domingo, 23 de julio de 2017

DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 13, 24-43
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:
-- El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?" Él les dijo: "Un enemigo lo ha hecho." Los criados le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero él les respondió: "No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: "Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero."
Les propuso esta otra parábola:
-- El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola:
-- El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: "Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo".
Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le
acercaron a decirle:
-- Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.
Él les contestó:
-- El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

HOMILÍA
Dos son las características que destacan las lecturas de Dios: por un lado la misericordia que tiene con nosotros en los que se unen lo bueno y lo malo casi a diario. Y por otro lado la paciencia que tiene con nosotros, de los que espera siempre algo más, pero lo hace sin prisas, a nuestro ritmo.
Pero estas dos características no son sólo para que nosotros estemos contentos y tranquilos sabiendo que el Señor siempre va a estar esperando y sobre todo con el corazón abierto para perdonarnos, sino para que aprendamos que somos nosotros los que debemos mostrar al mundo estas dos cualidades de Dios, siendo nosotros los que tengamos misericordia de los que nos rodean y paciencia a la hora de mirar el mundo, sabiendo que si trabajamos en él, el reino de Dios un día llegará a implantarse.
Cierto día, caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez.
Tan pronto como me aproximé me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar.
Intrigado, le interrogué sobre lo que estaba haciendo, a lo cual respondió:
“Estoy lanzando estas estrellas de mar nuevamente al océano, como ves, la marea está baja y estas estrellas han quedado en la orilla. Si no las arrojo al mar morirán aquí por falta de agua“.
“Entiendo“, le dije, “pero hay miles de estrellas de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas. Y quizá no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa“.
“¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?“.
El nativo sonrió, se inclinó y tomó una estrella, y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:
“¡Para ésta, si lo tuvo!“
Nuestro trabajo como cristianos no depende de los resultados, o de si con nuestra conducta vamos a ser capaces de cambiar el mundo. Muchas veces nos sentimos fracasados porque nuestro trabajo no tiene frutos, o simplemente porque no salen las cosas como a nosotros nos gustaría, pero debemos tener en cuenta que no depende de nosotros los resultados, sino que nuestra labor consiste en vivir cada día el mensaje de Jesucristo, y que luego será Dios quien juzgue nuestra conducta y la de los demás.
No nos desanimemos porque el mundo no camine como a nosotros nos gustaría, sintámonos satisfechos si cada uno de nosotros cumplimos con nuestra misión, la de hacerle ver al mundo que aún hoy en día se puede ser reflejo de Dios delante de los hombres.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 16 de julio de 2017

DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 13, 1-23
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas:
-- Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
--¿Por qué les hablas en parábolas?
Él les contestó:
-- A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador: Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe. Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.

HOMILÍA
El otro día tuvo un sueño. Me encontraba en un estadio de atletismo. Las gradas llenas, el público expectante. Iba a correr la prueba de los 100 metros lisos, estaba nervioso, pero ansioso porque comenzara todo. Me coloqué en los tacos de salida, el juez hizo sonar la pistola y  salí corriendo como nunca lo había hecho. A mi lado corrían dos hombres muy veloces, pero yo lo era aún más. Llegué primero y el público se venía abajo aplaudiendo mi gran victoria. Yo estaba eufórico, daba saltos de alegría. De pronto las cámaras me enfocaron y aparecí en el video-marcador del estadio. Todos seguían aplaudiendo, pero yo no reconocía a aquel hombre que aparecía en la pantalla. Sabía que era yo, porque hacía los mismos gestos que yo, pero su cuerpo, su cara, no era la mía. Entonces me desperté, y pensé: “está claro, que hasta en sueños, para poder ganar los 100 metros lisos, no puede ser con mi cuerpo, porque no está preparado”.
Cada uno de nosotros está dotado para unas cosas, y por mucho que nos entrenemos, no podremos llegar a realizar algunas otras porque no estamos hechos para eso.
En nuestra vida de cristianos pasa lo mismo. Se nos han dado ciertos dones, y otros no. Por eso decía el Señor: “producirá ciento o sesenta o treinta por uno”. No porque seamos mejores o peores, sino porque nuestros dones son esos. Nosotros no podemos agobiarnos porque no seamos como los grandes santos, ya que ellos poseían uno dones que nosotros no tenemos. Lo que realmente nos debe preocupar es que teniendo unos dones, no los llevemos a la plena realización.
Está claro que lo mismo yo no soy capaz de entregar mi vida por completo a los más desfavorecidos, vivir con ellos, y ayudarles todos los minutos de mi vida (como hacen muchos cristianos), pero sí que es verdad que a lo largo de mi día, se me presentan muchas oportunidades para darle mi amor a aquellos que lo necesitan, y eso si está en mi mano.
O en mi mano está el amar un poquito más a aquel que normalmente me cuesta hacerlo, o acoger a aquel que me pide ayuda. Hay muchas formas de dar fruto, y está claro que no hace falta que todos demos el mismo fruto, pero lo que sí es fundamental es que demos todo el fruto del que seamos capaces. Que el Señor nunca nos tenga que decir, pudiste hacer más y no quisiste.

