domingo, 18 de junio de 2017

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
-- Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Disputaban los judíos entre sí:
-- ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo:
-- Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.
HOMILÍA
En un pequeño pueblo, una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que había llamado a su puerta un extraño, correctamente vestido, que le pedía algo de comer.
“Lo siento”, dijo ella, “pero ahora mismo no tengo nada en casa”.
“No se preocupe”, dijo amablemente el extraño. ”Tengo una piedra de sopa en mi cartera; si usted me permitiera echarla en un puchero de agua hirviendo, yo haría la más exquisita sopa del mundo. Un puchero muy grande, por favor.
A la mujer le picó la curiosidad, puso el puchero al fuego y fue a contar el secreto de la piedra de sopa a sus vecinas. Cuando el agua rompió a hervir, todo el vecindario se había reunido allí para ver a aquel extraño y su piedra de sopa.
El extraño dejó caer la piedra en el agua, luego probó una cucharada con verdadera delectación y exclamó:
“¡Deliciosa! Lo único que necesita es unas cuantas patatas.”
“¡Yo tengo patatas en mi cocina!”, gritó una mujer. Y en pocos minutos estaba de regreso con una gran fuente de patatas peladas que fueron derechas al puchero.
El extraño volvió a probar el brebaje.
“¡Excelente!, dijo; y añadió pensativamente:
“¡Si tuviéramos un poco de carne, haríamos un cocido de lo más apetitoso....!”
Otra ama de casa salió zumbando y regresó con un pedazo de carne que el extraño, tras aceptarlo cortésmente, introdujo en el puchero.
Cuando volvió a probar el caldo, puso los ojos en blanco y dijo:
“¡Ah, que sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduras, sería perfecto, absolutamente perfecto...”
Una de las vecinas fue corriendo hasta su casa y volvió con una cesta llenan de cebollas y zanahorias. Después de introducir las verduras en el puchero, el extraño probó nuevamente el guiso y, con tono autoritario, dijo:
“La sal”.
”Aquí la tiene”, le dijo la dueña de la casa.
A continuación dio orden:
“Platos para todo el mundo”.
La gente se apresuró a ir a sus casas en busca de platos. Algunos regresaron trayendo incluso pan y frutas. Luego se sentaron a disfrutar de la espléndida comida, mientras el extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa.
Todos se sentían extrañamente felices y mientras reían, charlaban y compartían por primera vez su comida. En medio del alborozo, el extraño se escabulló silenciosamente, dejando tras de sí la milagrosa piedra de sopa, que ellos podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.
Hoy celebramos el domingo del Corpus. La Iglesia pone un día especial para recordarnos que Cristo nos dejó su Cuerpo y su Sangre, no para que creáramos tradiciones, sino para que lo viviésemos. La Eucaristía es nuestra piedra de sopa, sólo poniendo cada uno de nosotros parte de nuestra vida en ella, será como tenga sentido.
El Señor nos dejó el mandato de “haced esto en conmemoración mía”, sólo cuando cumplimos ese mandato en comunidad, poniendo nuestro corazón en la Eucaristía, sólo entonces estamos cumpliendo su mandato.
Disfrutemos de este día, en el que el amor es el principal protagonista. Y amar no es otra cosa que dar lo que tengo, que poner mi corazón en las manos del Señor para que él haga la sopa más rica, porque en esa sopa está los corazones de todos.

FELIZ DOMINGO DEL CORPUS Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 11 de junio de 2017

