domingo, 19 de febrero de 2023

DOMINGO SEPTIMO DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 38-48

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Sabéis que está mandado: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, al que te pide prestado, no lo rehúyas.

Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo’. Yo en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto.”

 

HOMILIA

¿Qué hacéis de extraordinario?. Esa es la pregunta clave del evangelio de hoy. Esa es la pregunta que debemos hacernos nosotros cada día, como cristianos, como sacerdotes, como padres de familia, como hijos, como vecinos, como amigos.

Nuestra vida está inserta en una monotonía que hace que nuestra fe siga los mismos derroteros. Nos hemos acostumbrado a creer, a ser cristianos, que la normalidad se ha instalado en nuestras vidas y ya nada parece extraordinario, o más bien, ya no hacemos nada extraordinario.

Lo que a los cristianos nos hace distintos a los demás no es nuestra fe, ni nuestra implicación con la Iglesia. Lo que de verdad nos hace distintos, es lo que la fe y el amor a la Iglesia influye en nuestra vida.

El mensaje del evangelio es claro: debemos esforzarnos por amar sin condiciones a aquellos que no nos quieren. Amar por encima de ideas, de sentimientos, de relaciones buenas o malas. Amar aunque no seamos amados, amar aunque nos duela, amar en definitiva a todos y siempre, sin excepción.

Cuentan, que Teresa de Calcuta, un día caminando por la calle se encontró a un enfermo tirado en el suelo. Ella lo cogió, lo llevó a su casa y lo comenzó a limpiar y a curar. El enfermo la miró entonces y le dijo, perdona hermana pero yo no soy de los suyos. A lo que ella le respondió, pero si eres de mi Dios.

Y es que es precisamente esa la actitud que nosotros como cristianos debemos tener ante los demás. Una actitud de entrega generosa, una actitud de servicio, una actitud como la de Jesús, que estando en la cruz sólo tuvo palabras de perdón y de amor para los que lo crucificaban.

Hagamos de nuestra vida algo extraordinario, hagamos de nuestra vida algo que interpele a los demás. Hagamos de nuestra vida una vida parecida a la de Jesús.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 12 de febrero de 2023

DOMINGO SEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 17- 37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien lo cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los Cielos.

Os aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado.

Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.

Habéis oído el mandamiento “no cometerás adulterio”. Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.

Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el Abismo. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar al Abismo. Está mandado: “El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.” Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer -–excepto en caso de prostitución-- la induce al adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio.

Sabéis que se mandó a los antiguos; “No jurarás en falso” y ”Cumplirás tus votos al Señor.” Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir si o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

 

HOMILÍA

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.

Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor:
Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.

Mi querido amigo -le dijo el profesor-, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres.

Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre.  Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

 Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos.  El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo.

 Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y  encontró la moneda.  Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado.  Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió
a mirar.

Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie.  La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda.

Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

 El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de
lágrimas.

Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras
hecho una broma?

 El joven respondió:
Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré.  Ahora entiendo
 algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir.

Cuando Jesús habla de normas, mandamientos, no lo hace nunca para fastidiarnos, para ponernos las cosas tan difíciles que ninguno podamos llegar a cumplirlas, sino para que, intentando vivir según esas normas, podamos disfrutar de la alegría de amar.

Se nos olvida muchas veces que el ser cristiano consiste en vivir felices, no en cumplir preceptos, y cuando eso sucede, todo se nos vuelve una carga insoportable. La vida del cristiano solo tiene un fin, poder vivir esta vida desde la alegría, y todo lo que Jesús nos pide es para poder cumplir ese camino.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 5 de febrero de 2023

QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 13- 16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

--Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del candelero, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

 

HOMILÍA

Martín había vivido gran parte de su vida con intensidad y gozo. De alguna manera su intuición lo había guiado cuando su inteligencia fallaba en mostrarle el mejor camino. Casi todo el tiempo se sentía en paz y feliz; ensombrecía su ánimo, algunas veces, esa sensación de estar demasiado en función de sí mismo. Él había aprendido a hacerse cargo de sí y se amaba suficientemente como para intentar procurarse las mejores cosas. Sabía que hacía todo lo posible para cuidarse de no dañar a los demás, especialmente a aquellos de sus afectos. Quizás por eso le dolían tanto los señalamientos injustos, la envidia de los otros o las acusaciones de egoísta que recogía demasiado frecuentemente de boca de extraños y conocidos.

