lunes, 2 de diciembre de 2013

PEQUEÑA REFLEXIÓN

Ayer, día uno de diciembre no fue un día que apareciera en los calendarios como algo señalado, como un día que destacara sobre los demás. Fue domingo, un domingo más, y sin embargo para mi si era un día especial.
Hace once años, también fue domingo el día uno de diciembre, lo recuerdo como si fuera ayer, ya que ese día el Señor me concedió el mejor regalo que se le puede hacer a nadie, me concedió la misión de conocer, de amar y de entregarme a la gente que él fuera poniendo en mi camino. Me concedió el regalo de ordenarme sacerdote.
Once años, que han pasado volando, pero lo que no ha pasado volando ha sido el camino recorrido y toda la gente que en ese camino he ido conociendo. No sé si habré dejado huella, lo que sí sé es la huella que, todas y cada una de las personas que he conocido, me han dejado, porque me han ayudado a ser mejor persona, mejor cristiano y mejor sacerdote.

Doy gracias a Dios por ello, y en este primer día de mi duodécimo año de sacerdote le pido me conceda sabiduría para poder explicar a todos su gran misterio, cercanía, para poder llevarlo a todos los que se encuentren conmigo, luz para poder iluminarlos con mi vida, paciencia para poder acogerlos a todos, creatividad para poder hacerlo cercano y fácil de entender. Pero también le digo que si son muchas cosas las que le pido me conformo con que me haga capaz de amar mucho, porque amando al final seré capaz de hacerlo presente allí donde esté. 
Gracias a todos los que me habéis enseñado a ser cada día más feliz siguiendo este camino que Dios ha escogido para mi, a mi familia, por aguantarme, y a todos los que con vuestra amistad me habéis demostrado lo mucho que Dios nos regala cada día.

I DOMINGO DEL TIEMPO DE ADVIENTO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 24, 37-44
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-- Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
HOMILÍA
Era un crudo día de invierno en que llovía torrencialmente. Una pobre mujer llegó a un pueblo e iba de casa en casa pidiendo limosna. Sus vestidos eran viejos pero muy limpios y llevaba en su cabeza un pañuelo, por lo que el viento y la lluvia no permitían ver casi su rostro. En la mano derecha sujetaba un viejo bastón y en su brazo izquierdo una cesta.
La pobre mujer pedía algo para comer. Algunos le dieron panes duros, otros le dieron una miserable moneda, otros no le dieron nada. Un solo vecino, de los menos acomodados del pueblo, la hizo entrar en su casa y le dijo que se acercara al fogón para secar un poco su ropa. Su mujer, que acababa de hacer un rico pastel, le dio un buen pedazo a la pobre mendiga.
Al día siguiente, todas las personas a cuya puerta había llamado la mendiga, fueron invitados a cenar en el castillo de un señor muy acaudalado que vivía en el pueblo. Nadie esperaba este honor y quedaron todos muy sorprendidos. Cuando entraron en el comedor, vieron dos mesas, una llena de exquisitos manjares y otra mucho más grande, en uno de cuyos platos sólo había un trozo de pan duro, en otro una pequeña moneda y la mayoría estaban completamente vacíos. Entonces apareció la dama del castillo, indicándole a sus invitados que tomaran asiento en la mesa más grande. Sólo un matrimonio fue invitado a que se sentaran junto a ella en la mesa llena de manjares. Y les dijo: “Aquella desgraciada mendiga que se presentó ayer a vuestra puerta, fui yo; pensando en los tiempos difíciles que vive tanta gente, he querido poner a prueba vuestra generosidad.
Estas dos buenas personas que veis aquí a mi lado, me permitieron entrar en su casa y me atendieron lo mejor que pudieron, me ofrecieron secar mi ropa en su fogón y me dieron de comer. Por eso ellos son mis invitados de honor, y además les daré una pensión para el resto de sus días. En cuanto a vosotros, comed lo que me disteis de limosna y que encontraréis en esos platos. Para que la próxima vez estéis más atentos a quienes os pidan ayudan”. 
Estad preparados, nos dice el Señor. Comenzamos el tiempo de Adviento con ese mensaje, un recordatorio de que en cualquier momento, y o sólo en los días de Navidad, ese Cristo pequeño y pobre puede tocar en nuestra puerta, puede acercarse a nosotros y espera que lo recibamos.
Estad preparados, porque su venida no se anuncia con grandes luces, como las de los comercios en Navidad, ni con villancicos, sino que viene en silencio, de manera callada, y sólo espera de nosotros una acogida desde el corazón.
Que este Adviento nos ayude a nosotros a tener siempre dispuesto nuestro corazón para acoger a ese niño pequeño que nació en Belén y que nace cada día en todos y especialmente en los que más sufren.

