domingo, 18 de abril de 2021

TERCER DOMINGO DE PASCUA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 23, 35-48

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino y como reconocieron a Jesús en el partir el pan. Mientras hablaba; se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo:

-- Paz a vosotros.

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo:

--¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

--¿Tenéis ahí algo que comer?

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:

--Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:

--Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.

 

HOMILÍA

 

En un hospital una hermana había curado con infinita ternura a un paciente totalmente incrédulo. Nunca le pudo hablar de Dios ni de Jesucristo. Cuando le dieron de alta, este hombre le dijo a la religiosa: "Hermana, usted no me habló de Dios, pero hizo mucho más: me lo hizo ver".

 

Vivimos en mundo saturado de palabras, de discursos vacios que se quedan en humo, en nada. Hoy, este mundo nos pide algo más que palabras, nos pide que al igual que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar, porque las palabras se les habían olvidado, nosotros mostremos en nuestra vida al resucitado, a aquel que nos da la vida, a aquel que sigue vivo entre nosotros.

Basta ya de discursos vacíos, de palabrerías baratas, hoy el mundo nos exige respuestas en forma de obras, en forma de vida.

 

Cuando Jesús se aparece a sus discípulos, no les habla, sólo les muestra sus manos y sus pies, las señales del sacrificio realizado por ellos, por nosotros. Les muestra las obras y les pide que sean testigos de esa vida entregada y de esa vida resucitada. Hoy nos pide a nosotros lo mismo, ser sus testigos, pero no con palabras, sino con nuestras obras, con nuestras manos entregadas, rotas por el necesitado, por el hermano que nos grita desde el borde del camino.

 

Que celebrar la resurrección de Jesús sea para nosotros un estímulo para hacer vida lo que celebramos, para vivir la resurrección en nuestras vidas, para dar vida a aquellos que lo necesitan.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 11 de abril de 2021

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19- 31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-- Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

-- Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

-- Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

-- Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

-- Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás:

-- ¡Señor Mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

-- ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

 

HOMILÍA

 

Cuentan que el abad de un célebre monasterio fue a consultar a un famoso gurú en las montañas del Himalaya. El abad le contó al gurú que en otro tiempo, su monasterio había sido famoso en todo el mundo occidental; sus celdas estaban llenas de jóvenes novicios, y en su iglesia resonaba el armonioso canto de los monjes. Pero habían llegado malos tiempo: la gente ya no acudía al monasterio a alimentar su espíritu, la avalancha de jóvenes candidatos había cesado y la iglesia se hallaba silenciosa. Sólo quedaban unos pocos monjes que cumplían triste y rutinariamente sus obligaciones. Lo que el abad quería saber era lo siguiente: «¿Hemos cometido algún pecado para que el monasterio se vea en esta situación?»

«Sí», respondió el gurú, «un pecado de ignorancia». «¿Y qué pecado es ése?» Preguntó el abad. «Uno de ustedes es el Mesías disfrazado, y ustedes no lo saben». Y, dicho esto, el gurú cerró los ojos y volvió a su meditación. Durante el penoso viaje de regreso a su monasterio, el abad sentía cómo su corazón se debocaba al pensar que el Mesías, ¡el mismísimo Mesías!, había vuelto a la tierra y había ido a parar justamente a su monasterio. ¿Cómo no había sido él capaz de reconocerlo? ¿Y quién podría ser? ¿Acaso el hermano cocinero? ¿El hermano sacristán? ¿El hermano administrador? ¿O sería él, el hermano prior? ¡No, él no! Por desgracia, él tenía demasiados defectos... Pero resulta que el gurú había hablado de un Mesías «disfrazado». ¿No serían aquellos defectos parte de su disfraz? Bien mirado, todos en el monasterio tenían defectos, y uno de ellos tenía que ser el Mesías.

Cuando llegó al monasterio reunió a los monjes y les contó lo que había averiguado. Los monjes se miraban incrédulos unos a otros: ¿El Mesías... aquí? ¡Increíble! Claro que, si estaba disfrazado... entonces, tal vez... ¿Podría ser Fulano...? ¿o Mengano, o...? Una cosa era cierta: Si el Mesías estaba allí disfrazado, no era probable que pudieran reconocerlo. De modo que empezaron todos a tratarse con respeto y consideración. «Nunca se sabe», pensaba cada cual para sí cuando trataba con otro monje, «tal vez sea éste...». El resultado fue que el monasterio recobró su antiguo ambiente de gozo desbordante. Pronto volvieron a acudir docenas de candidatos pidiendo ser admitidos en la Orden, y en la iglesia volvió a escucharse el jubiloso canto de los monjes, radiantes del espíritu de Amor.

 

El tiempo de Pascua es el momento preciso para poder encontrar al resucitado en cada uno de los hermanos. Sólo así viviremos en plenitud la alegría de la resurrección, la alegría del encuentro con Jesús.

Hoy el Señor se nos vuelve a presentar con distintas formas y distintas caras y nos pide que lo reconozcamos, que lo tratemos como lo trataríamos si nos lo encontrásemos en persona.

Por eso vivir el espíritu de la resurrección es amar a todos los que se cruzan en nuestro camino, porque en ellos está el Señor.

 

FELIZ DOMINGO DE PASCUA Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 4 de abril de 2021

DOMINGO DE REURRECCIÓN

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y le dijo:

—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

HOMILÍA

Cuenta una leyenda que el hijo de Dios, antes de descender a la tierra, dijo a sus ángeles: tengo deseo de ir a ver a los hombres, haciéndome uno de ellos. Quiero llevarles regalos que les sean útiles a su felicidad. "Ángeles, desciendan a la tierra y fíjense bien qué necesidades tienen los hombres."

Partieron los ángeles. Recorrieron todo el universo, y luego volvieron al cielo para referir lo visto Dijeron al Hijo de Dios:" entre tantas necesidades de los hombres, he aquí las principales:

- Tienen necesidad de pan

Respondió el Hijo de Dios: "seré el Pan para ellos".

- Los hombres tienen necesidad de perdón, porque son pecadores.

" Seré el perdón para ellos."

