domingo, 15 de noviembre de 2020

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.

El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.

En cambio, el que recibió uno fue hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

Al cabo de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos y se puso a ajustar las cuentas con ellos.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:

"Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco".

Su señor le dijo:

"Bien, siervo bueno y fiel; cómo has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor".

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:

"Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos".

Su señor le dijo:

"¡Bien, siervo bueno y fiel!; cómo has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor".

Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:

"Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo".

El señor le respondió:

"Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Conque sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes"».

 

HOMILÍA

“Aquel día lo vi distinto. Tenía la mirada enfocada en lo distante. Casi ausente. Pienso ahora que tal vez presentía que ese era el último día de su vida. Me aproximé y le dije: – ¡Buen día, abuelo! Él extendió su silencio. Me senté junto a su sillón y luego de un misterioso instante, exclamó: – ¡Hoy es día de inventario, hijo! – ¿Inventario? – pregunté sorprendido. – Si... ¡El inventario de las cosas perdidas! – me contestó con cierta energía y no sé si con tristeza o alegría. Y prosiguió: – En el lugar de donde yo vengo las montañas quiebran el cielo como monstruosas presencias constantes. Siempre tuve deseos de escalar la más alta, nunca lo hice, no tuve tiempo ni la voluntad suficiente para sobreponerme a mi inercia. Recuerdo también a Mara, aquella chica que amé en silencio por cuatro años, hasta que un día se marchó del pueblo, sin yo saberlo. ¿Sabes algo? También estuve a punto de estudiar ingeniería, pero mis padres no pudieron pagarme los estudios. Además, el trabajo en la carpintería de mi padre no me permitía viajar. ¡Tantas cosas no concluidas, tantos amores no declarados, tantas oportunidades perdidas! Luego, su mirada se hundió aun más en el vacío y se humedecieron sus ojos. Y continuó: – En los treinta años que estuve casado con Rita, creo que sólo cuatro o cinco veces le dije: "Te amo". Luego de un breve silencio, regresó de su viaje mental y mirándome a los ojos me dijo: – Este es mi inventario de cosas perdidas, la revisión de mi vida. A mí ya no me sirve. A ti sí. Te lo dejo como regalo para que puedas hacer tu inventario a tiempo.

Y luego, con cierta alegría en el rostro, continuó con entusiasmo y casi divertido: – ¿Sabes qué he descubierto en estos días? – ¿Qué, abuelo? Aguardó unos segundos y no contestó. Sólo me interrogó nuevamente: –¿Cuál es el pecado más grave en la vida de un hombre? La pregunta me sorprendió y sólo atine a decir, con inseguridad: – No lo había pensado. Supongo que matar a otros seres humanos, odiar al prójimo y desearle mal. ¿Tener malos pensamientos, tal vez? Su cara reflejaba una negativa. Me miró intensamente, como marcando el momento y en tono grave y firme me señaló: – El pecado más grave en la vida de un ser humano es el pecado por omisión. Y lo más doloroso es descubrir las cosas perdidas sin tener tiempo para encontrarlas y recuperarlas.

Al día siguiente regresé temprano a casa, luego del entierro del abuelo, para realizar en forma urgente mi propio inventario de las cosas perdidas. El expresarnos nos deja muchas satisfacciones, así que no tengas miedo, y procura hacer lo que sabes que es bueno... antes de que sea demasiado tarde. Dile a ese ser: "Te amo, perdóname, me equivoqué”. Dile a Él: “Me arrepiento, Señor, por favor perdóname".

El Señor ha puesto en nuestras vidas unos talentos, y los primeros perjudicados en no ponerlos a funcionar somos nosotros, nos perdemos la alegría de vivir por los demás, de ver como nuestra vida cobra un sentido más allá de nosotros, de nuestros gustos.

Por eso, seamos valientes, hagamos inventario, y comencemos a poner a trabajar nuestros talentos en hacer que los demás sientan nuestra presencia y  la presencia de Dios en sus corazones.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 8 de noviembre de 2020

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

-- El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:

--¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas:

--Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.

Pero las sensatas contestaron:

-- Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:

--Señor, señor, ábrenos. Pero él respondió:

--Os lo aseguro: no os conozco.

