domingo, 14 de enero de 2018

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1, 35-42
En aquel tiempo estaba Juan con dos de sus discípulos y fijándose en Jesús que pasaba, dijo:
--Este es el cordero de Dios.
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús, Jesús se volvió y al ver que lo seguían, les pregunto:
--¿Qué buscáis?
Ellos le contestaron:
--Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?
Él les dijo:
--Venid y lo veréis
Entonces fueron, vieron donde vivían y se quedaron aquel día, serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo:
--Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
-- Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro).

HOMILÍA
Un hombre encontró un huevo de águila y lo puso en el nido de una gallina, en un corral. El aguilucho fue incubado junto con la nidada de polluelos, y creció con ellos. Y aquella águila hacía lo que hacían los pollos del corral, creyendo que era uno de ellos. Escarbaba la tierra en busca de gusanos e insectos. Piaba y cacareaba. Y movía las alas y volaba unos pocos metros.

Pasaron los años y el águila envejeció. Un día vio un ave magnífica volando por encima de ella, en el cielo sin nubes. Se deslizaba con graciosa majestad entre las poderosas corrientes de aire, moviendo sus fuertes alas doradas. La vieja águila miraba hacia arriba con asombro.
- ¿Quién es ella? —peguntó.
- Ella es el águila, la reina de las aves —le dijo su vecina—. Nadie vuela como ella, nadie puede cazar como ella. Ella pertenece al cielo. Nosotras, en cambio,  pertenecemos a la tierra; somos gallinas. ¡Tú eres una gallina!
Así, aquella pobre águila vivió y murió creyendo que en verdad era una gallina.

Si nadie nos hubiera hablado de Dios, si nadie se hubiera preocupado de enseñarnos qué significa ser cristiano, y cuál debe ser nuestra forma de vivir y de creer, no podríamos disfrutar de todo lo que nuestra fe nos da. Pero si nosotros no hubieramos dado el paso de seguir a Cristo, si nosotros no hubiéramos decidido seguirlo, seguiríamos siendo como aquella águila.

Hoy Juan el Bautista nos muestra a Jesús, nos muestra el camino a seguir, de nosotros depende el querer seguirlo, el seguir adelante, el caminar con Jesús, el buscarlo en medio de nuestra vida, en los rostros de la gente que nos encontramos, en el corazón de aquél que nos ha herido, o de aquel que nos necesita.

Tenemos cada día nuevas oportunidades para seguir a aquel que es el Cordero de Dios, y lo mejor, tenemos cada día la oportunidad de señalar el camino para que otros al vernos puedan seguir a Aquel que a nosotros nos da la felicidad.


FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 7 de enero de 2018

DOMINGO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 1, 7-11
En aquel tiempo proclamaba Juan:
"Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero el os bautiza con Espíritu Santo".
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:
--Tú eres mi hijo amado, mi predilecto.

HOMILÍA
Un discípulo llegó a lomos de su caballo ante la casa de su maestr. Desmontó, entró en la tienda, hizo una profunda reverencia y dijo:

- “Tengo tanta confianza en Dios, que he dejado suelto a mi caballo ahí afuera, porque estoy convencido de que Dios protege los intereses de los que le aman”.

- “¡Pues sal fuera y ata tu caballo estúpido!”, le dijo el maestro. “Dios no puede ocuparse de hacer en tu lugar lo que eres perfectamente capaz de hacer por ti mismo.”
Celebramos hoy el bautismo del Señor. Después de los días intensos de la Navidad, de vivir el nacimiento de Jesús, y ver como Dios se hace hombre por nosotros, por amor a cada hombre y mujer, para salvarnos, vemos como Jesús comienza su vida de predicación, porque nuestra fe no es para quedarse quietos esperando a que Dios hecho hombre nos lo haga todo.
Esta fiesta del bautismo, nos recuerda que también nosotros fuimos bautizados, pero no para vivir de una manera pasiva, sino para que todo aquello que nosotros podamos hacer lo hagamos.
La salvación que Jesús vino a traernos necesita de nuestra ayuda. Dios ha puesto este mundo en nuestras manos, no para que dejemos que él haga las cosas, sino para hacerlas nosotros. Para que seamos nosotros los que transformemos esta sociedad nuestra. En eso consiste nuestro bautizo, en eso consiste ser cristiano.
Que nunca nos falten las ganas de trabajar en este mundo para poner en funcionamiento los dones que el Señor nos dio cuando después de bautizarnos el nos dijo: “Tu eres mi hijo amado, mi predilecto”.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