- Los hombres tienen necesidad de verdad, para descubrir el misterio de la vida."

" Yo seré la verdad".

- Los hombres tienen necesidad de amor...

" Yo seré el amor."

Concluyeron los ángeles:

- Los hombres tienen necesidad de vida. Y el Hijo de Dios respondió: Yo seré la vida de los hombres para siempre.

Hoy más que nunca cobra sentido esta leyenda. Hoy Domingo de Resurrección culminamos unos días llenos de la alegría de saber que el camino que Jesús recorrió hace 2000 años, sigue recorriéndolo con nosotros, sigue a nuestro lado. Que aquella promesa que les hizo a sus discípulos, “siempre estaré con vosotros”, sigue siendo una realidad para todos los que creemos en él.

Hoy es el día de la felicidad suprema, de la alegría, del gozo, del sabernos amados, de saber que podemos amar, porque para eso se quedó Cristo con nosotros, para que podamos sentirlo vivo, para que podamos sentir su amor, para que podamos amarnos los unos a los otros.

Que Cristo resucitado sea nuestro compañero de viaje, que lo sintamos cercano y que sobre todo lo podamos hacer cercano a los demás, amándolos como él nos amó a nosotros.

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN, FELIZ VIDA. QUE DIOS OS BENDIGA.

viernes, 2 de abril de 2021

VIERNES SANTO

 PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN 18, 1-19,42

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:

+ ¿A quién buscáis?

C. Le contestaron:

S. A Jesús, el Nazareno.

C. Les dijo Jesús:

+ Yo soy.

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: + -«¿A quién buscáis?»

C. Ellos dijeron:

S. A Jesús, el Nazareno.

C. Jesús contestó:

+ Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.

C. Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste”.

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

+ Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?

C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”. Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

S. ¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?

C. Él dijo:

S. No lo soy.

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó:

+Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

S. ¿Así contestas al sumo sacerdote?

C. Jesús respondió:

+ Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si le hablado como se debe, ¿por qué me pegas?

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

S. ¿No eres tú también de sus discípulos?

C. Él lo negó, diciendo:

S. No lo soy.

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. ¿No te he visto yo con él en el huerto?

C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

S. ¿Qué acusación presentáis contra este hombre?

C. Le contestaron:

S. Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.

C. Pilato les dijo:

S. Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.

C. Los judíos le dijeron:

S. No estamos autorizados para dar muerte a nadie.

C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. ¿Eres tú el rey de los judíos?

C. Jesús le contestó:

+ ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?

C. Pilato replicó:

S. ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?

C. Jesús le contestó:

+ Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

C. Pilato le dijo:

S. Con que, ¿tú eres rey?

C. Jesús le contestó:

+ Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

C. Pilato le dijo:

S. Y, ¿qué es la verdad?

C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

S. Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

C. Volvieron a gritar:

S. A ése no, a Barrabás.

C. El tal Barrabás era un bandido.

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

S. ¡Salve, rey de los judíos!

C. Y le daban bofetadas.

Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.

C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. Aquí lo tenéis.

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

S. ¡Crucifícalo, crucifícalo!

C. Pilato les dijo:

S. Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él. C. Los judíos le contestaron:

S. Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. ¿De dónde eres tú?

C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

S. ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?

C. Jesús le contestó:

+ No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.

C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. Aquí tenéis a vuestro rey.

C. Ellos gritaron:

S. ¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Pilato les dijo:

S. ¿A vuestro rey voy a crucificar?

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. No tenemos más rey que al César.

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos”. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. No escribas: "El rey de los judíos", sino: "Este ha dicho: Soy el rey de los judíos".

C. Pilato les contestó:

S. Lo escrito, escrito está.

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:

S. No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.

C. Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados.

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+ Mujer, ahí tienes a tu hijo.

C. Luego, dijo al discípulo:

+ Ahí tienes a tu madre.

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+ Tengo sed.

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+ Está cumplido.

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

(Todos se arrodillan, y se hace una pausa)

C. Y al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura dé mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

HOMILÍA

Cada vez que llega este día del Viernes Santo me acuerdo de una poesía de José María Gabriel y Galán que escuché hace ya muchos años y que marcó mi visión de la celebración de hoy y de las procesiones. Se titula la Pedrada, y he aquí un fragmento:

¡Cuántas veces he llorado
recordando la grandeza
de aquel hecho inusitado
que una sublime nobleza
inspiróle a un pecho honrado!

La procesión se movía
con honda calma doliente,
¡Qué triste el sol se ponía!
¡Cómo lloraba la gente!
¡Cómo Jesús se afligía...!

¡Qué voces tan plañideras
el Miserere cantaban!
¡Qué luces, que no alumbraban,
tras las verdes vidrieras
de los faroles brillaban!

Y aquél sayón inhumano
que al dulce Jesús seguía
con el látigo en la mano,
¡qué feroz cara tenía!
¡qué corazón tan villano!

¡La escena a un tigre ablandara!
Iba a caer el Cordero,
y aquel negro monstruo fiero
iba a cruzarle la cara
con un látigo de acero...

Mas un travieso aldeano,
una precoz criatura
de corazón noble y sano
y alma tan grande y tan pura
como el cielo castellano,

rapazuelo generoso
que al mirarla, silencioso,
sintió la trágica escena,
que le dejó el alma llena
de hondo rencor doloroso,

se sublimó de repente,
se separó de la gente,
cogió un guijarro redondo,
miróle al sayón la frente
con ojos de odio muy hondo,

paróse ante la escultura,
apretó la dentadura,
aseguróse en los pies,
midió con tino la altura,
tendió el brazo de través,

zumbó el proyectil terrible,
sonó un golpe indefinible,
y del infame sayón
cayó botando la horrible
cabezota de cartón.

Los fieles, alborotados
por el terrible suceso,
cercaron al niño airados,
preguntándole admirados:
-¿Por qué, por qué has hecho eso?...

Y él contestaba, agresivo,
con voz de aquellas que llegan
de un alma justa a lo vivo:
-«¡Porque sí; porque le pegan
sin hacer ningún motivo!»