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

 

HOMILÍA

Una vez había una gran fiesta en un pueblo. Toda la gente había dejado sus trabajos y ocupaciones de cada día para reunirse en la plaza principal, en donde estaban los juegos y los puestitos de venta de cuanta cosa linda una pudiera imaginarse.
Los niños eran quienes gozaban con aquellos festejos populares. Había venido de lejos todo un circo, con payasos y equilibristas, con animales amaestrados y domadores que les hacían hacer pruebas y cabriolas. También se habían acercado hasta el pueblo toda clase de vendedores, que ofrecían golosinas, alimentos y juguetes para que los chicos gastaran allí  los Euros que sus padres les habían regalado con objeto de sus cumpleaños, o pagándoles trabajos extras.
Entre todas estas personas había un vendedor de globos. Los tenía de todos los colores y formas. Había algunos que se distinguían por su tamaño. Otros eran bonitos porque imitaban a algún animal conocido, o extraño. Grandes, chicos, vistosos o raros, todos los globos eran
originales y ninguno se parecía al otro. Sin embargo, eran pocas las personas que se acercaban a mirarlos, y menos aún los que pedían para comprar algunos.
Pero se trataba de un gran vendedor. Por eso, en un momento en que toda la gente estaba ocupada en curiosear y detenerse, hizo algo extraño. Tomó uno de sus mejores globos y lo soltó. Como estaba lleno de aire muy liviano, el globo comenzó a elevarse rápidamente y pronto estuvo por encima de todo lo que había en la plaza. El cielo estaba claro, y el sol radiante de la mañana iluminaba aquel globo que trepaba y trepaba, rumbo hacia el cielo, empujado lentamente hacia el oeste por el viento quieto de aquella hora.

El primer niño gritó: -¡Mira mamá un globo! Inmediatamente fueron varios más que lo vieron y lo señalaron a sus chicos o a sus más cercanos. Para entonces, el vendedor ya había soltado un nuevo globo de otro color y tamaño mucho más grande. Esto hizo que prácticamente todo el mundo dejara de mirar lo que estaba haciendo, y se pusiera a contemplar aquel sencillo y magnífico espectáculo de ver como un globo perseguía al otro en su subida al cielo. Para completar la cosa, el vendedor soltó dos globos con los mejores colores que tenía, pero atados juntos. Con esto consiguió que una tropilla de niños pequeños lo rodeara, y pidiera a gritos que su papá o su mamá  le comprara  un globo como aquellos que estaban subiendo y subiendo. Al gastar gratuitamente algunos de sus mejores globos, consiguió que la gente le valorara todos los que aún le quedaban, y que eran muchos. Porque realmente tenía globos de todas formas,
tamaños y colores. En poco tiempo ya eran muchísimos los niños que se paseaban con ellos, y hasta había alguno que imitando lo que viera, había dejado que el suyo trepara en libertad por el aire.
Había allí cerca un niño negro, que con dos lagrimones en los ojos, miraba con tristeza todo aquello. Parecía como si una honda angustia se hubiera apoderado de él. El vendedor, que era un buen hombre, se dio cuenta de ello y llamándole le ofreció un globo. El pequeño movió la cabeza negativamente, y se rehusó a tomarlo.
-Te lo regalo, pequeño-le dijo el hombre con cariño, insistiéndole para que lo tomara.
Pero el niño negro, de pelo corto y ensortijado, con dos grandes ojos tristes, hizo nuevamente un ademán negativo rehusando aceptar lo que se le estaba ofreciendo. Extrañado el buen hombre le preguntó al pequeño que era entonces lo que lo entristecía. Y el negrito le contestó, en forma de pregunta:
-Señor, si usted suelta ese globo negro que tiene ahí ¿Será que sube tan alto como los otros globos de colores?

Entonces el vendedor entendió. Tomó un hermoso globo negro, que nadie había comprado, y desatándolo se lo entregó al pequeño, mientras le decía:-Haz tu mismo la prueba. Suéltalo y verás como también tu globo sube igual que todos los demás. Con ansiedad y esperanza, el negrito soltó lo que había recibido, y su alegría fue inmensa al ver que también el suyo trepaba velozmente lo mismo que habían hecho los demás globos. Se puso a bailar, a palmotear, a reírse de puro contento y felicidad.
Entonces el vendedor, mirándolo a los ojos y acariciando su cabecita enrulada, le dijo con cariño:
-Mira pequeño, lo que hace subir a los globos no es la forma ni el color, sino lo que tiene dentro.