¿Alcanzaba para darle significado a su vida la búsqueda de su propio placer? ¿Soportaba él mismo definirse como un hedonista centrando su existencia en su satisfacción individual? ¿Cómo armonizar estos sentimientos de goce personal con sus concepciones éticas, con sus creencias religiosas, con todo lo que había aprendido de sus mayores? ¿Qué sentido tenía una vida que sólo se significaba a sí misma? Ese día, más que otros, esos pensamientos lo abrumaron.

Quizás debía irse. Partir. Dejar lo que tenía en manos de los otros. Repartir lo cosechado y dejarlo de legado para, aunque sea en ausencia, ser en los demás un buen recuerdo. En otro país, en otro pueblo, en otro lugar, con otra gente podría empezar de nuevo. Una vida diferente, una vida de servicio a los demás, una vida solidaria. Debía tomarse el tiempo de reflexionar sobre su presente y sobre su futuro.

Martín puso unas pocas cosas en su mochila y partió en dirección al monte. Le habían contado del silencio de la cima y de cómo la vista del valle fértil ayudaba a poner en orden los pensamientos de quien hasta allí llegaba.

En el punto más alto del monte giró para mirar su ciudad quizás por última vez. Atardecía y el poblado se veía hermoso desde allí.

- "Por un peso te alquilo el catalejo. "

Era la voz de un viejo que apareció desde la nada con un pequeño telescopio plegable entre sus manos y que ahora le ofrecía con una mano mientras con la otra, tendida hacia arriba, reclamaba su moneda. Martín encontró en su bolsillo la moneda buscada y se la dio al viejo, que desplegó el catalejo y se lo alcanzó. Después de un rato de mirar consiguió ubicar su barrio, la plaza y hasta la escuela frente a ella. Algo le llamó la atención. Un punto dorado brillaba intensamente en el patio del antiguo edificio. Martín separó sus ojos del lente, parpadeó algunas veces y volvió a mirar. El punto dorado seguía allí.

- "¡Qué raro!", exclamó Martín sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.

- "¿Qué es lo raro?", preguntó el viejo.

- "El punto brillante", dijo Martín, "ahí en el patio de la escuela", siguió, alcanzándole al viejo el telescopio para que viera lo que él veía.

- "Son huellas", dijo el anciano.

- "¿Qué huellas?", preguntó Martín.

- "¿Te acuerdas de aquel día...? Debías tener siete años; tu amigo de la infancia, Javier, lloraba desconsolado en ese patio de la escuela. Su madre le había dado unas monedas para comprar un lápiz para el primer día de clases. Él había perdido el dinero y lloraba a mares", contestó el viejo.

Y después de una pausa siguió:

- "¿Te acuerdas de lo que hiciste? Tenías un lápiz nuevecito que estrenarías ese día. Te arrimaste al portón de entrada y cortaste el lápiz en dos partes iguales, sacaste punta a la mitad cortada y le diste el nuevo lápiz a Javier."

- "No me acordaba", dijo Martín. "Pero eso ¿qué tiene que ver con el punto brillante?"

- "Javier nunca olvidó ese gesto y ese recuerdo se volvió importante en su vida."

- "¿Y?"

- "Hay acciones en la vida de uno que dejan huellas en la vida de otros", explicó el viejo, "las acciones que contribuyen al desarrollo de los demás quedan marcadas como huellas doradas."

Volvió a mirar por el telescopio y vio otro punto brillante en la vereda a la salida del colegio.

- "Ese es el día que saliste a defender a Pancho, ¿te acuerdas? Volviste a casa con un ojo morado y un bolsillo del guardapolvo arrancado."

Martín miraba la ciudad.

- "Ese que está ahí en el centro", siguió el viejo, "es el trabajo que le conseguiste a Don Pedro cuando lo despidieron de la fábrica...y el otro, el de la derecha, es la huella de aquella vez que juntaste el dinero que hacía falta para la operación del hijo de Ramírez... las huellas esas que salen a la izquierda son de cuando volviste del viaje porque la madre de tu amigo Juan había muerto y quisiste estar con él."