Hoy, que con los hombres voy,
viendo a Jesús padecer,
interrogándome estoy:
¿Somos los hombres de hoy
aquellos niños de ayer?.

 

Podríamos hoy al celebrar la muerte del Señor, esa sublime entrega hacernos una pregunta: al igual que al ver al Señor en la cruz, sufriente nuestro ser sufre con él, cuando lo vemos en la calle tirado, con hambre, sólo, triste, ¿también nos entristecemos con él? De nada sirve recordar lo que pasó hace dos mil años y no darnos cuenta de las veces que sigue muriendo Jesús en nuestro tiempo, en medio de nosotros.

Cojamos nuestras piedras, las piedras del amor y seamos capaces de luchar contra tanta muerte, contra tanto sufrimiento. Seamos los niños de ayer, vivamos como cristianos de hoy.

FELIZ VIERNES SANTO. QUE DIOS OS BENDIGA.

jueves, 1 de abril de 2021

JUEVES SANTO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro y éste le dijo:

—Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?

Jesús le replicó:

—Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.

Pedro le dijo:

—No me lavarás los pies jamás.

Jesús le contestó:

—Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

Simón Pedro le dijo:

—Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

Jesús le dijo:

—Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos." (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios".)

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

— ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "El Maestro" y "El Señor", y decís bien, por que lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

HOMILÍA

Martín había vivido gran parte de su vida con intensidad y gozo. De alguna manera su intuición lo había guiado cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor camino. Casi todo el tiempo se sentía en paz y feliz; ensombrecía su ánimo, algunas veces, esa sensación de estar demasiado en función de sí mismo. Él había aprendido a hacerse cargo de sí y se amaba suficientemente como para intentar procurarse las mejores cosas. Sabía que hacía todo lo posible para cuidarse de no dañar a los demás, especialmente a aquellos de sus afectos. Quizás por eso le dolían tanto los señalamientos injustos, la envidia de los otros o las acusaciones de egoísta que recogía demasiado frecuentemente de boca de extraños y conocidos.

¿Alcanzaba para darle significado a su vida la búsqueda de su propio placer? ¿Soportaba él mismo definirse como un hedonista centrando su existencia en su satisfacción individual? ¿Cómo armonizar estos sentimientos de goce personal con sus concepciones éticas, con sus creencias religiosas, con todo lo que había aprendido de sus mayores? ¿Qué sentido tenía una vida que sólo se significaba a sí misma? Ese día, más que otros, esos pensamientos lo abrumaron.

Quizás debía irse. Partir. Dejar lo que tenía en manos de los otros. Repartir lo cosechado y dejarlo de legado para, aunque sea en ausencia, ser en los demás un buen recuerdo. En otro país, en otro pueblo, en otro lugar, con otra gente podría empezar de nuevo. Una vida diferente, una vida de servicio a los demás, una vida solidaria. Debía tomarse el tiempo de reflexionar sobre su presente y sobre su futuro.

Martín puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte. Le habían contado del silencio de la cima y de cómo la vista del valle fértil ayudaba a poner en orden los pensamientos de quien hasta allí llegaba.

En el punto más alto del monte giró para mirar su ciudad quizás por última vez. Atardecía y el poblado se veía hermoso desde allí.

- "Por un peso te alquilo el catalejo. "

Era la voz de un viejo que apareció desde la nada con un pequeño telescopio plegable entre sus manos y que ahora le ofrecía con una mano mientras con la otra, tendida hacia arriba, reclamaba su moneda. Martín encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la dio al viejo, que desplegó el catalejo y se lo alcanzó. Después de un rato de mirar consiguió ubicar su barrio, la plaza y hasta la escuela frente a ella. Algo le llamó la atención. Un punto dorado brillaba intensamente en el patio del antiguo edificio. Martín separó sus ojos del lente, parpadeó algunas veces y volvió a mirar. El punto dorado seguía allí.

- "¡Qué raro!", exclamó Martín sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.

- "¿Qué es lo raro?", preguntó el viejo.

- "El punto brillante", dijo Martín, "ahí en el patio de la escuela", siguió, alcanzándole al viejo el telescopio para que viera lo que él veía.

- "Son huellas", dijo el anciano.

- "¿Qué huellas?", preguntó Martín.

- "¿Te acuerdas de aquel día...? Debías tener siete años; tu amigo de la infancia, Javier, lloraba desconsolado en ese patio de la escuela. Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clases. Él había perdido el dinero y lloraba a mares", contestó el viejo.

Y después de una pausa siguió:

- "¿Te acuerdas de lo que hiciste? Tenías un lápiz nuevecito que estrenarías ese día. Te arrimaste al portón de entrada y cortaste el lápiz en dos partes iguales, sacaste punta a la mitad cortada y le diste el nuevo lápiz a Javier."

- "No me acordaba", dijo Martín. "Pero eso ¿qué tiene que ver con el punto brillante?"

- "Javier nunca olvidó ese gesto y ese recuerdo se volvió importante en su vida."

- "¿Y?"

- "Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros", explicó el viejo, "las acciones que contribuyen al desarrollo de los demás quedan marcadas como huellas doradas."

Volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante en la vereda a la salida del colegio.

- "Ese es el día que saliste a defender a Pancho, ¿te acuerdas? Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo arrancado."

Martín miraba la ciudad.

- "Ese que está ahí en el centro", siguió el viejo, "es el trabajo que le conseguiste a Don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica...y el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que juntaste el dinero que hacía falta para la operación del hijo de Ramírez... las huellas esas que salen a la izquierda son de cuando volviste del viaje porque la madre de tu amigo Juan había muerto y quisiste estar con él."

Apartó la vista del telescopio y, sin necesidad de él, empezó a ver cómo miles de puntos dorados aparecían desparramados por toda la ciudad. Al terminar de ocultarse el sol, todo el pueblo parecía iluminado por sus huellas doradas.

Celebramos hoy el día de La Huella, la más importante que vamos a encontrar en nuestra vida, aquella que nos dejó Jesús para que la disfrutáramos, su amor entregado en su cuerpo y en su sangre.

