domingo, 17 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 18, 21-35
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús:
--Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?
Jesús le contesta:
--No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola:
--Se parece el Reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo".
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré". Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.

HOMILÍA
Si dijéramos que el Evangelio de hoy nos habla de que debemos perdonar siempre a nuestro hermano, no diríamos ninguna mentira, pero sería una forma simplista de explicar la grandeza del mensaje que hoy el Señor nos propone.
Hoy el Señor, sin mencionarlo nos habla de una comunión de vida, de un tender puentes entre nuestras vidas, limitadas y con errores, y las vidas de los que están a nuestro alrededor. Hoy el Señor quiere que nos fijemos en nuestros fallos, en nuestros errores, para no ser jueces injustos de aquellos que nos pueden hacer algún mal.
Se cuenta que, en una oportunidad, dos hermanos que vivían en fincas vecinas, separadas solamente por un pequeño arroyo, entraron en conflicto.
Fue la primera gran desavenencia en toda una vida trabajando lado a lado, repartiendo las herramientas y cuidando uno del otro.
Durante muchos años recorrieron un camino estrecho y muy largo que acompañaba la orilla del arroyo para, al final de cada día, poder cruzarlo y disfrutar la compañía del otro. A pesar del cansancio, hacían la caminata con placer, pues se amaban.
Pero ahora todo había cambiado. Lo que había empezado con un pequeño mal entendido finalmente explotó en un intercambio de palabras ásperas, seguidas por semanas de total silencio.
Una determinada mañana, el hermano mayor oyó que golpeaban a su puerta. Al abrir se paró ante un hombre que llevaba una caja de herramientas de carpintero en la mano.
- Estoy buscando trabajo, le dijo. Quizá usted tenga algo para hacer, por pequeño que sea.
- ¡Sí!- le dijo el campesino- claro que tengo trabajo para ti. ¿Ves aquellos campos más allá del arroyo? Son de mi vecino. En realidad, mi hermano menor. ¡Nos peleamos y no puedo soportarlo más! ¿Ves aquella pila de madera cerca del granero? Quiero que construyas una cerca bien alta a lo largo del arroyo para que no tenga que verlo más.
- Creo que entiendo la situación, dijo el carpintero. Muéstreme donde está la pala, el martillo y los clavos que con seguridad haré un trabajo que lo dejará satisfecho.
Como necesitaba ir hasta el pueblo cercano, el hermano mayor mostró al carpintero donde estaba el material y se marchó.
El hombre trabajó arduamente durante todo el día, midiendo, cortando y martillando. Ya anochecía cuando terminó su obra.
El campesino regresó de su viaje y sus ojos no podían creer lo que estaba viendo. ¡No había ninguna cerca!
En vez de la cerca había un puente que unía las dos orillas del arroyo. Era realmente un hermoso trabajo, pero el campesino se enfureció y le dijo:
- Tú eres muy atrevido construyendo ese puente después de todo lo que te conté.
Sin embargo, las sorpresas no habían terminado aún. Al mirar otra vez hacia el puente, vio al hermano aproximándose de la otra orilla, corriendo con los brazos abiertos. Por un instante permaneció inmóvil. Pero, de repente, en un único impulso, corrió hacia su hermano y se abrazaron llorando en el medio del puente.
El carpintero estaba marchándose con su caja de herramientas cuando el hermano que lo contrató le pidió emocionado: "¡Espera! Quédate con nosotros algunos días más". Pero el carpintero le contestó: "me gustaría mucho quedarme, pero, lamentablemente, tengo muchos otros puentes para construir."
El Señor no habla sólo de perdonar, habla de que el hermano con el que no hablamos, con el que estamos enfadados, la mayoría de la veces con razones poderosas, es alguien que necesitamos en nuestra vida, que nos ayudará a crecer, y que si lo aislamos con el odio o con la indiferencia, perderemos una gran oportunidad para desarrollarnos como cristianos y como personas.
Perdonemos, “hasta setenta veces siete”, tendamos puentes, abramos nuestro corazón, porque todos, hasta nosotros, necesitamos una segunda oportunidad para poder dar todo lo que llevamos en nuestro interior.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 10 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
--Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

HOMILÍA
El poeta Coleridge recibió un día la visita de un admirador.

Cuentan que en el transcurso de la conversación, surgió el tema de la niñez y la educación:

- "Creo", afirmó con rotundidad el visitante, "que debe dejarse a los niños total libertad para que piensen y actúen desde que son muy pequeños y que puedan tomar sus propias decisiones sin que nosotros intervengamos. Sólo así podrán desarrollar al máximo toda su potencialidad."

- "Ven a ver mi jardín de rosas", le dijo Coleridge, acompañando a su admirador hasta el jardín.