Lo que hace arder nuestras lámparas, no es si somos más listos, más altos, más guapos, o más piadosos. Lo que hace arder nuestra lámpara es lo que llevamos dentro. Lo que somos capaces de hacer por los demás, lo que somos capaces de dar a los que se acercan a nosotros.

Dentro de nosotros está la capacidad para hacer que cuando Jesús venga, encuentre nuestras lámparas encendidas y ardiendo. Solo tenemos que darnos cuenta, y comenzar a llenar nuestras lámparas del mejor aceite posible, llenarlas de amor por los demás.

Que nunca se nos apaguen nuestras lámparas, eso será señal de que vivimos como auténticos cristianos, de que nos hemos dado cuenta de que cuanto más demos de lo que llevamos dentro, más será lo que recibamos.

Hoy celebramos el día de la Iglesia Diocesana, donde se nos recuerda que es necesario que todas nuestras lámparas alumbren allí donde vivimos, que colaboremos con nuestra parroquia pero sobre todo que seamos Iglesia viva, porque esa es nuestra forma de decirle al mundo que la luz de Cristo es la que brilla entre nosotros.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 1 de noviembre de 2020

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron los discípulos; y él se puso a hablar, enseñándolos:

-- Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos lo que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

 

HOMILÍA

Hoy celebramos una de las fiestas más cercanas a todos nosotros. Recordamos a los mejores hijos de la Iglesia a aquellos que siendo como tu y como yo lograron llevar una vida parecida al Evangelio, una vida fundamentada en el mensaje de la Bienaventuranzas.

El Señor nos pide a nosotros que sigamos el ejemplo de todas aquellas personas que, siendo como nosotros, con sus fallos y sus equivocaciones, nos han demostrado que se pueda, en esta vida, cumplir el mensaje del Señor.

Pero él sabe que esto es difícil, por eso nos deja un regalo para que podamos hacerlo.

Hace ya un tiempo, un hombre castigó su pequeña niña de 3 anos por desperdiciar un rollo de papel de regalo dorado.

El dinero era escaso en esos días por lo que exploto en furia, cuando vio a la niña tratando de envolver una caja para ponerla debajo del árbol de Navidad, mas sin embargo la niña le llevo el regalo a su padre la siguiente mañana y
dijo:
" Esto es para ti, Papá "
" El se sintió avergonzado de su reacción de furia, pero este volvió a explotar cuando vio que la caja estaba vacía.

Le volvió a gritar diciendo: " ¡¡¡Que no sabes que cuando das un regalo a alguien se supone que debe haber algo adentro!!!

La pequeñita se volvió hacia arriba con lagrimas en los ojos y dijo, " Oh, Papá, no está vacía, Yo sople besos dentro de la caja, Todos para ti, Papi. "

El Padre se sintió morir; Puso sus brazos alrededor de su niña y le suplico que lo perdonara.

Se ha dicho que el hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años y siempre que se sentía derrumbado, él tomaba de la caja un beso imaginario y recordaba el amor que su niña había puesto ahí.

Así es el regalo que el Señor nos ha dejado, con todos los santos. No los vemos, pero todos ellos están intercediendo por nosotros, ayudándonos a vivir cada día mejor, a dar lo mejor de nosotros mismos.

Disfrutemos de este día, disfrutemos de todas las personas que han marcado nuestra vida y que ya están descansando en el Señor, pero sobre todo disfrutemos de esta vida, viviendo las bienaventuranzas, con la ayuda de todos aquellos santos que han pasado por nuestra vida y que sigan protegiéndonos y animándonos.

QUE DIOS OS BENDIGA Y FELIZ DÍA DE TODOS LOS SANTOS.

domingo, 25 de octubre de 2020

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».

Él le dijo:

«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente".

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."

En estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas».

HOMILÍA

Cuentan que un sacerdote se aproximó a un herido en medio del fragor de la batalla y le preguntó:

- ¿Quieres que te hable de Dios?

- Primero dame agua que tengo sed -  dijo el herido.

El sacerdote le entregó el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en kilómetros a la redonda.

- ¿Ahora puedo?, preguntó de nuevo.