QUE PASÉIS UN FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 9 de julio de 2017

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 11, 25-30
En aquel tiempo, exclamó Jesús:
-- Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

HOMILÍA
Cuenta un sacerdote, que a su iglesia iba todos los días un niño. Se sentaba en el primer banco y después de dos minutos se levantaba y se iba. Llevaba cerca de un mes haciendo lo mismo, cuando el sacerdote se le acercó, ya que la curiosidad podía con él, y le preguntó: ¿qué es lo que le pides al Señor todos los días? ¿Qué necesidad tienes?. El niño levantó la cabeza, lo miró y le dijo: No tengo ninguna necesidad, y no le pido nada ya que tengo de todo. He visto que mucha gente viene aquí a la Iglesia a pedirle cosas al Señor, y como son tantos he pensado que a lo mejor necesitaba una ayuda, por eso vengo todos los días y le digo, Señor, aquí estoy, ¿qué es lo que necesitas?.
No nos hace falta la sabiduría ni los mayores estudios para entender el Evangelio. Dios lo revela a los sencillos, a los que ponen su corazón en Él, a los que se sienten necesitados de Él, y sobre todo  a los que se ponen a su disposición.
Quizá no podamos ofrecerle mucho, pero al ofrecerle nuestra vida, al ser mansos y humildes de corazón, estamos haciendo la mejor ofrenda que Él puede desear.
La religión cristiana no necesita de muchos estudios, sino simplemente de vida, de entrega, de disponibilidad. No hace falta ser sabio para entender que un corazón humilde, es lo que Dios quiere. No hace falta tener estudios para saber que las personas necesitan de amor, de cariño, de entrega, de disponibilidad para llegar a lo más profundo de su ser.
Aprendamos de Jesús, sigamos su ejemplo, y sobre todo pongámonos en las manos del Señor, porque seguro que él necesita de nuestras manos para trasmitir su amor a los demás.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 2 de julio de 2017

DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 10,37-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».

HOMILÍA
Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con piedras del tamaño de pelotas de golf.
   Después preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí.
   El profesor cogió una caja llena de piedras del tamaño de perdigones y lo vació dentro del bote. Estas llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las piedras más grandes.
   El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos volvieron a contestar que sí.
   Después el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto que la arena llenó todos los espacios vacíos y el profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime.
   El profesor, rápidamente añadió dos cafés al contenido del bote y efectivamente, el líquido llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían. Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo:
– Quiero que os fijéis que este bote representa la vida. Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para las piedras pequeñas ni para las grandes. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo el nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las cosas realmente importantes.

Hoy el Evangelio parece que nos propone elegir entre amar a Dios o amar a las personas cercanas, y todo lo contrario es lo que quiere expresar. Hoy Jesús nos habla del amor con mayúscula, y nos dice que si llenamos el corazón de personas y de cosas, luego no hay lugar para Dios, pero al contrario, si llenamos el corazón de Dios, todas las demás cosas entrarán en él sin ningún problema.
No es cuestión de elegir, si amar a Dios o al mundo, sino que sólo amando a Dios, podremos amar a todo el mundo y no sólo a los más cercanos. Porque el amor cristiano no se centra sólo en unos cuantos, sino que se centra en Dios parar poder llegar a todos.
Que Dios sea nuestra piedra principal en  nuestro corazón, para que así nuestra familia, nuestros amigos e incluso nuestros enemigos tengan cabida en nuestro corazón, como en el corazón de Dios todos tenemos cabida.

FELIZ DOMINO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 25 de junio de 2017

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 10, 26-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por uno céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos»
HOMILÍA
Un niño muy educado y formal subió a un avión, buscó su asiento y se sentó. El niño abrió su cuaderno de pintar y empezó a colorearlo. No presentaba rasgos de ansiedad ni nerviosismo al despegar el avión.