FELIZ SEMANA Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 24 de noviembre de 2013

DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO - JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 23, 35-43
En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo:
-- A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el
Elegido.
Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
-- Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: "Éste es el rey de los judíos".
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:
--¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
Pero el otro lo increpaba:
-- ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.
Y decía:
-- Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
Jesús le respondió:
-- Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.
HOMILIA
El mayor se llamaba Frank y tenía veinte años. Y el pequeño era Ted y tenía dieciocho. Estaban siempre juntos y eran muy amigos desde los primeros años del Colegio. Juntos decidieron enrolarse como voluntarios en el ejército. Y al marchar prometieron ante sus padres que se cuidarían y apoyarían el uno al otro. Tuvieron suerte y los dos fueron destinados al mismo cuartel y al mismo batallón. Aquel batallón fue destinado a la guerra. Una guerra terrible entre las arenas ardientes del desierto. Al principio y durante unas semanas Frank y Ted se quedaron acampados en la retaguardia y protegidos de los bombardeos. Pero una tarde llegó la orden de avanzar en el territorio enemigo. Los soldados avanzaron durante toda la noche, amenazados por un fuego infernal. Al amanecer el batallón se replegó en  una aldea. Pero Ted no estaba. Frank lo buscó por todas partes, entre los heridos, entre los muertos. Al final encontró su nombre entre los desaparecidos. Se presentó al comandante: - Vengo a solicitarle permiso para ir a buscar a mi amigo-, le dijo. – Es demasiado peligroso-, respondió el comandante. Hemos perdido ya a tu amigo. Te perderíamos también a ti. Afuera siguen disparando. Frank, sin embargo, partió. Tras una hora de búsqueda angustiosa, encontró a Ted herido mortalmente. Agonizaba. Lo cargó sobre sus hombros. Pero un cascote de metralla lo alcanzó. Siguió arrastrándose hasta el campamento. – ¿Crees que valía la pena arriesgarse a morir para salvar a un muerto?-, le gritó el comandante. – Sí-, murmuró,- porque antes de morir Ted me dijo: “Frank, sabía que vendrías”.
Una fe que espera contra toda esperanza, que cree aún en medio del dolor y la desesperación. Esa es la fe cristiana, la fe que tiene por rey a un hombre colgado en la cruz.
Celebramos hoy el día de Cristo Rey y clausuramos el año de la fe, dos motivos preciosos para salir a la calle y gritar, con nuestras obras calladas que somos cristianos, que nuestro rey es Cristo  y que nuestra ley es la ley del servicio, de la entrega, del amor.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 17 de noviembre de 2013

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 21, 5-19

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:

--Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.

Ellos le preguntaron:
--Maestro, ¿Cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

Él contestó:

--Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien: "el momento está cerca"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida.

Luego les dijo:

--Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

HOMILIA

En cierta ocasión, un arquitecto se acercó a supervisar las labores de realización de uno de sus proyectos de construcción, una Iglesia impresionante que se estaba levantando en Colina City.
Al llegar, se aproximó a un albañil que estaba inmerso en su trabajo de hacer tabiques, y le preguntó:
- ¿Qué está haciendo?
- ¿Acaso no lo ve? (respondió algo enfadado) Solo estoy poniendo ladrillos.