- Primero, dame de comer - suplicó el herido. 

El sacerdote le dio el último mendrugo de pan que atesoraba en su mochila

- Tengo frío – fue el siguiente clamor y el hombre de Dios se despojó de su abrigo pese al frío y cubrió al lesionado.

- Ahora sí – le dijo al sacerdote – ahora puedes hablarme de ese Dios que te hizo darme tu última agua, tu último pedazo de pan y tu único abrigo. Ahora sí quiero conocer a tu Dios.

Está claro que para nosotros los cristianos los mandamientos son amar a Dios y al prójimo, pero debemos saber que para pode amar a Dios necesitamos amar primero al prójimo, sino nuestra fe se queda en una mera espiritualidad vacía de contenido.

Para poder llegar a Dios el camino que nos marcó y que cada día nos marca, pasa por la persona que tenemos al lado, porque sólo podremos expresar nuestro amor por Dios en el que tenemos más cerca.

Por eso empeñémonos en amar al prójimo, porque amando al hijo, amamos también al Padre.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 18 de octubre de 2020

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

-- Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

-- Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

-- ¿De quién son esta cara y esta inscripción?

Le respondieron:

-- Del César.

Entonces les replicó:

-- Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

 

HOMILÍA

Al igual que el agua y el aceite no se pueden mezclar, la política y el dinero tampoco hay que mezclarlo con la Iglesia. Eso es precisamente lo que Jesús nos quiere decir hoy en el evangelio, aunque podemos dar un paso más.

Un periodista visitó un día a la madre Teresa de Calcuta mientras ella estaba ocupada en curar a un enfermo en un estado verdaderamente repugnante. "Yo no haría esto" - dijo el periodista a la madre Teresa - ni por un millón de dólares" "Por un millón de dólares tampoco yo lo haría", respondió la madre y siguió en su tarea tan repugnante para el periodista pero lo más natural para ella que veía en el enfermo el mismo rostro de Jesús..

Al igual que en la moneda vieron al César, nuestra moneda no es otro que el prójimo, el más necesitado. Eso es darle a Dios lo que es de Dios, darle dignidad en aquel que la ha perdido, darle amor a aquel que está falto de cariño, darle compañía al que se siente solo, darle alegría al que se siente triste.

Dios no quiere de nosotros nada para él, porque no necesita nada, pero clama cada día por aquello que tenemos nosotros y que tantos necesitan.

Seamos capaces de separar, dinero e Iglesia, pero nunca separemos Dios y prójimo.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 11 de octubre de 2020

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

--El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda". Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

HOMILÍA

Cada Domingo Dios nos vuelve a demostrar cuánto nos ama, cada Domingo el Señor vuelve a salir a los caminos de nuestra vida a buscar invitados a su fiesta, y cada Domingo nosotros buscamos mil y una excusas para no acudir a Él.

Parece una rutina en nuestra vidas, porque ya no sólo es el hecho de ir o no ir a misa, si no el hecho de que esa invitación que Dios nos hace es para celebrar con Él la gran fiesta de vivir, de amar, de perdonar, y es a esa fiesta a la que nos negamos a ir. No nos cansamos de buscar razones para convencernos de que lo que hacemos, es en verdad lo que debemos hacer.

Hace tiempo me encontré con un texto que me abrió los ojos ante las excusas que le ponemos a Dios:

-          ¿No te parece extraño cómo un billete de 10€ "parece" tan grande cuando lo das a Cáritas, pero tan pequeño cuando lo llevas a las tiendas?

-           ¿No te parece extraño cuán larga parece una hora cuando estamos en la iglesia, pero muy corta cuando juega al fútbol nuestro equipo favorito o cuando vemos una película?

-          ¿No te parece extraño que no puedas pensar en algo que decir cuando rezas, pero no tienes ninguna dificultad en pensar cosas de que hablar con un amigo?

-           ¿No te parece extraño lo difícil que nos parece leer un capítulo de la Biblia, y lo fácil que es leer una revista del corazón?

-           ¿No te parece extraño cómo siempre buscamos los asientos de adelante en cualquier espectáculo o concierto, y siempre buscamos los asientos de atrás en la iglesia?