Al verlo, el visitante exclamó:

- "¡Pero esto no es un jardín... esto es un patio lleno de maleza!"

- "Solía estar lleno de rosas", dijo el poeta, "pero este año decidí dejar a las plantas de mi jardín en total libertad de crecer a sus anchas sin atenderlas. Y este es el resultado."

Seguro que habéis escuchado esta frase, e incluso la habéis dicho alguna que otra vez, “yo no me meto en la vida de nadie, porque bastante tengo yo con la mía”. Y es verdad, que para qué nos vamos a meter en lo que cada uno hace, si somos libres de hacer lo que queramos, porqué no vamos a dejar que los demás lo hagan.
Por eso yo les diría a todos los padres, ¿por qué os metéis en la vida de vuestros hijos? Dejad que hagan lo que quieran, dejadlos libres para que hagan lo que les apetezca.
Más de uno estará pensando, “pero es que no es lo mismo, lo que hagan los demás y lo que hagan mis hijos o mis seres queridos. Yo los quiero y por eso me importa lo que hacen”. Y ¿qué sucede? ¿Que a los demás no los queremos? ¿que de aquellos que no son de los nuestros no nos preocupamos?. Para un cristiano ese razonamiento no es válido, porque todos los que nos encontramos en nuestra vida son parte de nosotros, son algo  nuestro.
Por eso el reprender al que tenemos al lado y se ha equivocado es una obligación, no porque nos queramos meter en su vida, sino porque lo queremos y nos importa lo que haga. San Pablo decía en la segunda lectura que todos los mandamientos, toda la ley del cristiano se resume en amar, y amando, nunca podremos hacerle daño a nadie. Por eso preocuparnos de los demás y corregirlos, siempre con amor, no es entrometernos en su vida, es amarlos un poquito más, como Dios hace con nosotros.
Que no nos desentendamos de  los demás, que los consideremos como algo nuestro, simplemente porque los amemos, como Dios nos ama a nosotros y le preocupa lo que hacemos.

FELIZ DOMIGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 3 de septiembre de 2017

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 16- 21- 27
En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
-- ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
-- Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.
Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
-- El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

HOMILÍA
Qué manía tiene el Señor con hacernos sufrir, ¿cómo nos pide que nos neguemos a nosotros mismos?, ¿es que tengo que despreciarme a mí mismo para seguirlo?. Creo que no es eso lo que quiere decirnos en el Evangelio. Con un ejemplo lo explico mejor.
Para dejar claro un punto utilizó un ejemplo que los profesionales jamás olvidarán. Parado frente el auditorio lleno de gente dijo:
- Quisiera hacerles un pequeño examen…
De debajo de la mesa sacó un jarro de vidrio, de boca ancha, y lo puso sobre la mesa frente a él. Luego sacó una docena de rocas del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una por una en el jarro. Cuando el jarro estaba lleno hasta el tope y no podía colocar más piedras, preguntó al auditorio:
- ¿Está lleno este jarro?
Todos los asistentes dijeron:
- Sí. Entonces dijo:
- ¿Están seguros?
Y sacó de debajo de la mesa un balde con piedras pequeñas de construcción. Echó un poco de las piedras en el jarro y lo movió haciendo que las piedras pequeñas se acomodasen en espacio vacío entre las grandes. Cuando hubo hecho esto, preguntó una vez más:
-¿Está lleno este jarro?
Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los asistentes dijo en voz alta:
- Probablemente no.
-Muy bien. Contestó el expositor.
Sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en el jarro. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas: Una vez más preguntó al grupo.
- ¿Está lleno este jarro?
Esta vez varias personas respondieron a coro:
-¡No!
Una vez más el expositor dijo:
- ¡Muy bien!
Luego sacó una jarra llena de agua y echo agua al jarro hasta que estuvo lleno hasta el mismo borde. Cuando terminó, miró al auditorio y preguntó:
- ¿ Cuál creen que es la enseñanza de esta pequeña demostración?
Uno de los espectadores levantó la mano y dijo: – La enseñanza es que no importa lo lleno que esté tu horario. Si de verdad lo intentas, siempre podrás hacer más cosas.
- ¡No!, esa no es la enseñanza. La verdad que esta demostración nos enseña es lo siguiente: Si no pones las piedras grandes primero, no podrás ponerlas en ningún otro momento.
Eso es precisamente lo que significa negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir a Cristo. Si no lo colocamos en primer lugar, si somos nosotros los primeros en nuestra vida, luego no habrá lugar para Dios. Pero si somos capaces de colocarlo a Él antes, entonces todo tendrá cabida. Porque si para nosotros lo primero es Dios, no podremos olvidar a nuestros seres queridos, si para nosotros lo primero es Dios siempre estaremos dispuestos a ayudar al que nos lo pida, porque Dios estará en él.
Que seamos capaces de poner a Dios como lo primero en nuestra vida, porque así todo lo demás será importante para nosotros, porque será importante para Dios.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 27 de agosto de 2017

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 16, 13- 20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡ Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

HOMILÍA
Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: No sabía quién era.