Apartó la vista del telescopio y, sin necesidad de él, empezó a ver cómo miles de puntos dorados aparecían desparramados por toda la ciudad. Al terminar de ocultarse el sol, todo el pueblo parecía iluminado por sus huellas doradas.

Vosotros sois la sal, vosotros sois la luz, así es como el Señor les decía a sus discípulos y a todos nosotros que o pasamos por la vida dando sabor y luz a la vida de los demás o no estamos cumpliendo con la tarea que nos encomienda cada día.

La vida del cristiano es ser capaz de dejar en la vida de los demás esas huellas doradas, entrar en su vida mediante el amor desinteresado y transformarla, como la sal transforma el sabor de las comidas y como la luz trasforma la oscuridad.

No dejemos pasar las oportunidades que nos deja el Señor para poder hacer que los demás sientan cercano a ese Dios que envió a su hijo para que nuestra vida tuviera el sabor y luz del amor sin límites.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 29 de enero de 2023

DOMINGO CUARTO DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 1- 12a

EN aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

HOMILÍA

En cierta ocasión, se reunieron todos los Dioses y decidieron crear al hombre y la mujer, y planearon hacerlo a su imagen y semejanza.

Entonces uno de ellos dijo:

- “Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra… debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, ya que, de no ser así, estaremos creando nuevos dioses. Debemos quitarles algo, pero… ¿qué les quitamos?”

Después de mucho pensar otro dijo:

- “¡Ya sé, vamos a quitarles la felicidad!... pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás”.

Propuso el primero:

- “Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo”, a lo que inmediatamente repuso otro:

- “No, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está”.

Luego propuso otro:

- “Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar”, y otro contestó:

- “No, recuerda que les dimos inteligencia, alguna vez alguien va construir una esquina por la que pueda entrar y bajar y entonces la encontrarán”.

Uno más dijo:

- “Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra”. Y le dijeron:

- “No, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien va construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros”.

El último de ellos, que era un Dios que había permanecido en silencio, escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo:

- “Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren”

Todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono:

- “¿Dónde?”

- “La esconderemos dentro de ellos mismos… estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán”.

Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así: el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo...

Hoy el Señor nos deja en esta bellísima página del Evangelio un mapa para llegar a esa felicidad. Las bienaventuranzas no son una forma de fastidiarnos la vida, sino todo lo contrario, son el camino para mirar dentro de nosotros, para mirar al corazón del otro y así poder encontrar la alegría del amor, de la entrega, del perdón.

Las bienaventuranzas son la mejor forma de encontrarnos con nuestro verdadero yo, pero sobre todo con el verdadero tu, para poder desde la pobreza de espíritu, desde la mansedumbre, desde la misericordia, desde el hambre de justicia, encontrarnos con los que nos necesitan y con los que necesitan nuestra felicidad, nuestra alegría.

Nunca nos cansemos de vivir las bienaventuranzas, ellas nos llevan a la felicidad y así nosotros llevamos la felicidad al corazón de los demás.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 22 de enero de 2023

DOMINGO TERCERO DEL TIEMPO ORDINARIO

 Siempre que leo cualquiera de los relatos en los que Jesús llamó a sus discípulos, hago la misma reflexión: que facilidad tuvieron aquellos hombres para dejarlo todo y seguir a Jesús y lo que a mí me cuesta dejar ciertas cosas y ciertos hábitos que se que no son los mejores a la hora de ponerme al servicio de aquel me llama y que quiere que lo deje todo para seguirlo.

Un día, estaba con esta reflexión cuando leí en algún sitio la siguiente historia:

Un día decidí darme por vencido...renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi espiritualidad... quería renunciar a mi vida.
Fui al bosque para tener una última charla con Dios.

"Dios", le dije. "¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido?" Su respuesta me sorprendió..."

Mira a tu alrededor", El dijo:
"Ves el helecho y el bambú?"
"Sí", respondí.

"Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz. Les di agua. El helecho rápidamente creció.

Su verde brillante cubría el suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.