Hoy Jueves Santo recordamos que el amor deja huella en nuestras vidas, que la Eucaristía debe de clavarse en lo más profundo de nuestro ser y recordarnos cada día que si él nos amó hasta el extremo, debemos nosotros hacer lo mismo. Dejar huellas en las vidas de los demás, grabar nuestro amor en sus corazones, porque sólo así viviremos y experimentaremos verdaderamente la Eucaristía, el mayor gesto de amor.

No dejemos que la rutina, las costumbres o incluso los curas, borren de nuestra vida esa huella. Renovémosla cada día y sobre todo vayamos con nuestro amor dejando huellas en los demás, de esas que no se borran, de esas que se disfrutan, de las que tocan el corazón, lo ablandan y enternecen y te hacen disfrutar.

FELIZ DÍA DEL AMOR, FELIZ JUEVES SANTO. QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 28 de marzo de 2021

DOMINGO DE RAMOS

 

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (15,1-39):

 

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Él respondió:

+ «Tú lo dices.»

C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:

S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»

C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:

S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»

C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:

S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»

C. Ellos gritaron de nuevo:

S. «¡Crucifícalo!»

C. Pilato les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho?»

C. Ellos gritaron más fuerte:

S. «¡Crucifícalo!»

C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio– y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:

S. «¡Salve, rey de los judíos!»

C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:

S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»

C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:

S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»

C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, jesús clamó con voz potente:

+ «Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.»

C. Que significa:

+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»

C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

S. «Mira, está llamando a Elías.»

C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:

S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»

C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

HOMILÍA

El sol se despedía del Imperio Tré. El vasallo caminaba junto a la anciana del molino amarillo. Iban conversando sobre la vida.

- “¿Qué es lo que más te gusta de la vida, anciana?”

La viejecilla del molino amarillo se entretenía en lanzar los ojos hacia el ocaso.

- “Los atardeceres”

El vasallo preguntó, confundido:

- “¿No te gustan más los amaneceres? Mira que no he visto cosa más hermosa que el nacimiento del sol allá, detrás de las verdes colinas de Tré”

Y, reafirmándose en lo dicho, agregó:

- “¿Sabes?... Yo prefiero los amaneceres.”

La anciana dejó sobre el piso la canastilla de espigas que sus arrugadas manos llevaban. Dirigiéndose hacia el vasallo, con tono de voz dulce y conciliador, dijo:

- “Los amaneceres son bellos, sí. Pero las puestas de sol me dicen más. Son momentos en los que me gusta reflexionar y pensar mucho. Son momentos que me dicen cosas de mí misma.”

- “¿Cosas? ¿De ti misma...?”, inquirió el vasallo. No sabía a qué se refería la viejecilla con aquella frase.

Antes de cerrar la puerta del molino amarillo, la anciana añadió:

- “Claro. La vida es como un amanecer para los jóvenes como tú. Para los ancianos, como yo, es un bello atardecer. Lo que al inicio el precioso, al final llega a ser plenamente hermoso. Por eso prefiero los atardeceres... ¡mira!”

La anciana apuntó con su mano hacia el horizonte. El sol se ocultó y un cálido color rosado se extendió por todo el cielo del Imperio Tré. El vasallo guardó silencio. Quedó absorto ante tanta belleza.

Hoy Domingo de Ramos comenzamos el amanecer de nuestra Semana Santa. Es el inicio de algo bello, pero que tendrá su plena belleza en la entrega de Jesús en la cruz y en su resurrección.

Para nosotros los cristianos esta Semana es un fiel reflejo de lo que tiene que ser nuestra vida, una vida llena de oportunidades para disfrutar, para sentir la belleza de lo que nos rodea, pero también para pasar por momentos de pasión, de sufrimiento. Pero tanto en los buenos como en los malos momentos sabemos que el final es hermoso, merece la pena. Pero también sabemos que durante todo ese trayecto, vamos cogidos de la mano de aquel que nos ama, que se entregó por nosotros.

Disfrutemos de esta Semana Santa como disfrutamos de nuestra vida, sabiendo que debemos entregarnos al cien por cien, pero también sabiendo que el final es lo más hermoso de ella ya que por mucha pasión, siempre llega, como el ocaso del día, la resurrección.

FELIZ SEMANA SANTA, Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 21 de marzo de 2021

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 12, 20-33

En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos gentiles; éstos acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

-- Señor, quisiéramos ver a Jesús.

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó:

-- Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre. Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva el Padre le premiará. Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré? : Padre líbrame e esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre glorifica tu nombre.

Entonces vino una voz del cielo:

-- Lo he glorificado y volveré a glorificarlo

La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo:

-- Esta voz no he venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

HOMILIA

 Una noche se reunieron las mariposas. Trataba, anhelantes, de examinar la forma de conocer de cerca el fuego. Unas a otras se decía: “Conviene que alguien nos informe un poco sobre el tema”.

Una de ellas se fue a un castillo. Y desde fuera, a lo lejos vio la luz de una candela. A su vuelta vino contando sus impresiones, de acuerdo con lo que había podido comprender.

Pero la mariposa que presidía la reunión no quedó bastante satisfecha: “No sabes nada sobre el fuego”, dijo.

Fue otra mariposa a investigar. Esta penetró en el castillo y se acercó a la lámpara, pero manteniéndose lejos de la llama. También ella aportó su pequeño puñado de secretos, refiriendo entusiasta su encuentro con el fuego. Pero la mariposa sabia contestó: “Tampoco esto es un auténtico informe, querida. Tu relato no aporta más que los anteriores”.

Partió luego una tercera hacia el castillo. Ebria y borracha de entusiasmo se posó batiendo sus alas, sobre la pura llama. Extendió las patitas y la abrazó entusiasta, perdiéndose en ella alegremente. Envuelta totalmente por el fuego, como el fuego sus miembros se volvieron al rojo vivo.

Cuando la mariposa sabia la vio de lejos convertirse en una sola cosa con el fuego, llegando a ser del color mismo de la luz, dijo: “Sólo ésta ha logrado la meta. Sólo ella sabe ahora algo sobre la llama”.