sábado, 6 de enero de 2018

FIESTA DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
-- ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
-- En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: "Y tú. Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; Pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles:
-- Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que había visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron: después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
HOMILÍA
Cuenta la tradición que los reyes viajaron desde el lejano oriente guiados por una estrella y cargados con regalos para ofrecer al Mesías que nacería en Belén.
Melchor, Gaspar y Baltasar, llegaron a tiempo al pesebre donde nació Jesús y entregaron los regalos que traían para adorarlo: Oro, incienso y mirra.
Sin embargo, pocos saben que en realidad eran cuatro los reyes magos que debieron haber llegado aquella noche a Belén, pero, ¿Qué pasó con el cuarto rey mago?
Artabán, que así se llamaba el cuarto rey mago,  junto con Melchor, Gaspar y Baltasar, habían hecho planes para reunirse en Borsippa, una antigua ciudad de Mesopotamia desde donde iniciarían el viaje que les llevaría hasta Belén para adorar al Mesías.
El cuarto rey mago llevaba consigo una gran cantidad de piedras preciosas para ofrecer a Jesús, pero cuando viajaba hacia el punto de reunión encontró en su camino a un anciano enfermo, cansado y sin dinero. Artabán se vio envuelto en un dilema por ayudar a este hombre o continuar su camino para encontrarse con los otros reyes. De quedarse con el anciano, seguro perdería tiempo y los otros reyes le abandonarían. Obedeciendo a su noble corazón, decidió ayudar a aquel anciano.
El tiempo había pasado y en el punto de reunión no encontró más a sus tres compañeros de viaje.
Decidido a cumplir su misión, emprendió un largo camino sin descanso hasta Belén para adorar al niño, pero al llegar, Jesús había nacido y José y María estaban rumbo a Egipto, escapando a la matanza ordenada por Herodes.
Artabán emprendió entonces un viaje en el que, por donde quiera que pasaba, la gente pedía su auxilio, y él, atendiendo siempre a su noble corazón, ayudaba sin detenerse a pensar que el obsequio de piedras preciosas que cargaba, poco a poco se reducía sin remedio. En su andar, Artabán se preguntaba: ¿Qué podía hacer si la gente le suplicaba por ayuda? ¿Cómo podría negarle ayuda a quien la necesitaba?
Así pasaron los años y en su larga tarea por encontrar a Jesús ayudaba a toda la gente que se lo solicitaba.
Treinta y tres años después el viejo y cansado Artabán llegó por fin a donde los rumores le habían llevado en su larga búsqueda por Jesús. La gente se reunía en torno al monte Gólgota para ver la crucifixión de un hombre que, decían, era el Mesías enviado por Dios para salvar las almas de los hombres. Artabán no tenía duda en su corazón, aquel hombre era quién había estado buscando durante todos esos años.
Con un rubí en su bolsa y dispuesto a entregarla joya pese a cualquier cosa, Artabán encaminó sus pasos hacia aquel monte, sin embargo, justo frente a él apareció una mujer que era llevada a la fuerza para ser vendida como esclava para pagar las deudas de su padre. Artabán la liberó a cambio de la última piedra que le quedaba de su vasto tesoro.
Triste y desconsolado, nuestro cuarto rey mago se sentó junto al pórtico de una casa vieja. En aquel momento, la tierra tembló de forma brusca y una enorme piedra golpeo la cabeza de Artabán. El temblor aquel anunciaba la muerte de Jesús en la Cruz.
Moribundo y con sus últimas fuerzas, el cuarto rey imploró perdón por no haber podido cumplir con su misión de adorar al Mesías. En ese momento, la voz de Jesús se escuchó con fuerza: Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste. Artabán, agotado, preguntó: ¿Cuándo hice yo esas cosas? Y justo en el momento en que moría, la voz de Jesús le dijo: Todo lo que hiciste por los demás, lo has hecho por mí, pero hoy estarás conmigo en el reino de los cielos.
Día de Reyes en el que nos encontramos, pero sobre todo, día de mostrar al mundo que vale mucho más la pena dar que recibir, que es más importante para un cristiano, entregarse a los demás que cualquier otra cosa en el mundo. Por eso imitemos hoy a Artabán, adoremos al Mesías en todos aquellos que nos encontremos, y así este día de verdad se convertirá en el día de la ilusión, del amor, de los regalos.
FELIZ DÍA DE REYES Y QUE DIOS OS BENDIGA.

