hacer realidad en la Iglesia su gran misterio: tres personas distintas pero en comunión de amor entre ellas.

En efecto, la Iglesia está compuesta por personas, cada una distinta, con sus ideas propias, con sus pensamientos, pero todo eso no nos divide, sino que nos mantiene unidos, no el afecto, ni siquiera un ideal común. Lo que nos mantiene unidos es lo mismo que une a la Santísima Trinidad: el amor.

Por eso, imitemos a la Santísima Trinidad, dejemos a un lado diferencias, ideas y pensamientos, y amémonos unos a otros como se aman el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

FELIZ DOMINGO Y QUE LA SANTÍSIMA TRINIDAD OS BENDIGA.

domingo, 23 de mayo de 2021

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-- Paz a vosotros

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

HOMILÍA

En un día caluroso de verano, en el sur de Florida, un niño decidió ir  a  nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera,  se tiró al agua y nadaba feliz. No se dio cuenta de que un cocodrilo se le  acercaba. Su madre, desde la casa, miraba por la ventana y vio con horror  lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que  podía. Al oírla, el niño se alarmó y comenzó a nadar hacia su madre. Pero  fue demasiado tarde. Desde el muelle, la mamá tomó al niño por sus  brazos justo cuando el caimán lo agarraba de las piernitas. La mujer tiraba  con todas la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la  mamá era mucho más apasionada y su amor la fortalecía. Un señor que  escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con un rifle y mató al  cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante,  incluso pudo volver a caminar. Cuando salió del trauma, un periodista le  preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño  levantó las sábanas y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo, se  subió las mangas de su pijama y señalando hacia las cicatrices de sus  brazos, le dijo: “Pero lo que usted debe ver son éstas”. Eran las marcas de  las uñas de su madre que lo habían presionado con tanta fuerza. “Las tengo  porque mi mamá nunca me soltó y me salvó la vida”.

La fiesta que celebramos hoy es precisamente la fiesta de los brazos del Señor. Hoy el Señor nos vuelve a decir que no quiere dejarnos, que no nos va a soltar jamás, que nos envía su Espíritu Santo para quedarse para siempre con nosotros.

Hoy, en Pentecostés, la Iglesia celebra el gran amor que Dios nos tiene, y que nos lo quiere demostrar cada día, por eso nos envía su Espíritu Santo. Dios no se desentiende de nosotros, al contrario, nos agarra cada día con más fuerza, a través de su Espíritu, y sólo nos pide que recibamos con alegría ese amor, y seamos nosotros capaces de demostrárselo también a los demás.

FELIZ PENTECOSTÉS Y QUE DIOS OS BENDIGA.


domingo, 16 de mayo de 2021

DOMINGO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 16, 15-20

En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once y les dijo:

-- Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos

Después de hablarles, el Señor Jesús, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.

HOMILÍA

Cuentan que tras la muerte de un hombre rico, se dio lugar a la lectura del testamento. En medio de la formalidad del acto, estaban presentes los hijos e hijas del difunto; y junto a ellos, los nietos, nietas, sobrinos, sobrinas y otros familiares cercanos. Todos expectantes y esperanzados en que pudieran tener algún grado de participación en la inmensa fortuna que estaba a punto de ser distribuida.

El juez, mirando a los herederos por encima las gafas, comenzó la lectura del testamento: “En uso de mis facultades mentales y cumpliendo con los requisitos que pide la ley, procedo a determinar mi voluntad sobre el destino de mis posesiones. En primer lugar, quiero que las tierras de la Hacienda La Ponderosa, incluyendo la casa, el ganado y todos los bienes que hay en ella, se destinen a la comunidad de hermanas de la residencia de Las Misericordias, de mi pueblo natal”. Inmediatamente, hubo un cuchicheo nervioso entre los presentes... Pero todavía había más, de modo que el juez continuó su lectura: “En segundo lugar, quiero que las casas que poseo y los apartamentos que tengo, sean destinados al Hogar para niños huérfanos que funciona bajo la dirección de la parroquia de mi pueblo”. El alboroto esta vez fue más sonoro y la cara de sorpresa de los asistentes fue mayor... Y continuó la lectura del testamento: “En tercer lugar, quiero que todo el dinero que tengo en mis cuentas corrientes y de ahorros, junto con las acciones que están a mi nombre en distintos bancos y empresas, sea entregado a la Clínica del niño quemado, que dirigen las Hermanitas de los desamparados”. Esta vez la reacción de los familiares del difunto fue impresionante... Sin embargo, el silencio se apoderó de todos cuando el juez continuó su lectura pausada y firme: “Por último, a mis hijos e hijas, a mis nietos y nietas, a mis sobrinos y sobrinas, y a todos mis herederos directos o indirectos, les dejo una recomendación que estoy seguro, los ayudará a salir de su precaria situación económica. Sólo les recomiendo una cosa: ¡Que trabajen!” Y así terminó el solemne acto.