En el segundo año el helecho creció más brillante y abundante. Y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero no renuncié al bambú." Dijo Él.

"En el tercer año, aun nada brotó de la semilla de bambú. Pero no renuncié." Me dijo.

"En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. "No renuncié" dijo.


"Luego en el quinto año un pequeño brote salió de la tierra.
En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante. Pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 30 metros de altura. Se había pasado cinco años echando raíces.

Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir.

"No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar" me dijo Él. "¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces?"

"No renunciaría al bambú. Nunca renunciaría a ti. No te compares con otros" Me dijo. "El bambú tenía un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos eran necesarios y hacían del bosque un lugar hermoso".

"Tu tiempo vendrá" Dios me dijo. "¡Crecerás muy alto!"
"¿Qué tan alto debo crecer?" Pregunté.
"¿Qué tan alto crecerá el bambú?" Me preguntó en respuesta.
"¿Tan alto como pueda?" Indagué.

Espero que estas palabras puedan ayudarte a entender que Dios nunca renunciará a ti.

Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida. Continúa...

Dos cosas son las que comprendí con esta historia y que creo que hoy nos pueden ayudar a rezar un poco en el ratillo de la misa: La primera es que Dios, después de su llamada siempre tiene paciencia con nosotros, no se desespera, y sigue cuidándonos hasta que nosotros seamos capaces de dar fruto. No nos impone un tiempo ni nos marca unos objetivos. Solo nos llama para que nosotros demos lo que somos y a nuestro tiempo.

Y lo segundo que comprendí, es que todas las cosas que nos pasan en esta vida tienen un único propósito, el hacernos crecer, el hacernos avanzar. La llamada de Dios es esa luz que brilla en nuestra vida y que ilumina nuestro camino. Una luz que nos hace ver de manera nueva y diferente lo que nos ocurre e incluso lo que somos. Porque sólo a la luz de Dios nuestra vida cobra un sentido nuevo, un sentido de trascendencia, un sentido de plenitud.

Puede que nuestra vida no sea perfecta, y que nuestra respuesta a la llamada de Dios deje mucho que desear, pero lo que en verdad debe importarnos es que Dios sigue confiando en nosotros, nos sigue cuidando y amando cada día, esperando el momento en que nosotros comencemos a dar frutos, sin cansarse, sin presionarnos, sólo esperando. ¿Seremos capaces de responder, de no desesperarnos?. Él seguro que confía en nosotros.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 15 de enero de 2023

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1 29- 34

En aquel tiempo; al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

--Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquél de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.

Y Juan dio testimonio diciendo:

--He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

 

HOMILÍA

Dos hombres, ambos enfermos de gravedad, compartían el mismo cuarto del hospital. A uno de ellos se le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación. El otro tenía que permanecer acostado de espaldas todo el tiempo.
Conversaban incesantemente todo el día y siempre hablaban de sus esposas y familias, sus hogares, empleos, experiencias durante sus servicios militares y sitios visitados durante sus vacaciones. Todas las tardes el paciente ubicado al lado de la ventana se pasaba el tiempo relatándole a su compañero de cuarto lo que veía. Con el tiempo, el compañero acostado de espaldas --que no podía asomarse a la ventana-- se desvivía por esos períodos de una hora durante los que se deleitaba con los relatos de las actividades y colores del mundo exterior.
La ventana, según su compañero, daba a un parque con un bello lago. Los patos y cisnes se deslizaban por el agua mientras los niños jugaban con sus botecitos a la orilla. Los enamorados se paseaban tomados de la mano entre las flores multicolores, en un paisaje con árboles majestuosos. En la distancia se divisaba una bella vista de la ciudad.
A medida que el paciente cerca de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos, su compañero cerraba los ojos e imaginaba un cuadro pintoresco. Una tarde le describió un desfile que pasaba por el hospital y aunque él no pudo escuchar la banda, lo pudo ver a través del ojo de la mente mientras su compañero se lo describía.
Pasaron los días y las semanas y una mañana, la enfermera al entrar para el aseo matutino, encontró el cuerpo sin vida del paciente cuya cama estaba cerca de la ventana. Parecía haber expirado tranquilamente, durante su sueño. Con mucha tristeza, avisó para que trasladaran el cuerpo. Al día siguiente, el otro paciente pidió que lo trasladaran cerca de la ventana. A la 
enfermera le agradó hacer el cambio y luego de asegurarse de que estaba cómodo, lo dejó solo. Con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó de un codo para poder mirar al mundo exterior por primera vez. Finalmente tendría la alegría de verlo por sí mismo. Se esforzó para asomarse a la ventana y lo que vio fue la pared del edificio de al lado.
Confundido y entristecido, le preguntó a la enfermera qué sería lo que animó a su difunto compañero de cuarto a describir tantas cosas maravillosas que dijo haber visto a través de la ventana. La enfermera le respondió que el señor era ciego y no podía ver ni la pared 
de enfrente. "Quizás solamente deseaba animarlo a usted", dijo.