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo”. Esta frase no la dijo el Señor solo por él, sino también por nosotros. Nos gloriamos de ser cristianos, de ser seguidores de la luz que vino a este mundo a salvarnos, pero sólo si nos fundimos con la luz, si nos hacemos uno con ella será cuando de verdad sepamos lo que significa ser cristiano de verdad.

El seguir a Jesucristo, supone compartir con él su destino, unirse a él, o lo que es lo mismo, darse por completo a los demás.

Hoy el Señor nos propone hacernos uno con él, compartir su cruz, para así poder tener vida y vida en abundancia y poder darla también a los demás.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 14 de marzo de 2021

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 3, 14- 21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

-- Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

HOMILÍA

Dos hombres, ambos enfermos de gravedad, compartían el mismo cuarto del hospital.
A uno de ellos se le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación.
El otro tenía que permanecer acostado de espaldas todo el tiempo.
Conversaban incesantemente todo el día y siempre hablaban de sus esposas y familias, sus hogares, empleos, experiencias durante sus servicios militares y sitios visitados durante sus vacaciones.

Todas las tardes el paciente ubicado al lado de la ventana se pasaba el tiempo relatándole a su compañero de cuarto lo que veía. Con el tiempo, el compañero acostado de espaldas -que no podía asomarse a la ventana- se desvivía por esos períodos de una hora durante los que se deleitaba con los relatos de las actividades y colores del mundo exterior.
La ventana, según su compañero, daba a un parque con un bello lago. Los patos y cisnes se deslizaban por el agua mientras los niños jugaban con sus botecitos a la orilla. Los enamorados se paseaban tomados de la mano entre las flores multicolores, en un paisaje con árboles majestuosos. En la distancia se divisaba una bella vista de la ciudad.
A medida que el paciente cerca de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos, su compañero cerraba los ojos e imaginaba un cuadro pintoresco.
Una tarde le describió un desfile que pasaba por el hospital y aunque él no pudo escuchar la banda, lo pudo ver a través del ojo de la mente mientras su compañero se lo describía.

Pasaron los días y las semanas y una mañana, la enfermera al entrar para el aseo matutino, encontró el cuerpo sin vida del paciente cuya cama estaba cerca de la ventana. Parecía haber expirado tranquilamente, durante su sueño.
Con mucha tristeza, avisó para que trasladaran el cuerpo. Al día siguiente, el otro paciente pidió que lo trasladaran cerca de la ventana. A la enfermera le agradó hacer el cambio y luego de asegurarse de que estaba cómodo, lo dejó solo.
Con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó de un codo para poder mirar al mundo exterior por primera vez. Finalmente tendría la alegría de verlo por sí mismo.
Se esforzó para asomarse a la ventana y lo que vio fue la pared del edificio de al lado.
Confundido y entristecido, le preguntó a la enfermera qué sería lo que animó a su difunto compañero de cuarto a describir tantas cosas maravillosas que dijo haber visto a través de la ventana.
La enfermera le respondió que el señor era ciego y no podía ver ni la pared de enfrente.
"Quizás solamente deseaba animarlo a usted", dijo.

Jesucristo vino a este mundo a traernos luz, no a solucionarnos los problemas. De nosotros depende ver la realidad desde la luz del Evangelio, o desde la oscuridad de nuestra vida.

La verdadera misión de un cristiano, no es quitarse los males y las penas, ni siquiera quitárselos al que tienes al lado, porque la mayoría de las veces no está en nuestra mano. Pero si podemos afrontar la realidad de manera distinta si nos dejamos guiar por la luz del Evangelio y hacer que poco a poco vaya cambiando la realidad, por el simple hecho de que nuestra percepción de ella sea distinta.

No dejemos que la oscuridad inunde nuestras almas. Dejemos que sea la luz de Jesucristo la que ilumine nuestra vida y seguro que esa luz la va transformando y nos va transformando haciendo que todo lo que nos rodea sea nuevo y especial.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 7 de marzo de 2021

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 2, 13- 25

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

-- Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: "el celo de tu casa me devora".

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

-- ¿Qué signos nos muestras para obrar así?

Jesús contestó:

-- Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Los judíos replicaron:

-- Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de lo que había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía, pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

HOMILÍA

Un día un padre y su hijo entraron en una iglesia. El niño se quedó mirando unos grandes ventanales que estaban en las paredes. Los rayos del sol los atravesaban y llenaban la iglesia de un color especial. El niño preguntó a su padre: -Papá, ¿qué es eso que brilla y que tiene tantos colores?. Y el padre respondió: -Son vidrieras. Ventanas que están hechas con cristales de muchos colores y que forman algún dibujo con ellos.  El niño se quedó mirando hacia arriba y continuó preguntando: -¿Y quiénes son esos señores que están dibujado en esas vidrieras?. El papá le volvió a contestar: -Son santos. -¿Santos? ¿Y eso qué es?- preguntó extrañado el niño. –Pues lo santos fueron personas tan buenas, que a través de ellas se podía ver lo bueno que era Dios. Pasaron por la vida haciendo el bien. Después de quedarse pensativo, el niño dijo a su padre: - Entonces los santos son como las vidrieras. El padre no entendió esta respuesta, pero el niño continuó hablando: -Sí, lo santos son como las vidrieras. Si a través de ellas podemos ver la luz del sol, a través de los santos podemos ver la luz de Dios. El padre quedó sorprendido por la respuesta de su hijo y le dijo: -Veo que has comprendido. Ahora ya sabes cómo puedes llegar a ser un santo como lo fueron ellos.

Hoy Jesucristo nos enseña que los verdaderos templos de Dios somos nosotros. Que es en nosotros donde Dios quiere habitar, y sobre todo que es a través nuestra donde quiere mostrarse al mundo.

Las grandes catedrales, las grandes Iglesias, no son más que simples edificios, aunque sirvan para acercar a la gente a Dios. Pero los que de verdad debemos trasmitir a ese Dios somos nosotros, a través de nuestra vida.