lunes, 1 de enero de 2018

SOLEMNIDAD DE MARÍA MADRE DE DIOS

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 16-21
En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que había visto y oído; todo como les había dicho. Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

HOMILÍA
Ahora que termina el año, es hora de hacer un poco de repaso de lo mucho o lo poco que lo hemos aprovechado. Os doy unos cuantos datos curiosos: dormimos unas ocho horas diarias, que por 365 días que tiene el año son 2920 horas, o lo que es lo mismo 121 dias completos durmiendo.
Trabajamos 8 horas, más o menos, unos 200 días al año, quitando fines de semana, festivos y vacaciones. Eso son 1600 horas al año, 66 días completos. Viendo la tele, según algunos estudios, nos pasamos 3 horas diarias, o lo que es lo mismo, 46 días al año.
¿Y todos estos datos para que nos pueden servir? Para darnos cuenta que no merece la pena perder ni un minuto de nuestro tiempo sufriendo y haciendo que sufran los otros.
Merece la pena aprovechar nuestra vida, y muchas veces nos hemos empeñado en llenar la vida de días, y no de llenar los días de vida. En nuestras manos está que cada minuto que tenemos lo aprovechemos para ser nosotros felices y para hacer felices a los demás. Cuanto tiempo malgastado en peleas, en discusiones, en malos momentos.
Cierto día un hombre entró en una Iglesia y se puso a rezar así a Dios: Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días. Llego a la casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar. Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja porque quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado. Mi Padre también me molesta algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos.

- Hola, vengo por ti.
- ¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste?
Me manda Dios por ti. Dice que escuchó tus quejas y tienes razón, es hora de descansar.
- Eso no es posible, para eso tendría que estar...
- Así es, si lo estás, ya no te preocuparás por ver a las mismas gentes, ni de aguantar a tu esposa con su guisos, ni a tu pequeña hija que te moleste, ni escucharás los consejos de tu padre.
- Pero... ¿qué va a pasar con todo? ¿Con mi trabajo?
- No te preocupes, en tu empresa ya contrataron a otra persona para ocupar tu puesto y por cierto, está muy feliz por que no tenía trabajo.
- ¿Y mi esposa y mi bebé?
- A tu esposa le fue dado un buen hombre que la quiere, respeta y admira por sus cualidades y acepta con gusto todos sus guisos sin reclamarle nada. Y además, se preocupa por tu hija y la quiere como si fuera suya y por muy cansado que siempre llegue del trabajo, le dedica tiempo para jugar con ella y son muy felices.
- No, no puedo estar muerto.
Lo siento, la decisión ya fue tomada.
- Pero...eso significa que jamás volveré a besar la mejillita de mi bebé, ni a decirle te amo a mi esposa, ni darle un abrazo a mi padre.
NO, NO QUIERO MORIR, QUIERO VIVIR, envejecer junto a mi esposa, NO QUIERO MORIR TODAVIA....
Pero es lo que querías, descansar, ahora ya tienes tu descanso eterno, duerme para SIEMPRE.
NO, NO QUIERO, NO QUIERO, POR FAVOR DIOS....!!!!
Qué te pasa amor tienes una pesadilla?, dijo mi esposa despertándome.
No, no fue una pesadilla, fue otra oportunidad para disfrutar de ti, de mi bebé, de mi familia, de todo lo que Dios creó. ¿Sabes?, estando muerto ya nada puedes hacer y estando vivo puedes disfrutarlo todo... 
Aprovechemos este nuevo año que se presenta, ya que sólo depende de nosotros. Seamos felices, y hagamos felices a los demás.