Viendo las pocas ganas de conversar del obrero, prosiguió su camino por la construcción, y a unos metros de allí encontró a otro trabajador que estaba realizando la misma labor que el primero, e inquirió:
- ¿Qué está haciendo?
- Pues… Estoy levantando un muro (dijo mientras dibujaba una sonrisa que procuraba mostrar amabilidad).

Luego, el arquitecto siguió supervisando la obra, hasta que finalmente se acercó a un tercer oficial de albañilería, que estaba haciendo exactamente lo mismo que los dos anteriores, y le pregunto como a los otros:
- ¿Qué está haciendo?
- ¿Qué estoy haciendo? (respondió mientras sonreía visiblemente). ¡Estoy construyendo la Iglesia!.
Celebramos en este domingo el día de la Iglesia Diocesana. Todos nosotros pertenecemos a ella, y todos de una forma o de otra trabajamos por la construcción de la única Iglesia de Cristo, pero la actitud que pongamos en nuestra vida va a definir nuestra tarea y los resultados que de ella tengamos.
Nuestra de nos implica a entregarnos por completo en la construcción de este nuevo mundo que Dios quiere para nosotros, pero algo que no puede faltar nunca es la alegría y la felicidad porque cada cosa que hacemos dentro de la Iglesia es importantísima.
No hay ningún trabajo más importante que otro, todos son fundamentales, y todos, desde el que se ve más al que lo hace en la sombra debe hacerse con la alegría de saber que estamos construyendo algo impresionante y maravilloso.
FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 10 de noviembre de 2013

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 20, 27-38
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
-- Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les contestó:
-- En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.
HOMILIA
Cierto día, un gran sabio religioso le pidió a Dios que le permitiera ver como era el Cielo y el Infierno para compartir su experiencia con los demás hombres.
 El sabio de inmediato se sumergió en sueños y mediante el poder de Dios su alma viajó a los diferentes destinos.
 Dios decidió mostrarle primero el infierno. Era una gran mansión, cuya única habitación era un largo e infinito comedor. El comedor era tan amplio como una autopista y al frente de cada comensal estaban servidos los mejores y más variados platillos y manjares existentes. El sabio observó detenidamente sus caras y notó que estaban enfermos, y que tenían hambre ya que sus cubiertos eran tan largos como remos, y por más que intentaran estirar sus brazos no alcanzaban a alimentarse.
 El sabio simplemente observó detenidamente y en silencio. Imaginaba que el cielo sería totalmente diferente.
 Después de observar unos segundos más, Dios decidió mostrarle al sabio el Cielo. El sabio comenzó a mover sus manos mientras ascendía en ese lento trance.
 Cual sería el asombro de ver la misma mansión, y entrar en ella. La única habitación era un gran comedor con las mismas dimensiones y características del infierno. Estaba servida con los mismos platillos ostentosos... Sabía que algo diferente tenía que ocurrir.
 Observó que los comensales, a pesar de tener cucharas tan largas como remos se veían saludables, llenos de vigor y felices.. Él sabio se preguntó a sí mismo: ¿Pero cómo están tan felices si ellos por si mismos no pueden aliment..... ?...Ahhhh, es eso. Y observó que cada comensal alimentaba al que estaba en frente. 
Mucho se ha escrito y dicho sobre la muerte, y sin embargo es algo que carece de importancia, porque la muerte es sólo el paso a una nueva vida. Pablo Domínguez, un joven sacerdote que murió hace unos años, hablaba de que la muerte es una puerta, pero que lo importante no es la puerta, sino lo que hay detrás de esa puerta.
Hoy el Señor no habla de esa nueva vida, distinta a la de aquí, pero que parte de esta vida. Es aquí donde debemos esforzarnos por encontrar la llave de esa puerta que nos conduzca a la vida eterna, y lo debemos hacer anticipando ese cielo ya aquí y ahora.
Hagamos de nuestra vida un lugar precioso, donde el amor a Dios y a los hermanos sea lo más importante, sólo así, conseguiremos esa llave que abra la puerta de la muerte a la vida eterna.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA

domingo, 3 de noviembre de 2013

DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 19, 1-10
En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quien era Jesús, pero la gente se lo impedía porque era de bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
--Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.
Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban
diciendo:
--Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor.
--Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.
Jesús contestó:
--Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
HOMILIA
Un científico, que vivía preocupado con los problemas del mundo, estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba sus días en su laboratorio en busca de respuesta para sus dudas.