Que nunca nos cansemos de ser el lugar privilegiado donde Dios quiere habitar, y sobre todo que nunca nos cansemos de ser casa de Dios para que todo el que quiera pueda acercarse a Dios por medio de nuestra vida.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 28 de febrero de 2021

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 9, 2, 10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les apreció Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:

-- Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:

-- Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús los mandó:

-- No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Esto se les quedó grabado y discutían que querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

HOMILÍA

UNA CARTA DE DIOS PARA TI

“Cuando te levantabas esta mañana, te observaba y esperaba que me hablaras, aunque sólo fueran unas cuantas palabras preguntando mi opinión o agradeciéndome por algo bueno que te haya sucedido ayer. Pero noté que estabas muy ocupado buscando la ropa adecuada para ponerte e ir al trabajo. Seguí esperando de nuevo.

Mientras corrías por la casa arreglándote, supe que habría unos cuantos minutos para que te detuvieras y me dijeras: “¡Hola!”, pero estabas demasiado ocupado. Por eso encendí el cielo, lo llené de colores y dulces cantos de pájaros, por si me oías. Pero ni siquiera te diste cuenta de esto.

Te observé mientras ibas rumbo al trabajo y esperé pacientemente todo el día. Con todas tus actividades supongo que estabas demasiado ocupado para decirme algo. De regreso vi tu cansancio y quise rociarte un poco para que el agua se llevara tu estrés; pensé agradarte para que así pensaras en mí, pero enfurecido ofendiste mi nombre. Deseaba tanto que me hablaras.

Después, al llegar a tu casa, encendiste el televisor, esperé pacientemente mientras lo veías y cenabas, pero nuevamente olvidaste hablar conmigo. Te noté cansado y entendí tu silencio, así que apagué el resplandor del cielo, pero no te dejé a oscuras, dejé prendida una estrella. En verdad fue hermoso, pero no estuviste interesado en verla.

A la hora de dormir, creo que ya estabas agotado. Después de decirle buenas noches a tu familia, caíste en la cama y casi de inmediato te dormiste. Acompañé con música tu sueño y mandé a mis ángeles nocturnos que te protegieran. No te diste cuenta, pero yo, despierto, pasé toda la noche junto a ti, velando con amor tu sueño.

Ya ves que tengo más paciencia de la que te imaginas. También quisiera enseñarte cómo tener paciencia y amor por los demás.

YO TE AMO TANTO que espero todos los días por una oración y el paisaje que pinto cada día es para ti. Pero bueno, te estás levantando de nuevo y otra vez, un día más, esperaré, sin nada más que mi amor por ti. ¡Que tengas un buen día, hijo mío!!”.

Tu Padre y Amigo: DIOS.

Descubrir en medio de este mundo a ese Dios que nos ama, que entregó a su Hijo por nosotros, que está siempre esperando, es el verdadero sentido de la transfiguración. Dios cada día nos muestra su gloria en las miles de cosas y personas que nos rodean, solamente hace falta unos ojos dispuestos para verlo y descubrirlo.

Nuestra vida esté llena de la presencia de Dios, pero andamos tan ocupados en nuestros problemas y en nuestros asuntos, que pasamos la mayoría del tiempo con los ojos cerrados para Dios.

Que cada día sintamos la experiencia del monte Tabor, como los discípulos, para reconocer a ese Dios que se ha hecho hombre solo por amor a nosotros, y que quiere entregarnos un mundo lleno de Él.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 21 de febrero de 2021

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 12- 15

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás, vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

-- Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creer en el Evangelio.

HOMILÍA

Cierto día un muchacho se acercó a un maestro y le pidió que le enseñara quien era Dios. El maestro le dijo que no se lo podía enseñar. Pero el joven insistió tanto que el maestro le dijo que lo siguiera.

Llegaron a la orilla de un arroyo y el maestro le pidió que se acercase al arroyo y que mirara el fondo del rio. Cuando el joven estaba agachado el maestro lo cogió de la cabeza y la metió en el agua. En cuanto el joven tuvo la cabeza metida en el agua comenzó a patalear y a mover los brazos.

Al sacarlo el maestro le preguntó: ¿en quién has pensado mientras tenias la cabeza metida en el agua, en tu familia, en tus amigos?

No, repuso el joven, solo en que quería respirar, tenía hambre de aire.

Pues cuando tengas la misma hambre de Dios, entonces podré enseñarte quien es Él, repuso el maestro.

Solamente cuando se desea por completo a Dios, él puede entrar en nuestra vida, y por eso, la Iglesia nos presenta 40 días para ir abriéndonos el hambre de Él, de su gran misterio, de su muerte y resurrección.

La cuaresma no es un tiempo para preparar las cosas de Semana Santa, sino para preparar nuestra vida ante ese gran misterio que celebramos. Todas las prácticas cuaresmales, como el ayuno, la abstinencia, la confesión, son simples formas de ir abriéndonos el apetito de Dios, buscando esa hambre de Dios que nos haga desearlo por encima de todo.

Por eso vamos a buscar aquello que nos pueda servir para tener hambre de Dios. Abstengámonos de todo aquello que nos sacia parcialmente, y busquemos completar nuestra vida sólo con aquel que nos puede llenar de verdad.

Aprovechemos esta Cuaresma, para que cuando llegue la Semana Santa, podamos vivirla en plenitud, porque tengamos hambre de Dios, hambre de vida.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 14 de febrero de 2021

SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 40-45

En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

-- Si quieres, puedes limpiarme.

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo:

-- Quiero: queda limpio

La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él le despidió encargándole severamente:

-- No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.

Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aún así acudían a él de todas partes.

HOMILÍA

Cierto día un muchacho llegó a un castillo impresionante, del que había oído hablar maravillas, ya que en él se albergaba una gran colección de obras de arte.

Cuando llegó a la puerta lo estaba esperando un anciano, que era el guarda del castillo. Se acercó y le preguntó: ¿Cuánto cuesta entra?.

La entrada es gratuita, dijo el anciano, sólo con una condición, tendrás que llevar esta cuchara llena de aceite durante todo el recorrido, y podrás derramar ni una sola gota. Si derramas algo del aceite, tendrás que pagar 100€.