FELIZ AÑO NUEVO A TODOS. FELIZ VIDA. QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 31 de diciembre de 2017

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. (De acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor"), y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
-- Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
-- Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

HOMILIA
Una joven pareja entró en el mejor comercio de juguetes de la ciudad. Ambos se entretuvieron mirando los juguetes alineados en las estanterías. Había de todo tipo. No llegaban a decidirse. Se les acercó una dependienta muy simpática.

- "Mira", le explicó la mujer. "Tenemos una niña muy pequeña, pero estamos casi todo el día fuera de casa y, a veces, hasta de noche."

- "Es una cría que apenas sonríe", continuó el hombre. "Quisiéramos comprarle algo que la hiciera feliz, algo que le diera alegría aún cuando estuviera sola"

- "Lo siento", sonrió la dependienta con gentileza. "Pero aquí no vendemos padres."

Celebramos hoy el día de la Sagrada Familia. Recordamos con cariño, aquel pequeño hogar de Nazaret donde Jesús pasó 30 años, acompañado de María y José, pero sobre todo hoy recordamos que lo que los mantenía unidos no era un contrato, sino un vínculo mucho más fuerte: el amor.
Hoy en día nos preocupamos tanto de nosotros mismos, de nuestros gustos, de ser felices, que se nos olvida que la auténtica felicidad está en amar y en hacer felices a los que están más cerca de nosotros, a nuestra familia.
Y para hacerlos felices no hace falta dinero, no hace falta tener muchas cosas. Lo único necesario es quererlos y sentirse querido.
Por eso, en estas fechas en los que los regalos llenan las casas, regalemos lo más precioso que tenemos a nuestra familia, nuestro amor, nuestro tiempo, a nosotros mismos, seguro que así, nosotros encontraremos ese amor y sobre todo la gran alegría que procede del corazón de Dios.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA A VOSOTROS Y A TODAS LAS FAMILIAS.

lunes, 25 de diciembre de 2017

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 1, 1-18
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
-- Este es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

HOMILÍA
Como sabes, hoy es mi cumpleaños. Todos los  años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que en este año sucederá lo mismo. En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la televisión y, en todas partes, no se habla de otra.
 La verdad, es agradable saber que, al menos un día del año, algunas personas piensan un poco en mi. Como tú sabes, hace muchos años empezaron a festejar mi cumpleaños. Al principio parecían comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día nadie  sabe para qué lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no sabe de qué se trata. Recuerdo el año pasado, al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor. Había cosas muy deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y recuerdo también que había muchos regalos; pero.... ¿Sabes una cosa? Ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni  siquiera se acordaron de invitarme. La fiesta era para mí y cuando llegó el gran  día me dejaron afuera, me cerraron la puerta... y yo quería compartir la mesa con ellos.  La verdad no me sorprendí, porque en los últimos años todos me cierran  la  puerta. Y, como no me invitaron, se me ocurrió estar sin hacer ruido. Entré  y me quedé en el rincón. Estaban todos bebiendo, había algunos ebrios contando chistes, carcajeándose. La estaban pasando en grande. Para colmo, llegó un viejo gordo vestido de rojo, de barba blanca y gritando ¡jo-jo-jo-jo!. Parecía que había bebido de más. Se dejó caer pesadamente en  un sillón y todos los niños corrieron hacia él, diciendo: ¡Papa Noël, Papá Noël!". ¡Como si la fiesta fuese en su honor! Llegaron las doce de  la noche y todos comenzaron a abrazarse; yo extendí mis brazos esperando  que alguien me abrazara y, ¿sabes?, nadie me abrazó... De repente todos empezaron a repartirse los regalos, uno a uno los fueron abriendo, hasta que  se abrieron todos. Me acerqué para ver si de casualidad había alguno  para  mí. ¿Qué sentirías si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros y a ti no te regalaran nada?. Comprendí entonces que yo sobraba en esa  fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retiré. Cada año que pasa es peor, la gente sólo se acuerda de la cena, de los regalos y de las fiestas, y de mi nadie se acuerda.  Quisiera que esta Navidad me permitieras entrar en tu vida, quisiera que  reconocieras que hace casi dos mil años vine a este mundo para dar mi vida  por ti en la cruz y de esa forma poder salvarte. Hoy sólo quiero que tú reconozcas esto con todo tu corazón.
Voy a contarte algo, he pensado que como muchos no me invitaron a su fiesta, voy a hacer la mía propia, una fiesta grandiosa como la que  jamás nadie se imaginó, una fiesta espectacular. Todavía estoy haciendo los últimos arreglos, por lo que este año estoy  enviando muchas invitaciones y en este día, hay una invitación para ti,  sólo quiero que me digas si quieres asistir, te reservaré un lugar, y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados. En esta fiesta sólo habrá invitados con previa reserva, y se tendrán que quedar afuera aquellos que no contesten mi  invitación.  Prepárate porque cuando todo esté listo, daré la gran fiesta. Hasta pronto...TU AMIGO, JESÚS.