Nuestra actitud en la vida, y es lo que Juan nos expresa hoy en el Evangelio, debe ser anunciar aquello que hemos vivido, de lo que nos hemos llenado. Trasmitir las maravillas que Dios hace con nosotros, transmitir el amor que nos tiene, el perdón que nos concede.

Los cristianos debemos dar testimonio de nuestra fe, al igual que Juan dio testimonio de Jesús, no porque sea una obligación, sino porque no podemos guardarnos para nosotros solos todo lo que Dios hace con nosotros y todo lo que experimentamos.

Por eso seamos luz para los demás y descubrámosles ese mundo maravilloso que hay en frente nuestra, un mundo lleno de luz, de amor, der vida. Un mundo lleno de Dios.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA

domingo, 8 de enero de 2023

FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 3, 13- 17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:

-«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

Jesús le contestó:

-«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una luz de los cielos que decía:

-«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

 

HOMILIA

Un hombre encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue incubado junto con la nidada de polluelos, y creció con ellos. Y ella águila hacía lo que hacían los pollos del corral, creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba. Y movía las alas y volaba unos pocos metros.

Pasaron los años y el águila envejeció. Un día vio un ave magnífica volando por encima de ella, en el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre las poderosas corrientes de aire, moviendo sus fuertes alas doradas. La vieja águila miraba hacia arriba con asombro.

- ¿Quién es ella? —peguntó.

- Ella es el águila, la reina de las aves —le dijo su vecina—. Nadie vuela como ella, nadie puede cazar como ella. Ella pertenece al cielo. Nosotras, en cambio,  pertenecemos a la tierra; somos gallinas. ¡Tú eres una gallina!

Así, aquella pobre águila vivió y murió creyendo que en verdad era una gallina.

Celebramos en este día el bautismo del Señor. En los días de Navidad hemos celebrado y vivido la llegada de Jesús al mundo, hoy celebramos el inicio de su vida pública, de su predicación, de la presentación que Dios hace de él: “este es mi hijo amado, mi predilecto”.

Pero no sólo recordamos lo que pasó hace muchos años, sino que actualizamos aquel momento recordando que en nuestro propio bautismo se hizo actualidad lo que pasó con Jesús ese día. El día que fuimos bautizados, Dios nos escogió, como escogió a su hijo, para dar a conocer su mensaje. Nos escogió como sus hijos predilectos, como sus hijos amados, y nos envió a cumplir la misión de anunciar su evangelio.

Cada bautizado, tiene en sí mismo el don para realizar grandes obras, ya que Dios le regaló el Espíritu Santo el día de su bautismo. El problema está en que es más fácil vivir en nuestra comodidad, que dejarse llevar por ese espíritu. Es más fácil vivir preocupado de mí y de los míos que vivir entregado por los que me necesitan aunque no los conozca. Es más fácil hacer oídos sordos a los sufrimientos ajenos, poniendo como excusa que problemas tenemos todos. Es más fácil, limpiar mi conciencia con cualquier obra buena, para luego encerrarme en mi mismo y olvidarme de los demás.

Tenemos un don, el mejor don, no lo desperdiciemos parados en tierra. Reconozcamos lo que somos, y adentrémonos en el mundo que Dios nos ha regalado para llevar a cabo nuestra misión: dar a conocer a Jesucristo a todos, viviendo como él vivió.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.