El muchacho aceptó, y comenzó la visita, con su cuchara en la mano. Después de dos horas recorriendo el castillo, volvió a donde estaba el anciano. Traía la cuchara llena de aceite.

¿Has visto el maravilloso techo que hay en el salón principal?, le dijo el anciano.

No me he fijado. De hecho, no he visto ninguna de las obras de arte que dicen que hay en este castillo. Estaba más preocupado de no derramar el aceite, dijo en tono enfadado el joven.

El anciano lo miró con cariño y le dijo: anda vuelve a hacer el recorrido sin la cuchara, y fíjate en todas las maravillas que tiene el castillo.

El muchacho agradecido comenzó de nuevo la visita, y al terminarla volvió entusiasmado con la belleza que albergaba aquel lugar.

Que maravilla, dijo el joven al anciano con una gran sonrisa en su cara. ¿Qué sentido tiene que haya realizado la primera visita con la cuchara llena de aceite? Así me habría perdido ver esta maravilla.

El anciano contestó: Una gran obra de arte, no sólo sirve para contemplarla, debe servir para la vida, porque así lo quiso el artista. Que todo el que la mire, termine transformado. Tu primera visita, se centró sólo en no derramar el aceite, y olvidaste lo que te rodeaba. Te centraste en ti mismo, y no eras capaz de ver más allá de ti. En la segunda visita, te abriste al mundo que te rodeaba, te olvidaste de lo que llevabas en ti y pudiste contemplar lo que había a tu alrededor, y tu corazón se sintió transformado.

En la vida ocurre lo mismo. Cuando dejamos de mirar hacia nosotros, cuando abrimos los ojos al mundo que nos rodea, es cuando descubrimos la belleza que Dios ha creado para nosotros Una belleza que se plasma en el hombre que vemos cada día, en la persona que se cruza en nuestra vida, y que sólo acercándonos a ella, podremos descubrirla, podremos amarla, podremos acogerla.

Jesucristo sabía que era importante mostrarle a la gente de su tiempo, y a nosotros, que sólo saliendo de nosotros mismos y acercándolos a los demás podríamos llegar a ver más allá de las apariencias. El descubre al hombre detrás de la lepra, nosotros debemos descubrir a la persona detrás de tantas máscaras que nos lo ocultan a los ojos, y la única forma es acercándonos y tocándolos. Saliendo de nuestras preocupaciones y mirando con ojos nuevos.

Hoy la Iglesia celebra Manos Unidas, para recordarnos que miremos más allá de nosotros mismos, a aquellos que están pasando necesidad, a aquellos que nos necesitan, que nos abramos al amor y contagiemos al mundo nuestra solidaridad.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 7 de febrero de 2021

QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la Sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marcho al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:

--Todo el mundo te busca.

Él les respondió:

-- Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando demonios.

HOMILÍA

Cuentan que un sacerdote se aproximó a un herido en medio de una dura batalla de una lejana guerra, y le preguntó: ¿quieres que te lea la Biblia?  - Primero dame agua, que tengo sed- le respondió el herido. Y el sacerdote le entregó el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en muchos kilómetros a la redonda. – Y ahora, ¿quieres que te lea la Biblia?- volvió a insistir el sacerdote. – Primero dame de comer- suplicó el herido. Y el sacerdote le dio el último mendrugo de pan que guardaba en su mochila. – Tengo frío- fue el siguiente lamento del herido, y el sacerdote se despojó de su abrigo, a pesar del frío que calaba hasta los huesos, y cubrió al lesionado. – Ahora sí, le dijo el herido al sacerdote, ahora puedes hablarme de ese Dios que te hizo darme tu última agua, tu último mendrugo y tu único abrigo. Ahora quiero conocer a tu Dios

Esta es la forma de evangelizar de Jesús, primero se acerca al hombre, lo ama, lo acoge, y después le muestra su mensaje. Primero cura a los enfermos, les muestra que para él lo más importante son ellos, y después los evangeliza.

Nosotros queremos empezar la casa por el tejado. ¿Cómo vamos nosotros a dar a conocer a un Dios que es Amor, si nosotros no amamos primero?. ¿Cómo vamos a dar a conocer a un Dios que es Perdón, si nosotros no perdonamos primero?. Nuestra tarea de evangelizar, al igual que la de Jesús, comienza por hacer que la persona descubra su dignidad, descubra que se merece que la amen, que la acojan, y después podremos hablarle de ese Dios que ha transformado nuestra vida, y que ha hecho de nosotros sus mensajeros, llevando su mensaje de amor.

Que el Señor nos ayude a ser buenos evangelizadores, porque así nos acercaremos a las personas para amarlos, como Dios nos ama a nosotros, y a través de ese amor, le daremos a conocer nuestra fe.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 31 de enero de 2021

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 21-28

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la Sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su enseñanza, porque no enseñaba como los letrados, sino con autoridad. Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

-- ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quien eres: el Santo de Dios.

Jesús le increpó:

-- Cállate y sal de él.

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:

-- ¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta los espíritus inmundos les manda y le obedecen.

Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

HOMILÍA

Resulta curioso, que después de ver un gran milagro, como fue la curación del endemoniado, la gente se asombre por su forma de enseñar. Lo que más les llama la atención es que enseña con autoridad.

Y es que precisamente, esa autoridad, y esa fuerza de su palabra es la que hace posible la curación. La fuerza de la predicación de Jesús, que le lleva a que con cinco palabras, “cállate y sal de él” sane a un hombre, es lo que hoy nos quiere transmitir el Señor.

La palabra de Jesús poseía fuerza no porque gritara, ni porque diera miedo. La palabra de Jesús tenía fuerza simplemente porque la acompañaba con obras, la hacía vida. Un “te quiero” es importante, pero hace mucho bien cuando lo acompañamos con gestos, sino se queda en palabras que se lleva el viento.

La tarea de todo cristiano consiste en hacer realidad y actualizar aquellas enseñanzas de Jesús. Como discípulos suyos es tarea nuestra seguir anunciando el evangelio.