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 3, 16-18
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
HOMILÍA
Había una vez tres sabios. Y eran muy sabios. Aunque los tres eran ciegos. Como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con sólo tocarlas. Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de cuanto se ponía a su alcance.
Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían los tres sabios que eran ciegos. Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo, venía un gran elefante blanco. Y era tan extraordinario este animal que toda la gente no hacía más que hablar de él.
Los tres sabios que eran ciegos quisieron también ellos conocer al elefante. Se hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder tocarlo. Como el animal era muy manso, no hubo ningún inconveniente para que lo hicieran.
El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza. Sintió bajo sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que sobresalían de la pequeña boca. Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contarles a los otros dos lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante es como un tronco, cubierto a ambos lados por dos frazadas, y del cual salen dos grandes lanzas frías y duras.
Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio, sus manos tocaron al animal en la panza. Trataron de rodear su cuerpo, pero éste era tan alto que no alcanzaba a abarcarlo con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar, decidió también él contar lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante se parece a un tambor colocado sobre cuatro gruesas patas, y está forrado de cuero con pelo para afuera.
Entonces fue el tercer sabio, y agarró el animal justo por la cola. se colgó de ella y comenzó a hamacarse como hacen los chicos con una soga. Como esto le gustaba a la bestia, estuvo largo rato divirtiéndose en medio de la risa de todos. Cuando dejó el juego, comentaba lo que sabía. También él dijo:
- Yo sé muy bien lo que es un elefante. Es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un pincel en la punta. Sirve para hamacarse.
Resulta que cuando volvieron a casa y comenzaron a charlar entre ellos lo que habían descubierto sobre el elefante no se podían poner de acuerdo. Cada uno estaba plenamente seguro de lo que conocía. Y además tenía la certeza de que sólo había un elefante y de que los tres estaban hablando de lo mismo, pero lo que decían parecía imposible de concordar. Tanto charlaron y discutieron que casi se pelearon.
Pero al fin de cuentas, como eran los tres muy sabios, decidieron hacerse ayudar, y fueron a preguntar a otro sabio que había tenido la oportunidad de ver al elefante con sus propios ojos. Y entonces descubrieron que cada uno de ellos tenía razón. Una parte de la razón. Pero que conocían del elefante solamente la parte que habían tocado.
Hoy celebramos el día de la Santísima Trinidad. Celebramos a ese Dios que es uno y que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Podríamos intentar explicarlo, como lo han intentado los grandes sabios de la Iglesia a lo largo de muchos años, pero terminaríamos por descubrir que es imposible explicarlo, ya que este gran misterio sólo se puede experimentar, sólo se puede sentir.
De nosotros depende que este Dios misterioso, sea para nosotros tan cercano y accesible como Cristo quiso hacérnoslo ver, ya que si somos capaces de sentirlo en nosotros, y de no conformarnos con pequeñas partes de él, llegaremos al conocimiento pleno de Dios.
Que no nos ocurra como a los sabios ciegos, que se quedaron en sólo una parte del elefante. Que nos preocupemos de conocer plenamente a ese Dios que es amor porque lo creó todo para nosotros (Padre), porque murió para darnos vida (Hijo) y que sigue presente en nuestro mundo para animarnos y darnos la fortaleza necesaria (Espíritu Santo).

FELIZ DOMINGO Y FELIZ SEMANA. QUE DIOS PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO OS BENDIGA.

domingo, 4 de junio de 2017

DOMINGO DE PENTECOSTES

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-23
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-- Paz a vosotros
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
-- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
-- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

HOMILÍA
Hoy hace cincuenta días que estábamos celebrando la resurrección del Señor. Durante este tiempo de Pascua, hemos estado celebrando que Cristo venció a la muerte y que nos dio una nueva oportunidad para poder hacer nosotros lo mismo.
Hoy, domingo de Pentecostés, celebramos que la Iglesia comienza a caminar sola, o más bien acompañada por un defensor, por una fuerza increíble, la del Espíritu Santo.
Hace un tiempo me contaban una anécdota que le pasó a un sacerdote. Estaba conversando con el dueño de una fábrica de jabones, y éste le decía que no creía que el Espíritu Santo sirviera para nada, porque él veía a muchos cristianos, bautizados, con el Espíritu Santo y que eran muy malas personas. Ante esto el sacerdote le repuso, “entonces yo creo que su jabón tampoco sirve para nada, ya que veo a muchas personas que van muy sucias”. El hombre le contestó: “eso no es problema del jabón, sino de que no lo usan”, “pues lo mismo pasa con el Espíritu Santo”, repuso el sacerdote, “si no dejan que actúe en ellos no puede hacer nada.
Efectivamente, esa es la fiesta que celebramos hoy, una fiesta en la que se nos recuerda que recibimos un día el Espíritu Santo, en nuestro bautismo, en nuestra confirmación, pero que si no dejamos que él actúe en nosotros, no servirá de nada.
Nosotros creemos en un Dios Todopoderoso, pero a la vez en un Dios que cree en la libertad de cada uno para aceptarlo o no. No impone, no lo hace a la fuerza. Por eso hoy nos vuelve a recordar que está con nosotros, esperando que le dejemos actuar en nuestras vidas, que no tiene prisa, y sí una paciencia infinita. Que siempre estará con los brazos abiertos esperando a que dejemos que entre en nuestras vidas, que transforme nuestro ser.
Que el Espíritu Santo entre en nuestros corazones, que nos dé su fuerza, pero sobre todo que nos dé luz para dejarnos guiar por él por los caminos del amor. Un amor infinito que Dios nos tiene y que nosotros debemos tener por los demás.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 28 de mayo de 2017

FIESTA DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
-- Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