- “Lo que te falta es concentración", le decía el manzano. "Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?”

- “No lo escuches", exigía el rosal, "es más sencillo tener rosas y ¿ves qué bellas son?”

Y el árbol desesperado intentaba todo lo que le sugerían y, como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

- “No te preocupes, tu problema no es tan grave. Es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... sé tú mismo, conócete y, para lograrlo, escucha tu voz interior.” Y, dicho esto, el búho desapareció.

- “¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...?”, se preguntaba el árbol desesperado, cuando, de pronto, comprendió...

Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:

- “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión: cúmplela.”

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado.

Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Está claro que Jesús no necesitaba saber que decían de él, ni siquiera lo que nosotros pensaos de él porque Jesús sabía perfectamente cuál era su misión, pero sí sabía que la respuesta a esa pregunta nos hace a nosotros saber lo que somos, como le pasó a Pedro. Sólo si somos capaces de responder a la pregunta de quién es Cristo para mí, desde el corazón y con sinceridad, podremos saber lo que somos y cuál es nuestra misión en la vida.
Si para nosotros Cristo es una persona excepcional, con unas grandes enseñanzas, pero no entra en nuestra vida como el Salvador, no dejará de ser un personaje histórico que no tendrá nada que ver con nosotros. Pero si lo confesamos como nuestro salvador, como la luz que guía nuestra vida, como el que murió y resucitó por nosotros, entonces y sólo entonces nuestra vida no puede ser igual que la del que no cree en el.
Confesar a Jesús como Mesías, hizo que Pedro tuviera la misión de ser Piedra y fundamento de la Iglesia. Confesarlo nosotros, nos da la misión de ser piedras viva dentro de este mundo que necesita de personas comprometidas para ir sembrando paz y esperanza. Cada uno a su manera, porque no todos somos iguales ni tenemos la misma misión. Pero eso sólo lo podremos hacer si de verdad Jesús entra en nuestro corazón y lo trasforma.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA. 

domingo, 20 de agosto de 2017

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
-- Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
-- Atiéndela, que viene detrás gritando.
Él les contestó:
-- Sólo me han enviadlo a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:
-- Señor, socórreme.
Él le contestó:
-- No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso:
--Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Jesús le respondió:
-- Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento quedó curada su hija.

HOMILÍA
¿Quién es este Jesús que me lo han cambiado? ¿Dónde está el dulce, el pacífico, el Señor que amaba a todos, que nos pedía que amásemos a todos? ¿Qué clase de respuesta es la que le da a aquella mujer que sólo quería una ayuda para su hija?.
Como siempre todo lo que hace Jesús lleva un sentido, una moraleja por así decirlo. Pero en este caso no es para la mujer cananea, no era para ponerla a prueba, El Señor ya sabía de la fe de aquella mujer. Esa reacción fue para poner a prueba a sus discípulos, y sobre todo para enseñarles una de las lecciones más maravillosas que podía enseñarles, y que hoy en día nos puede enseñar a nosotros.
Aquella mujer era una cananea, una mujer que no era judía, y que por consiguiente no podía tener trato con los judíos, y sin embargo, Jesús les quiere mostrar a sus discípulos, que por encima del lugar donde nazca uno, hay algo que los une con aquella mujer que es su fe y su amor.
Y esa es precisamente la lección que nos quiera dar a nosotros, hoy también. En nuestras iglesias hay gente de todos tipos, habrá gente de nuestros pueblos o de nuestras ciudades, y otros de fuera, habrá gente de izquierdas y gente de derechas, habrá gente que sea del Madrid y otros de Barcelona, y otros a los que no les guste el futbol, habrá gente a la que le guste la paella y otros a los que no, pero por encima de todas las diferencias hay algo que nos une, que es nuestra fe y nuestro amor a Dios.
Entonces, si lo que nos une es mucho más fuerte que lo que nos separa, ¿por qué dejamos que lo que nos diferencia nos separe tanto?, ¿Cómo es posible que en la Iglesia haya divisiones por tonterías, y no nos percatemos de aquello que en realidad nos une y que nos hace vernos como hermanos y tratarnos como hermanos?
Cierto día, un niño preguntó a su padre: ¿Papá, porqué cuando nos enfadamos nos gritamos?.
El padre le dijo: “mira, cuando nos enfadamos, nuestros corazones se distancian, y para que se puedan oír necesitan alzar la voz. Cuando nos queremos, nuestros corazones están juntos, y por tanto con un susurro se pueden escuchar.”
Cuando los cristianos vemos al otro como un hermano, por encima de divisiones y por encima de disputas, por muy serias que sean, nuestros corazones están unidos, porque creemos en un mismo Dios, en un mismo amor.
Entre nosotros no puede haber divisiones por ideologías, por estrato social o por lo que sea. A nosotros nos une alguien que está por encima de todo, no dejemos que nos separen tonterías. Mostrémosle al mundo nuestra unión, que puedan reconocernos, no porque llevemos un cartel, sino porque puedan decir, “mira como se aman”.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

martes, 15 de agosto de 2017

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE MARÍA

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 39, 56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
--¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.
María dijo:
--Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia --como lo había prometido a nuestros padres-- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