Durante un buen rato, hubo tormenta y mucha turbulencia. En un determinado momento hubo una sacudida fuerte, y todos se pusieron muy nerviosos, pero el niño mantuvo su calma y serenidad en todo momento.

¿Cómo lo hacía?, ¿Por qué estaba tan calmado? Una mujer frenética le preguntó:
Niño: ¿no tienes miedo?

No señora-, contestó el niño y mirando su cuaderno de pintar le dijo: "Mi padre es el piloto".
Hasta tres veces repite Jesús la frase ¡No tengáis miedo!, y es que una de las características principales de los cristianos es la confianza en que Dios es el piloto y que por tanto nuestra fe debe ayudarnos a vivir sin miedo al qué dirán, a las críticas o incluso a los ataques.
Vivimos en una sociedad en la que cada vez se ataca más a la Iglesia, y los cristianos no sabemos dar respuesta a esos ataques, o más bien no nos interesa complicarnos la vida y nos escondemos en nuestros templos y en nuestros grupos para no tener que dar respuesta de nuestra fe.
Ahora es el momento de gritar a pleno pulmón al mundo que somos cristianos, que no nos avergüenza y que sobre todo no tenemos miedo, porque sabemos que Dios está siempre con nosotros.
Que cada día sea una nueva oportunidad para mostrarle al mundo lo que somos, no porque gritemos mucho, ni porque hagamos mucho ruido, sino porque nuestra forma de vivir, nuestra forma de amar muestre a todos que somos cristianos y que no tenemos miedo de mostrarnos como tales.

FELIZ DOMINGO Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 18 de junio de 2017

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DE CRISTO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
-- Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Disputaban los judíos entre sí:
-- ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo:
-- Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.
HOMILÍA
En un pequeño pueblo, una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que había llamado a su puerta un extraño, correctamente vestido, que le pedía algo de comer.
“Lo siento”, dijo ella, “pero ahora mismo no tengo nada en casa”.
“No se preocupe”, dijo amablemente el extraño. ”Tengo una piedra de sopa en mi cartera; si usted me permitiera echarla en un puchero de agua hirviendo, yo haría la más exquisita sopa del mundo. Un puchero muy grande, por favor.
A la mujer le picó la curiosidad, puso el puchero al fuego y fue a contar el secreto de la piedra de sopa a sus vecinas. Cuando el agua rompió a hervir, todo el vecindario se había reunido allí para ver a aquel extraño y su piedra de sopa.
El extraño dejó caer la piedra en el agua, luego probó una cucharada con verdadera delectación y exclamó:
“¡Deliciosa! Lo único que necesita es unas cuantas patatas.”
“¡Yo tengo patatas en mi cocina!”, gritó una mujer. Y en pocos minutos estaba de regreso con una gran fuente de patatas peladas que fueron derechas al puchero.
El extraño volvió a probar el brebaje.
“¡Excelente!, dijo; y añadió pensativamente:
“¡Si tuviéramos un poco de carne, haríamos un cocido de lo más apetitoso....!”
Otra ama de casa salió zumbando y regresó con un pedazo de carne que el extraño, tras aceptarlo cortésmente, introdujo en el puchero.
Cuando volvió a probar el caldo, puso los ojos en blanco y dijo:
“¡Ah, que sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduras, sería perfecto, absolutamente perfecto...”
Una de las vecinas fue corriendo hasta su casa y volvió con una cesta llenan de cebollas y zanahorias. Después de introducir las verduras en el puchero, el extraño probó nuevamente el guiso y, con tono autoritario, dijo:
“La sal”.
”Aquí la tiene”, le dijo la dueña de la casa.
A continuación dio orden:
“Platos para todo el mundo”.
La gente se apresuró a ir a sus casas en busca de platos. Algunos regresaron trayendo incluso pan y frutas. Luego se sentaron a disfrutar de la espléndida comida, mientras el extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa.
Todos se sentían extrañamente felices y mientras reían, charlaban y compartían por primera vez su comida. En medio del alborozo, el extraño se escabulló silenciosamente, dejando tras de sí la milagrosa piedra de sopa, que ellos podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.
Hoy celebramos el domingo del Corpus. La Iglesia pone un día especial para recordarnos que Cristo nos dejó su Cuerpo y su Sangre, no para que creáramos tradiciones, sino para que lo viviésemos. La Eucaristía es nuestra piedra de sopa, sólo poniendo cada uno de nosotros parte de nuestra vida en ella, será como tenga sentido.
El Señor nos dejó el mandato de “haced esto en conmemoración mía”, sólo cuando cumplimos ese mandato en comunidad, poniendo nuestro corazón en la Eucaristía, sólo entonces estamos cumpliendo su mandato.
Disfrutemos de este día, en el que el amor es el principal protagonista. Y amar no es otra cosa que dar lo que tengo, que poner mi corazón en las manos del Señor para que él haga la sopa más rica, porque en esa sopa está los corazones de todos.