HOMILÍA
Un día un niño vio cómo un elefante del circo, después de la función, era amarrado con una cadena a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Se asombró de que tan corpulento animal no fuera capaz de liberarse de aquella pequeña estaca, y que de hecho no hiciera el más mínimo esfuerzo por conseguirlo.
Decidió preguntarle al hombre del circo, el cual le respondió: "Es muy sencillo, desde pequeño ha estado amarrado a una estaca como ésa, y como entonces no era capaz de liberarse, ahora no sabe que esa estaca es muy poca cosa para él. Lo único que recuerda es que no podía escaparse y por eso ni siquiera lo intenta".
Celebramos hoy la fiesta de la Ascensión, Jesús ha cumplido con su misión, ahora deja el mundo en nuestras manos, nos pide que lo transformemos, que hagamos discípulos suyos, pero que no vamos a estar solos, que el Espíritu Santo va a estar en nosotros para ayudarnos. ¿Y qué hemos hecho con nuestro mundo, con nuestra misión?.
Si miramos a nuestro alrededor, nos podemos dar cuenta que no hemos mejorado mucho el mundo que nos dejó, y que en nuestra vida, dejamos al Espíritu actuar poco, que cada día nos cuesta la misma vida amar a aquellos que nos han hecho daño, que nos cuesta perdonar, que no vivimos compartiendo con los que menos tienen, que no cumplimos con lo que el Señor nos mandó.
Y es que vivir como cristianos no es fácil, pero el principal problema es que muchas veces ya ni lo intentamos. Hemos caído tantas veces, hemos sido incapaces de mar, hemos dejado que nuestro orgullo nos guiara en tantos momentos, que ya bajamos los brazos y no lo intentamos.
Por eso esta fiesta viene a recordarnos que el Señor se fue ara quedarse junto a nosotros, que si lo dejamos, el nos sigue enviando su Espíritu para ayudarnos, y que nuestra misión sigue siendo la misma, aunque nos cueste, aunque seamos inconstantes, aunque nos cueste amar, cada día debemos intentarlo, y seguro que muchos días conseguiremos dar un poquito de amor a aquel que se acerque a nosotros.
No nos cansemos de intentar amar, Dios no se cansa nunca de amarnos y de esperar que le ofrezcamos lo mejor de nuestra vida, aunque sea poco.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 21 de mayo de 2017

DOMINGO VI DEL TIEMPO PASCUAL

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 15-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-- Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.

HOMILÍA
Cuentan que un hombre, profundamente creyente, tuvo una crisis de fe. No sabía dónde encontrar a Dios, y se fue directo a la Iglesia. Llegó y empujó la puerta, pero esta no se abría. Se fue a la puerta lateral, y esta también estaba cerrada. Entonces miró hacia arriba y vio un letrero donde ponía: “no te esfuerces, yo estoy ahí afuera”.
Esa es una gran lección que continuamente se nos olvida, y que hoy nos viene a recordar el Evangelio: “yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros”. Nos empeñamos continuamente en buscar a Dios en todas partes, y no sabemos que lo tenemos muy cerca, que está dentro de nosotros, dentro de las personas que nos rodean.
El Señor no quiere edificios de ladrillo, no quiere grandes casas, lo único que quiere es un corazón donde se le acoja de verdad, es ahí donde realmente se siente a gusto. Un corazón capaz de amarle a Él amando a los demás.
Nos empeñamos continuamente en buscarle en cosas sin vida, en edificios, en imágenes, y claro está, no lo encontramos. Si las iglesias estuvieran vacías de gente, serían sólo edificios bonitos, pero sin ningún sentido. Lo que hace grandes a las iglesias, son los corazones que las llenan, que les dan vida, que les hacen vibrar.
Busquemos a Dios allí donde podamos encontrarlo, amémoslo allí donde Él se encuentra, dejemos que él habite nuestra casa, que él se quede con nosotros, porque le preparemos el mejor sitio que tengamos, nuestro corazón. Porque un corazón lleno de Dios, se hace más grande para acoger a todos los que nos encontramos en nuestra vida, pero un corazón lleno de nosotros, se empequeñece, hasta tal punto que sólo nosotros podemos estar dentro.
Pidámosle a Dios que engrandezca nuestro corazón, como lo hizo con María, que en este mes de mayo, nos ha recordado que cuanto más nos entreguemos a Dios, más podremos entregarnos a los demás.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 14 de mayo de 2017

DOMINGO V DEL TIEMPO PASCUAL

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 14, 1-12
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre».