HOMILÍA
Dicen que un día San Pedro andaba de mal humor en el Cielo... Se presento ante el Señor Jesús y le dijo: Maestro, sabes que se van a cumplir dos mil anos que me hiciste "portero" del Cielo al darme las llaves del Reino... Desde entonces no ha entrado aquí nada que no esté más limpio que el sol... En esto soy puntilloso!... lo sabes...
-Si, Pedro, lo sé y te estoy muy agradecido por tu celo en el cuidado del Reino de los Cielos...
-Pues me temo, dijo Pedro, que algo está pasando... Desde mi observatorio de la portería vigilo y he observado que en las avenidas celestes hay caras desconocidas. .. ? y lo que es peor, poco limpias!. Hasta los vestidos de algunos bienaventurados dejan que desear...
-Bien Pedro... ? y que sugieres?.
-Una investigación de las murallas, porque.... por la portería no han pasado. Tiene que haber "otra puerta" distinta de la mía, Señor.
Y asi fue, aquella tarde a la hora de la siesta, Jesús y Pedro se dieron una vuelta por las murallas de jaspe de la Gloria...
Por fin, Pedro triunfante, grito: Ahí esta, Señor, ya lo sabia... ?mira!!. Señalaba, tras un rosal florecido, un hueco del que pendía un rosario que llegaba hasta la Tierra. Y dijo el Señor: "Déjalo Pedro, esas... son cosas de mi Madre".
Hoy celebramos la fiesta de la Asunción de María, y es que el Señor quiso tener para siempre a María cerca de él para que se quedara como abogada e intercesora nuestra.
María es la que nos anima a vivir como ella vivió, a entregarnos a los demás como ella lo hizo y a ser en medio de nuestro mundo un referente de vida como ella lo fue.
Y como sabe que nos cuesta trabajo, y que nos es difícil hacerlo, ella intercede ante Dios por nosotros para que podamos participar también con ella de su misma gloria.
Vivamos nuestra vida desde la sencillez y la humildad como María lo hizo, para poder un día estar en la casa del Padre junto con ella y sobre todo para hacer ya de este mundo un trocito del cielo que nos aguarda.

FELIZ FIESTA Y QUE SANTA MARÍA BENDIGA VUESTRO DÍA.

domingo, 13 de agosto de 2017

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 14, 22-33
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida:
-- ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!
Pedro le contestó:
-- Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.
Él le dijo:
-- Ven.
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
-- Señor, sálvame.
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-- ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-- Realmente eres Hijo de Dios.

HOMILÍA

¿Cómo es posible que haya gente que le pase lo que le pase siempre ve el lado positivo de las cosas?, ¿Cómo es posible que haya gente que confíe plenamente en el Señor, aún cuando le ocurren grandes desgracias?

Cuentan que un hombre llegó a un pueblo y se encontró con una gran pobreza, extrañado buscó a un lugareño y le preguntó:
- Que tal viene el algodón?
- “Aquí no se da”. Respondió quejoso.
- ¿Y qué tal las frutillas?
- “Aquí no se dan”. ¡Es una lástima! – Agrego.
- ¿Y los tomates?
- “No, aquí no se dan”. Contesto en el mismo tono.
- ¿Qué extraño! Respondió sorprendido el interlocutor, porque del otro lado de la costa,  enfrente mismo de sus tierras, he visto abundantes plantaciones de algodón, frutillas y tomates.
- Ah, si… conozco el hecho. Explicó el hombre del campo, pero allá, es que los cultivan

Y es que la confianza, la fe en el Señor también hay que cultivarla.

Los discípulos de Jesús necesitaron también de momentos de tormenta para poder reconocer que el Señor estaba cerca de ellos, aunque no lo vieran, aunque no lo tuvieran presente. El Señor es el que debe darnos la tranquilidad, la serenidad para afrontar los momentos difíciles de nuestra vida desde la confianza, desde la certeza de tenerlo cerca. Él vuelve a decirnos “no temáis, soy yo”, estoy cerca, no me he ido.

Está claro que con esa tranquilidad afrontar los desafíos de la vida es mucho más sencillo, mucho más fácil.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.