Un día que decía esto mismo, se me acercó un hombre y me dijo que no estaba de acuerdo, que la tarea de predicar era cosa de curas y que él para ser cristiano le bastaba con tener fe. Yo que estaba recién salido del seminario no supe bien que contestarle. Y hoy me he acordado de aquello, y si lo volviera a encontrar simplemente le contaría esta historia: "... Varios hombres habían quedado encerrados por error en una oscura caverna donde no podían ver casi nada. Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender una pequeña tea. Pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver nada. Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás prendieran su propia tea y así compartiendo la llama con todos la caverna se iluminó".

Nos enseña este relato que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario la hace crecer.

El compartir todo, y en especial la fe nos enriquece en lugar de hacernos más pobres, porque los momentos más felices son aquellos que hemos podido compartir.

Que Dios nos dé siempre la luz para iluminar a todos los que pasen por nuestro lado. Si una vela enciende a otra,
 y así pueden llegan a brillar miles de ellas, de igual modo si iluminas tu corazón con amor, puede que ilumines a otro corazón, así se pueden llegar iluminar a miles de corazones con amor.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 24 de enero de 2021

DOMINGO TERCERO DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 14-20

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

-- Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.

Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.

Jesús les dijo:

-- Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él.

HOMILÍA

En una ciudad había dos monasterios. Uno era muy rico, mientras el otro era muy pobre. Un día, uno de los monjes pobres bajó al monasterio de los monjes ricos para saludar a un amigo que tenía allí.

- Durante cierto tiempo no volveremos a vernos, amigo mío, dijo el monje pobre. Voy a emprender como peregrino un largo viaje y a visitar cien grandes santuarios. Acompáñame con tus oraciones porque deberé escalar grandes montañas y atravesar ríos peligrosos.

- ¿Y qué llevarás contigo para un viaje tan largo y arriesgado?, - preguntó el monje rico.

- Sólo una taza para el agua y una escudilla para el arroz, - sonrió el monje pobre.

El otro quedó muy sorprendido y lo miró severamente.

- ¡Tú simplificas demasiado las cosas, amigo mío! No hay que ser tan atolondrado y tan poco previsor. También yo voy a iniciar la peregrinación a los cien santuarios, pero no partiré ciertamente hasta que no esté seguro de tener conmigo todo lo que me pueda ser útil para el viaje.

Un año más tarde, el monje pobre volvió a casa y se apresuró a visitar al amigo rico para contarle la grande y rica experiencia espiritual que había adquirido durante la peregrinación. El monje rico manifestó sólo una pizca de contrariedad, cuando debió confesar:

- Desgraciadamente, yo no he logrado aún acabar mis preparativos para la peregrinación.

 

Cuantas excusas, cuantos pretextos a la hora de seguir a Jesús. Cuántas cosas debemos hacer, cuántas responsabilidades tenemos que nos impiden ponernos manos a la obra en nuestra vida de cristianos.

Hoy el Señor nos pide que le sigamos, que dejemos todo lo que haya en nuestra vida que nos estorba para seguirlo, que lo coloquemos a Él como lo principal en nosotros. No nos pide que abandonemos nuestras obligaciones, pero sí que ellas no nos impidan seguirle con radicalidad.

Hoy nos pide ser el primero en nuestra escala de valores, o lo que es lo mismo, que antepongamos las necesidades de los demás a las nuestras, que prediquemos con el ejemplo entregándonos por completo a aquello que nos necesitan.

Hoy es un buen momento para volver a revisar nuestro compromiso con el Señor, y para volver a decirle que queremos que él sea lo más importante en nuestra vida. No permitamos que nada ni nadie nos impida ponernos en camino y seguirle.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA

domingo, 17 de enero de 2021

DOMINGO SEGUNDO DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1, 35-42

En aquel tiempo estaba Juan con dos de sus discípulos y fijándose en Jesús que pasaba, dijo:

--Este es el cordero de Dios.

Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús, Jesús se volvió y al ver que lo seguían, les pregunto:

--¿Qué buscáis?

Ellos le contestaron:

--Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?

Él les dijo:

--Venid y lo veréis

Entonces fueron, vieron donde vivían y se quedaron aquel día, serían las cuatro de la tarde.

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo:

--Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).

Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:

-- Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro).

HOMILÍA

Un hombre encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue incubado junto con la nidada de polluelos, y creció con ellos. Y aquella águila hacía lo que hacían los pollos del corral, creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba. Y movía las alas y volaba unos pocos metros.

 

Pasaron los años y el águila envejeció. Un día vio un ave magnífica volando por encima de ella, en el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre las poderosas corrientes de aire, moviendo sus fuertes alas doradas. La vieja águila miraba hacia arriba con asombro.

- ¿Quién es ella? —peguntó.

- Ella es el águila, la reina de las aves —le dijo su vecina—. Nadie vuela como ella, nadie puede cazar como ella. Ella pertenece al cielo. Nosotras, en cambio,  pertenecemos a la tierra; somos gallinas. ¡Tú eres una gallina!

Así, aquella pobre águila vivió y murió creyendo que en verdad era una gallina.

 

Si nadie nos hubiera hablado de Dios, si nadie se hubiera preocupado de enseñarnos qué significa ser cristiano, y cuál debe ser nuestra forma de vivir y de creer, no podríamos disfrutar de todo lo que nuestra fe nos da. Pero si nosotros no hubieramos dado el paso de seguir a Cristo, si nosotros no hubiéramos decidido seguirlo, seguiríamos siendo como aquella águila.

 

Hoy Juan el Bautista nos muestra a Jesús, nos muestra el camino a seguir, de nosotros depende el querer seguirlo, el seguir adelante, el caminar con Jesús, el buscarlo en medio de nuestra vida, en los rostros de la gente que nos encontramos, en el corazón de aquél que nos ha herido, o de aquel que nos necesita.

 

Tenemos cada día nuevas oportunidades para seguir a aquel que es el Cordero de Dios, y lo mejor, tenemos cada día la oportunidad de señalar el camino para que otros al vernos puedan seguir a Aquel que a nosotros nos da la felicidad.

 

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.