HOMILÍA
Cuentan que un muy buen hombre vivía en el campo, pero tenía graves problemas físicos.
Un día se le apareció Jesús y le dijo:
“Necesito que vayas hacia aquella gran roca de la montaña y te pido que la empujes día y noche durante un año”.
El hombre quedó perplejo cuando escuchó estas palabras, pero obedeció y se dirigió a hacia la enorme roca de varias toneladas que Jesús le mostró. Empezó a empujarla con todas sus fuerzas, día tras día, pero no conseguía moverla ni un milímetro.
A las pocas semanas llegó el demonio y le puso pensamientos en su mente:
“¿Por qué sigues obedeciendo a Jesús?. Yo no seguiría a alguien que me haga trabajar tanto y sin sentido. Debes alejarte, ya que es absurdo que sigas empujando esa roca que nunca vas a lograr mover”.
El hombre trataba de pedirle a Jesús que le ayudara para no dudar de su voluntad, y aunque no entendía, se mantuvo en pie con su decisión de empujar. Con los meses, desde que se salía el sol hasta que se ocultaba, aquel hombre empujaba la enorme roca sin poder moverla. Mientras tanto, su cuerpo se fortalecía, sus brazos y piernas se hicieron cada vez más fuertes con el esfuerzo de todos los días.
Cuando se cumplió el tiempo, el hombre elevó una oración a Jesús y le dijo:
“Ya he hecho lo que me pediste, pero he fracasado, no pude mover la piedra ni un sólo centímetro”.
Y se sentó a llorar amargamente, pensando en su muy evidente fracaso.
Jesús apareció en ese momento y le dijo:
“¿Por qué lloras?. ¿Acaso no te pedí que empujaras la roca?. No has fracasado. Yo nunca te pedí que la movieras, sino que la empujaras. En cambio mírate: tu problema físico ha desaparecido”.

Seguir a Jesucristo como nuestro camino, nuestra Verdad y nuestra Vida a veces resulta difícil, y muchas veces incomprensible para nosotros. Nos encontramos con momentos de desesperación, con momentos de duda, con momentos de total oscuridad, porque el camino que Jesús nos plantea no es otro que el de ser un reflejo suyo, tal y como él era un reflejo del Padre. Y esa no es una tarea fácil. Pero no por eso carece de sentido.
La tarea de mostrar la imagen de Dios en nuestra vida, nos lleva a ser amor con los que nos rodean, a ser corazones abiertos que acogen, a ser personas comprensivas, a ser personas que perdonan. Y eso nunca es fácil, ni siquiera fácil de entender, porque los caminos que el Señor nos presenta sólo los entenderemos desde la mentalidad propia de Dios.
Lo único que a nosotros nos queda es confiar plenamente en aquel que ha dado su vida por nosotros y no perder nunca la esperanza. Al final del camino encontraremos el sentido, encontraremos la respuesta a nuestras dudas, encontraremos a Dios esperando con los brazos abiertos para amarnos, para que gocemos de su casa, para que disfrutemos de su presencia.


FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 7 de mayo de 2017

DOMINGO IV DEL TIEMPO PASCUAL

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

HOMILÍA

Al final de la cena, en un castillo inglés, un famoso actor de teatro, entretenía a los huéspedes recitando textos de Shakespeare. Luego se ofreció a que le hicieran peticiones.

Un sacerdote muy tímido preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió:
- Sí, lo conozco. Y estoy dispuesto a recitarlo sólo con una condición: que después también lo recite usted.

- El sacerdote se sintió un poco incómodo pero accedió a la propuesta. El actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta de “El Señor es mi Pastor, nada me falta…”. Los huéspedes aplaudieron vivamente y con entusiasmo. Realmente era un excelente actor.

Luego llegó el turno del sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo 22. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, sólo un profundo silencio y lágrimas en bastantes rostros.

El actor se mantuvo en silencio algunos instantes. Luego se levantó y dijo:
- Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha ocurrido esta noche. Yo conocía el Salmo, pero este hombre conoce al Pastor.

Estamos en el domingo del Buen Pastor, el Señor se presenta como el pastor, como la puerta, dos imágenes preciosas de lo que debe ser para nosotros Cristo, pero también de lo que debemos ser nosotros para los demás.
Vivimos en un mundo que pide auténticos pastores. Personas que con su forma de vivir, sean ejemplo y modelo para los más jóvenes, para las personas de su alrededor. Y somos nosotros, los cristianos, los que podemos dar a los demás una forma de vida distinta, una forma de vida que conduzca a la felicidad.
Nosotros debemos ser esos pastores y esas puertas, siempre abiertas, que conduzcan hacia Cristo. Y sólo lo podremos hacer si somos capaces de conocer profundamente a nuestro pastor, si somos capaces de entrar por la puerta que nos marca el camino. Una puerta que está formada por tres tablas: : una primera que exige creer en el Señor y se llama la fe. La segunda nos enseña a dejarnos guiar y a ser constantes, que se llama esperanza. Y una tercera que nos pide servicio, generosidad y entrega, y que se llama caridad. Tres tablas que a veces tienen forma de cruz porque amar, entregarse, ser generosos, creer y confiar no siempre es fácil ni agradable. Eso sí, con tablas como esas no nos equivocamos de puerta.
Abramos nuestro corazón de par en par, seamos una puerta a semejanza de Cristo, dejemos que los demás, a través de nosotros, puedan acercarse cada vez más a Cristo y a los hermanos.

FELIZ DOMINGO Y FELIZ SEMANA. QUE DIOS OS BENDIGA.