Cierto día, su hijo de seis años invadió su santuario, decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera entretenerlo. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras, recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta, se lo entregó a su hijo diciendo:

- “Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin la ayuda de nadie.”

Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente:

- "Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo".

Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad, hubiera conseguido componer un mapa que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones, con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible?¿Cómo el niño había sido capaz?

– “Hijito, tu no sabías cómo era el mundo, cómo lo lograste?”

– “Papá, yo no sabía cómo era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura del hombre. Así, que di vuelta a los recortes, y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía cómo era.”

- “Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo.”
Jesucristo, vino a este mundo para cambiarlo, para enseñarnos un modelo nuevo de humanidad, pero para llevarla a cabo debía comenzar por cambiar al hombre concreto, por rehacer aquello que el mundo había roto, y así poco a poco poder ir cambiando a la humanidad completa.
Eso es lo que hizo con Zaqueo, un hombre deseoso de encontrar una vida nueva, algo distinto en lo que creer, y que le llenase de alegría. Y eso lo consiguió Jesús amándolo y acogiéndolo.
Es así como nosotros debemos vivir nuestra vida de cristianos. A cada uno el Señor nos ha amado, se ha entregado por nosotros y ahora nos dice, “haz tu lo mismo”. No te desentiendas de este mundo, cámbialo, pero hazlo al estilo de Jesús, amando al hombre concreto, a esa persona que te encuentras cada día, a ese que te ha hecho daño, a ese que no hace las cosas como a ti te gusta. Ámalo, acércate a él, porque tu amor puede transfórmalo a él y a este mundo.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

viernes, 1 de noviembre de 2013

FESTIVIDAD DE TODOS LOS SANTOS

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó y se acercaron los discípulos; y él se puso a hablar, enseñándolos:
-- Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos lo que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

HOMILÍA
Hu-Song, filosofo de Oriente, contó a sus discípulos la siguiente historia:

- "Varios hombres habían quedado encerrados por error en una oscura caverna donde no podían ver casi nada. Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender una pequeña tea. Pero la luz que daba era tan escasa que aún así no se podía ver nada. Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz podía ayudar a que cada uno de los demás prendieran su propia tea y así, compartiendo la llama con todos, la caverna se iluminó".

Uno de los discípulos pregunto a Hu-Song:

- "¿Qué nos enseña, maestro, este relato?"

Y Hu-Song contestó:

- "Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino que por el contrario, la hace crecer."
Esa es precisamente la fiesta que celebramos hoy, al recordar a todos los Santos, no sólo recordamos a las buenas personas que ya están gozando de la vida eterna, sino que nos fijamos en ellas para imitar su vida, sus acciones.
Todos nosotros conocemos personas que a lo largo de su vida han sabido compartir esa luz de la fe y del amor con aquellos que los rodeaban. Esos son los Santos y por ello celebramos este día, para poder fijarnos en ellos y hacer nosotros lo mismo.
Nosotros, como cristianos, debemos siempre de intentar ser santos, de vivir el Evangelio en cada momento de nuestra vida, y de compartir nuestra luz con aquellos que nos rodean para poder así iluminar nuestro mundo con la claridad del amor.
Que nunca nos cansemos de intentar ser Santos, y que todos aquellos que ya están gozando de la Luz de Dios nos ayuden a serlo cada día más.

QUE DIOS OS BENDIGA Y FELIZ DÍA DE TODOS LOS SANTOS.