FELIZ NAVIDAD A TODOS, Y QUE EL NIÑO QUE NACE NOS HAGA A NOSOTROS NACER A UNA VIDA LLENA DE AMOR. 

domingo, 24 de diciembre de 2017

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 1, 26- 38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
-- Alégrate, llena de gracias, el Señor está contigo.
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
-- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
-- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?
El ángel le contestó:
-- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó:
-- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.
Y la dejó el ángel.

HOMILÍA
Cuentan que una vez tres árboles jóvenes estaban conversando sobre lo que querían ser cuando fueran grandes. El primero decía: «A mi me gustaría ser utilizado en la construcción de un gran Palacio para servir de techo a Reyes y Príncipes». El segundo dijo: «A mi me gustaría ser el mástil mayor de un hermoso barco que surque los mares llevando riquezas, alimentos, personas y noticias de un lado a otro de los océanos». El tercero, por su parte, dijo: «A mi me gustaría ser utilizado para construir un gran monumento de esos que se colocan en medio de las plazas o avenidas y que cuando la gente me vea, admire a Dios por su grandeza».
Pasaron los años, los árboles crecieron y llegó el tiempo del hacha y la sierra. Cada uno de los tres árboles fue a dar a distintos sitios: El primero fue utilizado para construir la casita de un campesino pobre que con el tiempo fue destruida y abandonada. Con los restos se levantó un pequeño establo para que los animales se protegieran del frío y de la noche... El segundo fue utilizado para la construcción de la barca de un pobre pescador que se pasaba la mayor parte del tiempo amarrada a la orilla de un lago... El tercero fue utilizado para la construcción de una cruz, donde fueron ajusticiados varios hombres...
No era lo que esperaban, pero si era lo que Dios necesitaba de ellos. Lo mismo que la Virgen, “ella se extrañó ante estas palabras y se preguntaba que saludo era aquel”, nos dice San Lucas. María no había ni imaginado lo que Dios tenía reservado para ella, y sin embargo su respuesta fue de total disponibilidad.
Al igual con nosotros, Nuestras expectativas y deseos, muchas veces no se cumplen, pero debemos pensar que lo que nos ocurre tiene su razón, y sobre todo, que allí donde estemos podemos servirle, y mucho, a Dios.
No es cuestión de quejarnos porque nuestros planes no han salido, es cuestión de alegrarnos, porque en cada momento, en cada situación Dios se sirve de nosotros, de nuestras vidas para seguir construyendo su gran obra de la salvación.
Tengamos la disponibilidad de María, y allí donde la vida y Dios nos hayan llevado digámosle, “aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”.
FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.