Hoy domingo de la Ascensión, el Señor nos dejó su testamento antes de subir al cielo, y nos dejó precisamente lo mismo que el difunto a sus hijos: Que trabajemos.

Los cristianos nos pasamos la vida mirando al cielo, esperando ver algún día al Señor, cuando no nos damos cuenta de que el Señor está en medio de nosotros, en la vida del hermano que pasa necesidad, en aquel al que le hemos quitado el saludo, en aquellos que viven solos.

Este es nuestro trabajo, y es lo que nos pide el Señor. Que seamos capaces de llevar a término lo que Señor nos pide, que trabajemos por hacer de este mundo un mundo más cristiano.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 9 de mayo de 2021

SEXTO DOMINGO DE PASCUA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 15, 9- 17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

-- Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.

HOMILÍA

El 10 de octubre de 1982, en la gran plaza de san Pedro de Roma, el papa Juan Pablo II canonizó a un paisano suyo: Maximiliano Kolbe, sacerdote franciscano, nacido el 8 de enero de 1894 en la ciudad de Zdunska Wola. Estuvo presente en este acto un testigo excepcional: Franciszek Gajowniczek, un polaco ya anciano que, cuarenta y un años antes, había salvado su vida en el campo de concentración de Auschwitz, gracias al heroico gesto del nuevo santo.

Este hombre cuenta así su experiencia de aquel verano de 1941: “Yo era un veterano en el campo de Auschwitz; tenía en mi brazo tatuado el número de inscripción: 5659. Una noche, al pasar los guardianes lista, uno de nuestros compañeros no respondió cuando leyeron su nombre. Se dio al punto la alarma: los oficiales del campo desplegaron todos los dispositivos de seguridad; salieron patrullas por los alrededores. Aquella noche nos fuimos angustiados a nuestros barracones. Los dos mil internados en nuestro pabellón sabíamos que nuestra alternativa era bien trágica; si no lograban dar con el escapado, acabarían con diez de nosotros. A la mañana siguiente nos hicieron formar a todos los dos mil y nos tuvieron en posición de firmes desde las primeras horas hasta el mediodía. Nuestros cuerpos estaban debilitados al máximo por el trabajo y la escasísima alimentación. Muchos del grupo caían exánimes bajo aquel sol implacable. Hacia las tres nos dieron algo de comer y volvimos a la posición de firmes hasta la noche. El coronel Fritsch volvió a pasar lista y anunció que diez de nosotros seríamos ajusticiados”.

A la mañana siguiente, Franciszek Gajowniczek fue uno de los diez elegidos por el coronel de la SS para ser ajusticiados en represalia por el escapado. Cuando Franciszek salió de su fila, después de haber sido señalado por el coronel, musitó estas palabras: “Pobre esposa mía; pobres hijos míos”. El P. Maximiliano estaba cerca y oyó estas palabras. Enseguida, dio un paso adelante y le dijo al coronel: “Soy un sacerdote católico polaco, estoy ya viejo. Querría ocupar el puesto de ese hombre que tiene esposa e hijos”. Su ofrecimiento fue aceptado por el oficial nazi y Maximiliano Kolbe, que tenía entonces 47 años, fue condenado, junto con otros nueve prisioneros, a morir de hambre. Tres semanas después, el único prisionero que seguía vivo era el P. Kolbe, de modo que le fue aplicada una inyección letal que terminó definitivamente con su vida. Maximiliano Kolbe había vivido su ministerio pastoral en Polonia y Japón, donde había pasado cinco años como misionero. Con este gesto sellaba una vida de entrega permanente.

¿Qué tenía de especial Maximiliano Kolbe para poder hacer lo que hizo? Nada. Simplemente en el momento en el que se le pidió dar la vida por los demás lo hizo.

Nosotros estamos hechos de la misma pasta, y lo único que nos pide el Señor es que cuando se nos presente la ocasión de amar lo hagamos. Porque cada día se nos presentan miles de ocasiones para dar nuestra vida por los demás, quizá no nos haga falta morir pero si dar un trocito de la vida perdonando, amando a los que se sienten solos, dejándonos de pequeñas rencillas, impidiendo que el dinero nos separe, etc…

Que seamos cristianos de verdad porque cumplamos el único precepto que nos dejó Jesús: “amarnos los unos a los otros como él lo hizo”.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 2 de mayo de 2021

QUINTO DOMINGO DE PASCUA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 15, 1-8

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

-- Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo poda para que dé más fruto. Vosotros estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

HOMILÍA

La anciana que vivía en una granja observó que su gallo cantaba siempre a la misma hora, minutos antes de comenzar el día; pensó entonces que era el canto de su gallo el que producía la salida del sol.