FELIZ DOMINGO DEL CORPUS Y QUE DIOS OS BENDIGA.

domingo, 11 de junio de 2017

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 3, 16-18
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
HOMILÍA
Había una vez tres sabios. Y eran muy sabios. Aunque los tres eran ciegos. Como no podían ver, se habían acostumbrado a conocer las cosas con sólo tocarlas. Usaban sus manos para darse cuenta del tamaño, de la calidad y de la calidez de cuanto se ponía a su alcance.
Sucedió que un circo llegó al pueblo donde vivían los tres sabios que eran ciegos. Entre las cosas maravillosas que llegaron con el circo, venía un gran elefante blanco. Y era tan extraordinario este animal que toda la gente no hacía más que hablar de él.
Los tres sabios que eran ciegos quisieron también ellos conocer al elefante. Se hicieron conducir hasta el lugar donde estaba y pidieron permiso para poder tocarlo. Como el animal era muy manso, no hubo ningún inconveniente para que lo hicieran.
El primero de los tres estiró sus manos y tocó a la bestia en la cabeza. Sintió bajo sus dedos las enormes orejas y luego los dos tremendos colmillos de marfil que sobresalían de la pequeña boca. Quedó tan admirado de lo que había conocido que inmediatamente fue a contarles a los otros dos lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante es como un tronco, cubierto a ambos lados por dos frazadas, y del cual salen dos grandes lanzas frías y duras.
Pero resulta que cuando le tocó el turno al segundo sabio, sus manos tocaron al animal en la panza. Trataron de rodear su cuerpo, pero éste era tan alto que no alcanzaba a abarcarlo con los dos brazos abiertos. Luego de mucho palpar, decidió también él contar lo que había aprendido. Les dijo:
- El elefante se parece a un tambor colocado sobre cuatro gruesas patas, y está forrado de cuero con pelo para afuera.
Entonces fue el tercer sabio, y agarró el animal justo por la cola. se colgó de ella y comenzó a hamacarse como hacen los chicos con una soga. Como esto le gustaba a la bestia, estuvo largo rato divirtiéndose en medio de la risa de todos. Cuando dejó el juego, comentaba lo que sabía. También él dijo:
- Yo sé muy bien lo que es un elefante. Es una cuerda fuerte y gruesa, que tiene un pincel en la punta. Sirve para hamacarse.
Resulta que cuando volvieron a casa y comenzaron a charlar entre ellos lo que habían descubierto sobre el elefante no se podían poner de acuerdo. Cada uno estaba plenamente seguro de lo que conocía. Y además tenía la certeza de que sólo había un elefante y de que los tres estaban hablando de lo mismo, pero lo que decían parecía imposible de concordar. Tanto charlaron y discutieron que casi se pelearon.
Pero al fin de cuentas, como eran los tres muy sabios, decidieron hacerse ayudar, y fueron a preguntar a otro sabio que había tenido la oportunidad de ver al elefante con sus propios ojos. Y entonces descubrieron que cada uno de ellos tenía razón. Una parte de la razón. Pero que conocían del elefante solamente la parte que habían tocado.
Hoy celebramos el día de la Santísima Trinidad. Celebramos a ese Dios que es uno y que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Podríamos intentar explicarlo, como lo han intentado los grandes sabios de la Iglesia a lo largo de muchos años, pero terminaríamos por descubrir que es imposible explicarlo, ya que este gran misterio sólo se puede experimentar, sólo se puede sentir.
De nosotros depende que este Dios misterioso, sea para nosotros tan cercano y accesible como Cristo quiso hacérnoslo ver, ya que si somos capaces de sentirlo en nosotros, y de no conformarnos con pequeñas partes de él, llegaremos al conocimiento pleno de Dios.
Que no nos ocurra como a los sabios ciegos, que se quedaron en sólo una parte del elefante. Que nos preocupemos de conocer plenamente a ese Dios que es amor porque lo creó todo para nosotros (Padre), porque murió para darnos vida (Hijo) y que sigue presente en nuestro mundo para animarnos y darnos la fortaleza necesaria (Espíritu Santo).

FELIZ DOMINGO Y FELIZ SEMANA. QUE DIOS PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO OS BENDIGA.