-           ¿No te parece extraño que necesitemos 2 ó 3 semanas de aviso para incluir una cita de la iglesia en nuestra agenda, pero podemos ajustar nuestra agenda para otros eventos en el último momento?

-          ¿No te parece extraño lo difícil que es compartir con otros una verdad simple del evangelio, y lo fácil que es compartir un chisme?

-          ¿No te parece extraño que creamos lo que dicen los periódicos, pero cuestionamos lo que dice la Biblia?

Menos mal que tenemos a un Dios que es paciente y que a pesar de nuestras excusas nunca se cansa de invitarnos a vivir nuestra vida vestidos con trajes de gala, con el traje de amor y de la entrega incondicional. Sólo tenemos que responder a su invitación, dejarnos de excusas y vivir como Cristo vivió. Por que “un Dios que te hizo sin ti, no pude salvarte sin ti”.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA

domingo, 4 de octubre de 2020

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

-- Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?

Le contestaron:

-- Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice:

-- ¿No habéis leído nunca en la Escritura?: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente" Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.

HOMILIA

Está claro que la parábola de hoy va dirigida al pueblo de Israel. Ellos eran la viña del Señor, pero no reconocieron a Jesucristo como su Mesías y se le quitó para dársela a un pueblo que diera sus frutos a su tiempo, se nos dio a nosotros los cristianos. Y aquí es donde viene la pregunta del millón. ¿Qué frutos estamos dando nosotros con la viña que el Señor nos ha dado?

Y ya no estoy hablando de nuestra familia, de nuestro9 pueblo, de nuestra vida, sino que miramos nuestro mundo, esa gran viña que el Señor nos ha dado, y ¿qué frutos estamos dando?

Algunos datos para que veamos los frutos que estamos dando:

El 10% de la población mundial posee el 86% de los recursos del planeta, mientras que el 70% más pobre (más de 3.000 millones de adultos) sólo cuenta con el 3%.

La riqueza mundial está dividida en dos sectores: la mitad está en manos del 1% más rico de la población, y la otra mitad se reparte entre el 99% restante.

El 40% de la población mundial vive con menos de 2 dólares/día; la esperanza de vida en África Subsahariana es de 31 años menos que en los países desarrollados, y cada año siguen muriendo 10,7 millones de niños y niñas por causa de la pobreza.

Os cuento una historia: El único sobreviviente de la inundación de un barco a causa de una terrible tormenta, fue llevado por las olas a una isla completamente deshabitada. El hombre, desesperado y sin saber qué hacer, rezaba continuamente a Dios pidiendo por su rescate. Todos los días miraba hacia al horizonte en busca de algún barco, pero nunca veía nada. Ni siquiera el indicio de una pequeña señal. Con el paso del tiempo perdió toda esperanza. Ya cansado decidió construir una pequeña choza con ramas secas para protegerse del viento y la lluvia, y además, guardar las pocas pertenencias que conservaba.

Pero un día, mientras escarbaba en el suelo en busca de algo de comida, vio sorprendido que su pequeña choza ardía en llamas: estaba siendo consumida por el fuego con todo lo que había dentro. La desesperación fue total. Ya no podía pasarle nada peor. Todo estaba perdido. El hombre estaba derrumbado: “¡Dios mío, cómo pudiste hacerme esto!”, exclamaba mientras lloraba amargamente. 

Al día siguiente, muy temprano, por la mañana, al hombre le despertó el sonido de un barco que se aproximaba a la isla.  ¡Venían a rescatarlo!

“¿Cómo supieron que estaba aquí?”, preguntó a los hombres que lo rescataron. “Tuviste suerte, - le contestaron – Vimos tus señales de humo”.

En la viña del Señor también hay muchas señales de humo, son todos esos datos que nos muestran que hay mucho trabajo por hacer y que de nosotros depende que vayamos a rescatarlos. Esos son los verdaderos frutos que se nos piden y ante esas señales no podemos cerrar los ojos o volver la cabeza, porque esta viña es responsabilidad de todos, y luego deberemos dar cuenta de nuestras obras.

Por eso pidamos hoy al Señor que esta viña que él ha puesto en nuestras manos seamos capaces de cuidarla y que todas las señales de humo que hay en ella aviven en nosotros el deseo de salir a rescatar a todas las personas que sufren y que en muchas ocasiones está en nuestra mano hacer algo por ellas.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.