domingo, 22 de noviembre de 2015

DOMINGO DE CRISTO REY DEL UNIVERSO

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 18, 33b– 37
En aquel tiempo, preguntó Pilatos a Jesús:
-- ¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le contestó:
-- ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?
Pilatos replicó:
-- ¿Acaso yo soy judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí ¿Qué has hecho?
Jesús le contestó:
-- Mi reino no es de este mundo. Si me reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.
Pilatos le dijo:
-- Conque, ¿tú eres rey?
Jesús le contestó:
-- Tú lo dices: Soy Rey. Yo para esto he nacido y por eso he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.

HOMILÍA
El hombre caminaba paseando por aquellas pequeñas callecitas de la ciudad provinciana. Como tenía tiempo, se detenía algunos instantes en cada vidriera, en cada negocio, en cada plaza. Al dar vuelta una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco. Intrigado, se acercó y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate… pero en el interior sólo vio un atril que sostenía un cartel escrito a mano. El anuncio era curioso: Tienda de la verdad.
El hombre, sorprendido, pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entonces entró y, acercándose a la señorita que estaba en el primer mostrador, preguntó:
–Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?
–Sí, señor, ¿Qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa…?
Pues sí, allí vendían verdad. Nunca él se había imaginado que esto fuera posible: llegar a un lugar y llevarse la verdad. Era maravilloso.
–Verdad completa – contestó sin dudarlo.“Estoy tan cansado de mentiras y falsificaciones”, pensó, “no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones”.
–¡Verdad plena! –ratificó.
–Perdón, ¿el señor ya sabe el precio?
–No, ¿cuál es? –contestó rutinariamente, aunque en realidad él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.
–Mire, que si usted se la lleva –dijo la vendedora – posiblemente durante un largo tiempo no pueda dormir del todo tranquilo.
Un frío corrió por la espalda del hombre, que pensó durante unos minutos. Nunca se había imaginado que el precio fuera tan alto.
–Gracias y disculpe… –balbuceó finalmente, antes de salir del negocio mirando el piso. Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo. “Quizá más adelante…”, pensó.
Celebramos en este último domingo del tiempo ordinario la festividad de Cristo Rey. Reconocemos a Cristo como soberano de nuestra vida, como el que rige nuestros corazones.
Domingo que también podríamos llamar el del mundo al revés. Un mundo distinto, un mundo nuevo, un mundo regido con los esquemas de Dios y no con los de los hombres. Porque todos los atributos que nosotros le damos a un rey, Cristo los tomó y les dio un sentido nuevo.
La riqueza, la cambió por humildad y pobreza. El poder, lo cambió por amor, por perdón y por misericordia. El trono, lo cambió por una cruz donde hasta un ladrón lo reconoció como rey. Los súbditos, los cambió por hermanos.
Esa es nuestra verdad absoluta. Ese es nuestro rey, ese es el legado que nos ha dejado, y lo único que nos pide es que hagamos nosotros lo mismo. Que no busquemos riquezas ni poder más que desde la humildad, el amor, el perdón…
Mostrémosle al mundo esta gran verdad, que se puede ser grande desde la pequeñez, que se puede ser rico compartiendo, que se puede tener poder amando mucho, que merece la pena un nuevo orden social en el que el más grande sea el servidor de todos. Porque si nosotros empezamos a hacerlo en nuestro pueblo, con nuestros vecinos, seguro que Cristo será realmente el rey que rija los corazones de todos los que nos llamamos cristianos.

FELIZ DOMINGO Y QUE CRISTO REY OS BENDIGA.

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