Los vecinos molestos por el canto, protestaron. La anciana decidió entonces irse a vivir a otro pueblo llevándose el gallo.

La primera madrugada en su nuevo hogar fue igual que siempre: el gallo cantó y el sol comenzó a elevarse sobre el horizonte. Poco a poco la claridad invadió el lugar.

La mujer pensó:

- "Lo lamento por la gente del otro pueblo a quienes dejé a oscuras para siempre".

Le extrañó que nunca la hubieran llamado para que regresara.

El pensamiento de la anciana parece de broma y sin embargo es tan real, ya que nosotros mismos lo hacemos real porque pensamos como ella cuando creemos que por nuestras propias fuerzas somos capaces de amar al que nos ha hecho daño, de perdonar una ofensa, de tener misericordia con los demás, de socorrer sin beneficio alguno al que lo necesita.

Todo eso lo podemos hacer sólo si hemos sido amados primero, si permanecemos en el que es todo amor, en el que nos da la fuerza necesaria para hacerlo.

Por eso el Señor repite hasta ocho veces la palabra permanecer, porque solo en Dios y por Dios podemos vivir como auténticos cristianos. Si fuera por nuestras propias fuerzas siempre lo podríamos hacer, y sabemos perfectamente que no es así.

Permanezcamos en el Señor y dejemos que él sea nuestra fuerza y sobre todo nuestro amor.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 25 de abril de 2021

CUARTO DOMINGO DE PASCUA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

 

HOMILÍA

 

En un día caluroso de verano en el sur de la Florida un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba Su mama desde la casa miraba por la ventana, y vio con horror lo que sucedía.
Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía.
Oyéndole, el niño se alarmo y miro nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde.
Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y su amor no la abandonaba. Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mato al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma, un periodista le pregunto al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies.
El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: "Pero las que usted debe ver son estas". Eran las marcas de las uñas de su mama que habían presionado con fuerza. "Las tengo porque mamá no me soltó y me salvo la vida"

 

Yo soy el buen Pastor y doy mi vida por las ovejas. Eso es lo que hoy el Señor nos recuerda a cada uno de nosotros. No nos deja a nuestra suerte, no nos abandona. Cuida de cada uno de nosotros, y nos regala cada día la vida para que también nosotros demos vida.

 

Y sin embargo tantas veces se nos olvida, y vivimos como si Dios no hubiera hecho nada por nosotros. Los cristianos tenemos la gran suerte de tener a nuestro Pastor siempre a nuestro lado, para sufrir con nosotros, para alegrase con nosotros, pero sobre todo para nunca soltarnos, para llevarnos siempre de la mano, y para darnos su fuerza en cada momento.

 

No olvidemos nunca que el dio su vida por nosotros, y hagamos nosotros lo mismo.

 

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 18 de abril de 2021

TERCER DOMINGO DE PASCUA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 23, 35-48

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino y como reconocieron a Jesús en el partir el pan. Mientras hablaba; se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo:

-- Paz a vosotros.

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo:

--¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

--¿Tenéis ahí algo que comer?

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:

--Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:

--Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

 

HOMILÍA

 

En un hospital una hermana había curado con infinita ternura a un paciente totalmente incrédulo. Nunca le pudo hablar de Dios ni de Jesucristo. Cuando le dieron de alta, este hombre le dijo a la religiosa: "Hermana, usted no me habló de Dios, pero hizo mucho más: me lo hizo ver".

 

Vivimos en mundo saturado de palabras, de discursos vacios que se quedan en humo, en nada. Hoy, este mundo nos pide algo más que palabras, nos pide que al igual que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar, porque las palabras se les habían olvidado, nosotros mostremos en nuestra vida al resucitado, a aquel que nos da la vida, a aquel que sigue vivo entre nosotros.

Basta ya de discursos vacíos, de palabrerías baratas, hoy el mundo nos exige respuestas en forma de obras, en forma de vida.

 

Cuando Jesús se aparece a sus discípulos, no les habla, sólo les muestra sus manos y sus pies, las señales del sacrificio realizado por ellos, por nosotros. Les muestra las obras y les pide que sean testigos de esa vida entregada y de esa vida resucitada. Hoy nos pide a nosotros lo mismo, ser sus testigos, pero no con palabras, sino con nuestras obras, con nuestras manos entregadas, rotas por el necesitado, por el hermano que nos grita desde el borde del camino.

 

Que celebrar la resurrección de Jesús sea para nosotros un estímulo para hacer vida lo que celebramos, para vivir la resurrección en nuestras vidas, para dar vida a aquellos que lo necesitan.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.