LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 1-9
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro
al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó
a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería
Jesús, y le dijo:
—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo
han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los
dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y
llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no
entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio las
vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el
suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también
el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues
hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de
entre los muertos.
HOMILÍA
Un empresario agricultor, de poco estudio, participaba todos
los años en la principal feria de agricultura de su ciudad. Lo más
extraordinario es que él siempre ganaba año tras año, el trofeo: maíz del año.
Entraba con su maíz en la feria y salía con la faja azul recubriendo su pecho.
Su maíz era cada vez mejor.
En una ocasión de esas, un reportero de televisión abordó al agricultor después de la tradicional colocación de la faja de campeón. Él quedó muy intrigado con la revelación del agricultor, de como acostumbraba a cultivar su calificado y valioso producto. El reportero descubrió que el agricultor compartía buena parte de las mejores semillas de su plantación de maíz con sus vecinos.
- "¿Cómo puede usted compartir sus mejores semillas con sus vecinos, cuando ellos están compitiendo directamente con usted?"
El agricultor respondió:
- "¿Usted no sabe? ¡Es simple!. El viento recoge el polen del maíz maduro y lo lleva de campo en campo. Si mis vecinos cultivaran maíz inferior al mío, la polinización degradaría continuamente la calidad de mi maíz. Si yo quiero cultivar maíz bueno, tengo que ayudarlos a cultivar el mejor maíz, cediendo a ellos las mejores semillas."
En una ocasión de esas, un reportero de televisión abordó al agricultor después de la tradicional colocación de la faja de campeón. Él quedó muy intrigado con la revelación del agricultor, de como acostumbraba a cultivar su calificado y valioso producto. El reportero descubrió que el agricultor compartía buena parte de las mejores semillas de su plantación de maíz con sus vecinos.
- "¿Cómo puede usted compartir sus mejores semillas con sus vecinos, cuando ellos están compitiendo directamente con usted?"
El agricultor respondió:
- "¿Usted no sabe? ¡Es simple!. El viento recoge el polen del maíz maduro y lo lleva de campo en campo. Si mis vecinos cultivaran maíz inferior al mío, la polinización degradaría continuamente la calidad de mi maíz. Si yo quiero cultivar maíz bueno, tengo que ayudarlos a cultivar el mejor maíz, cediendo a ellos las mejores semillas."
Jesús sabía que para que este mundo cambiara, que para que
nuestra vida diera sus mejores frutos sólo podía hacer una cosa, compartir su
vida con nosotros, darnos la vida en la Resurrección, y así poder transformar
el mundo.
Y sólo los cristianos que intentan vivir la Resurrección en
plenitud, los que se dejan llevar por ese torrente de vida, hacen que nuestro
mundo vaya cambiando poco a poco.
La Resurrección no es sólo cosa de Jesús, hoy no sólo celebramos
que Cristo ha resucitado, sino que celebramos que esa vida nos la ha dado a
nosotros para que también cultivemos el mejor amor posible entre nosotros.
Por eso disfrutemos hoy de la vida, del precioso regalo que
Cristo nos ha hecho, pero no sólo para que la guardemos, sino para darla
también a los demás y hacer que su vida se llene de felicidad, porque cuantas
más personas seamos felices, más felicidad habrá en nuestra vida.
FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN A TODOS, FELIZ VIDA, FELIZ
ENTREGA.
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